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American Football – “American Football (LP2)”

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A fines de la década del noventa, el prolífico guitarrista, bajista y cantante Mike Kinsella, quien ya se había involucrado en proyectos como Cap’n Jazz o Joan Of Arc, armó American Football junto al baterista y trompetista Steve Lamos y el guitarrista Steve Holmes, con quienes alcanzó a grabar un EP homónimo el año 1998 y un larga duración también homónimo el año 1999. Las razones por las que sólo un año después el grupo decide separarse no están claras, lo que sí lo está es que su sonido, exquisitamente trabajado desde el indie genérico alimentado por la desolación reminiscente del emo-core que bandas como Rites Of Spring, Embrace o Fugazi propusieron en la escena underground sumado a una cuota de jazz (cuya mezcla hoy se suele llamar math rock), dio forma a un álbum que se convirtió en manual de estilo para muchas bandas y generaciones que le sucedieron.

Quince años les tomó darse cuenta de la importancia que cobraron en la escena, y diecisiete en grabar y publicar el sucesor, también homónimo, este año. Por lo tanto, las expectativas eran altas, considerando lo mucho que American Football había aportado a la escena con tan poco, y en realidad no despintan en lo absoluto. Es más, ganan desde el primer momento ofreciendo una apuesta similar en esencia, pero acorde a las casi dos décadas que ya han pasado.

Los arpegios prístinos de “Where Are We Now?” se sienten como un abrazo de bienvenida, pero la voz de Kinsella –más gruesa y menos destemplada que antes– le da el factor sorpresa, a manera de invitación a conversar sobre qué pasó durante todo este tiempo. Las letras también hablan de lo mismo: “Hemos estado aquí antes / pero no recuerdo la cerradura en la puerta”. “My Instincts Are The Enemy” apura el tranco e incluye variaciones en la ubicación de las notas en la batería, sello inconfundible de la banda. Unos sutiles colchones sintéticos, arpegios de cuerdas acústicas y notas de xilófono dan inicio a “Home Is Where The Haunt Is”, estelarizando una frase crucial: “Algunas cosas nunca cambian / el pasado es aún presente”), declaración que no podría ir mas de acuerdo con el álbum.

american-football-02En “Born To Lose” profundizan la veta jazz de su sonido actual, mientras que la pulsión del bajo de Nate Kinsella –primo de Mike y reciente adición a la banda desde su reunión en 2014– le da forma y orden. “I’ve Been So Lost For So Long”, el primer corte con el que anunciaron su regreso a los ruedos discográficos y cuyo título es un obvio manifiesto, es una canción fracturada en su estructura, que pasa desde un ritmo simple a uno sincopado muy fácilmente, mismo nerviosismo en la batería que reina en “Give Me The Gun”, espolvoreada por armónicos y arpegios de guitarra y un nuevamente muy bien puesto xilófono durante toda la canción, sobre todo al final. Los bronces –otro de los sellos característicos de la banda– hacen su aparición en “I Need A Drink (Or Two Or Three)”, una linda balada que envuelve la familiaridad con los nuevos paisajes sonoros que hay en este álbum, como un sorpresivo desvío que al final termina en el mismo camino de siempre.

“Desire Gets In The Way” presenta un lado poco visto en American Football, uno travieso y animado, tanto en los jugueteos de la guitarra como en los cambios vocales de Kinsella. “Everyone Is Dressed Up” es una especie de réquiem que también recurre a la trompeta, dándole un aspecto bastante fúnebre por un lado, y arrullador por otro; un llamado a reunirse a contemplar el paso del tiempo y dejarse llevar al calor del sonido de una banda que, a juzgar por este álbum, rehusó apelar a la nostalgia anodina o sumarse a los nuevos tiempos, donde el emo-rock muchas veces es significado de faramallas aparatosas, por el contrario, decidieron mostrarse tal cual son: mas recursivos, mas reposados, sin estridencias ni urgencias juveniles. Si la música fuera vino, American Football supo añejar perfectamente su cosecha y entregar la misma alma, pero de otra forma; ni mejor ni peor, sólo distinta.

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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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