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Anathema – “The Optimist”

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Anathema es una de esas bandas inquietas que se encuentran en constante estado de alteración, fluyendo como el agua en el curso de sus álbumes. Por un hábil desplante creativo y el cuidado uso de influencias con las que llevan a cabo su música, la agrupación no tiene nada que envidiarles a artistas como Opeth o Steven Wilson. Una muestra de la destreza imaginativa y compositiva de esto se muestra en el disco “The Optimist”, que surge como un relato concluyente a la narración del álbum “A Fine Day To Exit” (2001). En una entrevista realizada a Vincent Cavanagh, afirmó al respecto de la historia desarrollada en el disco de 2001: “Nunca sabes qué pasó con él tipo que desapareció. ¿Acaso empezó una vida nueva? ¿O sucumbió a su destino? Nunca fue explicado. El tema del comienzo del álbum (“32.63N 117.14W”) es la coordenada exacta de la playa Silver Strand en San Diego –última locación conocida de El Optimista –mostrada en la portada de ‘A Fine Day To Exit’”. A partir de esto, se crea un relato que describe el conjunto de reflexiones que tienen lugar en un viaje.

“Springfield”, el único single del disco, es deslumbrante y carga con una calma solemne. La canción es la contemplación de un espectáculo introspectivo, explotando sin perder la elegancia con la entrada de una guitarra intensa y oscilante, que llena la atmósfera hasta el clímax. La voz de Lee Douglas aparece para interrumpir la melodía con una nota impecable, casi como si fuera un sintetizador más, pero con una intensidad y un tacto irreemplazable; en ella todo se desvanece con un sonido marino y un susurro. El rol de la expectación es importante para Anathema: las atmósferas cálidas avanzan con destreza, sin vacilaciones, hasta explosiones catárticas que cumplen con llenar la expectativa. Este juego entre expectación y explosión, muy característico del post y math rock, le da una impronta cinematográfica al disco, y se puede contemplar en canciones como “Endless Ways” y “The Optimist”.

Así como otras bandas que se han alejado del metal en sentido estricto, Anathema mantiene una tendencia hacia las melodías oscuras. “Can’t Let Go”, por ejemplo, sonaría como una canción sacada de contexto si no fuera por la elección de notas que utiliza la guitarra, que juguetea entre elementos lúdicos, casi alegre, pero que en una progresión cambia hacia una melodía más doom. Siguiendo este patrón, el álbum se vale mucho de una impronta fantasmagórica que tiñe canciones como “Wildfires” y “Close Your Eyes”, y es que hay pocos adjetivos que podrían calificar mejor el sello de esta canción, con una selección de sonidos que se utilizan en conjunto al piano que avanza esperando a la vocalista, para entrar después en una secuencia que cita las baladas de swing muy propias de los años 30.

Queda así la faceta tranquila de Anathema, que se siente como un descanso en un camino tempestuoso. La canción “Ghosts” entrega capas de sonidos sutiles y bien pensados, los que se elevan y caen en torno a la voz de Lee Douglas, recorriendo la canción de manera impasible, con elegancia. En esta misma línea, la canción que cierra el disco, “Back To The Start”, se siente como un descanso tranquilo, que en el final deja un espacio para un track oculto con lo que parece ser la voz de un padre cantando a su hijo una canción en mandolina. Como cerrando la historia del viaje con el retorno del protagonista: “volviendo al comienzo”.

Las influencias variopintas que se escuchan en “The Optimist” se oyen como la descripción del “viaje del héroe”, que es habitual en la literatura, donde Anathema lleva a cabo una experimentación en términos técnicos, elaborando piezas de un rock que no rechaza la música electrónica, el post-rock ni el new wave. Por el contrario, a partir de un desplante hábil entre esa diversidad de estilos –tras un concepto que se busca retratar de manera elegante-, genera un conjunto ecléctico en el contexto de lo que se suele englobar como “el rock progresivo”.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. rockalyrics

    24-Jul-2017 en 11:33 am

    muy buen trabajo de nuevo de los britanicos, siguiendo la linea marcada en los ultimos discos, mas cerca del rock atmosferico y progresivo en busca de la melodia perfecta, quiza añadiendo en esta ocasion mas toques electronicos que otorgan, mas aun si cabe, una tremenda profundidad instrumental en alguno de los temas. anathema, un valor seguro en lo que al buen gusto musical se refiera.
    si alguien necesita las letras…

    • Alioth

      09-Oct-2017 en 8:44 am

      Pues estará bien para tí y para los fans desencantados con radiohead. El sonido es más enlatado y más falso que los efectos especiales de las pelis de superheroes. Ojalá les hubiera dado por hacer un “homage” a discos mejores que el “a fine day to exit”.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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