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Anneke van Giersbergen & Árstíðir – Verloren Verleden

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Anneke van Giersbergen, desde que dejó The Gathering y comenzó su carrera en solitario, ha transitado por una amplia gama de estilos y colaboraciones. Sus caminos musicales se han cruzado tanto con el metal progresivo de Ayreon, al metal sinfónico de Within Temptation, o con el sonido multifacético del canadiense Devin Townsend, todas experiencias que la han permitido explotar su amplio talento artístico y vocal. Sin embargo, en esta ocasión da una nueva muestra de su versatilidad estilística y se atreve, junto a los islandeses Árstíðir, con la música tradicional europea, lo que se traduce en “Verloren Verleden”, un álbum donde versionan diez cortes clásicos y populares del catálogo del viejo continente. En esta novedosa colaboración, la mayor ganancia es la unión de Anneke con la instrumentación del cuarteto Árstíðir, estos últimos expertos en conseguir un sonido a la vez tan clásico como folclórico, creando el escenario perfecto para el lucimiento vocal y emotivo de la voz de la holandesa.

ANNEKE VAN GIERSBERGEN & ARSTOIR 01En la placa, Anneke canta en inglés, islandés, holandés y francés; y Árstíðir utiliza violines, violonchelos, violas, guitarras y piano para reinterpretar a los compositores Leonard Bernstein y Stephen Schwartz, Gorrfried Stölzel, Irving Berlin, Henry Purcell, Gabriel Fauré, entre otros destacados creadores. “Du Bist Bei Mir” es la pista que abre el disco, famosa aria del alemán Johann Sebastian Bach, una buena pieza introductoria que permite mostrar cuál será el tono y estilo del álbum. Si bien, esta es una canción que suele ser interpretada por cantantes líricos, la voz de Anneke no se extravía en ella, aunque obviamente no es ejecutada con la misma fuerza y ​​profundidad del mundo clásico, pero sí gana en dulzura y melancolía.

En “Solveig’s Song” la mezcla es perfecta: la voz y los instrumentos acústicos dan los mejor en pos de una canción estéticamente hermosa y bien lograda, de lo más destacado de la placa. Lo mismo ocurre con “When I Am Laid In Earth” de Purcell, pero con la salvedad que para esta versión hay que olvidarse de la interpretación inconsolable de los cantantes líricos en general y pensar que es música popular y no ópera. Aquí en particular quienes brillan son las agiles cuerdas ejecutadas por Árstíðir, las que entregan a la canción un colorido y emotividad sobresalientes.

En otros cortes la presencia de la guitarra hace que las canciones sean más fácilmente asimilables para el público general, “Londonderry Air (Danny Boy)” y “A Simple Song” son los mejores ejemplos, ya que se basan en canciones tradicionales traducidas a una versión de quinteto, pero aún dentro del terreno original de las piezas. Otro corte destacado es el famoso “Russian Lullaby” de Irving Berlin, tema que conoce varias versiones en diferentes épocas y estilos. En la voz de Anneke van Giersbergen y compañía suena sensible y bien lograda, pero no supera a la interpretación consagrada que Ella ANNEKE VAN GIERSBERGEN & ARSTOIR 02Fitzgerald hizo de ella. El sonido típicamente islandés viene por cuenta de “Heyr Himna Smiður”, con la composición propia de Árstíðir para los versos de Kolbeinn Tumason. En ella encontramos características sonoras muy propias del pequeño país insular del noroeste de Europa, como las capas de varias voces, los sonidos atmosféricos y las armonías melancólicas, lo que, si bien en general no se parece al resto del disco, no desentona con el panorama completo.

El resultado del conjunto de la placa es satisfactorio y, sobre todo, muy agradable de escuchar. Siempre hay algo que oír y notar en “Verloren Verleden”, ya que ofrece arreglos y enfoques diferentes para cada tema, pero en una clave de música actual sin alardes de sobre producción o demasiada innovación, lo que ayuda mucho para hacer que las composiciones se sientan más cerca del público no acostumbrado a escuchar música clásica u óperas. En suma, el fuerte del álbum y sus canciones está en dos pilares: el repertorio muy bien elegido y el excelente ensamble de ejecución instrumental y voz que logra Anneke & Árstíðir. Los fans de Anneke van Giersbergen, de The Gathering y de sus múltiples colaboraciones, se encontrarán con un registro interesante y, sobre todo, bello y emotivo.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Leo Vergara

    29-Mar-2016 en 4:48 pm

    Simplemente una joya de aquellas!!!!!!!!!!!!!!!! <3

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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