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Algiers – “The Underside Of Power”

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Los problemas raciales son una realidad que ha hostigado a la sociedad contemporánea durante décadas y se ha hecho presente con frecuencia en las últimas semanas. Frente a esto, muchos han enarbolado banderas de lucha contra la xenofobia y el racismo, y la música obviamente no es un espacio que se abstenga de estas luchas. Activos desde hace ya diez años, Algiers recoge todas estas consignas pro derechos civiles y las plasman en su segundo disco de estudio, “The Underside Of Power”. Bajo la producción de Adrian Utley, miembro de los baluartes del trip-hop Portishead, este álbum viene a consolidar un explícito discurso político y una particular estética sonora que mezcla electrónica con ritmos más tradicionales, en una constante espiral de experimentación.

El mensaje es frontal. “Soy un revolucionario” es parte de las palabras del activista Fred Hampton, miembro del movimiento político Panteras Negras, que se logran escuchar al comienzo de “Walk Like A Panther”, primer tema del disco. “Esto es un auto genocidio” señala el líder y vocalista Franklin James Fisher, haciendo alusión a la violencia que viven los afroamericanos en EE.UU., exponiendo de golpe que con Algiers no sólo hablamos de música. Igual de fuertes son los fraseos de “Cry Of The Martyrs”, en donde acusa la represión de su gente o, como él la llama, “la paz fascista”. Por su parte, al más puro góspel de sus antepasados, “The Underside Of Power” es un canto de resistencia frente a los problemas ya expuestos en las dos piezas anteriores.

Por su parte, “Death March” introduce elementos del new wave en un canto anti belicista, o más bien en un reclamo eterno de la población negra; la obligación a luchar guerras que no les corresponden, en nombre de una bandera que los discrimina. Lo anterior deriva a sonidos más densos y oscuros con “A Murmur. A Sign.” y, posteriormente, a la balada “Mme Rieux”, uno de los momentos emotivos del disco, en donde el suave piano es la base que permite apreciar de mejor forma la potente voz de Fisher. Pero si es que hay un punto de mayor éxtasis auditivo, este llega con “Cleveland”, que narra el asesinato del pequeño Tamir Rice en manos de policías blancos en el año 2014. El tema es una mezcla de soul y música electrónica, entregándonos sin duda uno de los mejores momentos del álbum. Acá los multi-instrumentistas Ryan Mahan y Lee Tesche se lucen en la mezcla de frecuencias y loops –de coros góspel femeninos y masculinos–, bajo la rítmica hip-hop a cargo del nuevo miembro Matt Tong (ex Bloc Party).

Avanzado el discurso, “Animals” deja ver la influencia más punk de la agrupación, la cual no podía quedar ausente de este manifiesto contestatario. “Plague Years” es un corte instrumental donde nuevamente sacan a relucir las habilidades en programación, mientras un breve discurso nos habla de la estigmatización que asedia a los negros. En la recta final, “Hymn For An Average Man” es una canción con influencia swing, cuya particularidad está en la intromisión de escalofriantes líneas de chelo, entregándonos un buen ejemplo de música no wave, receta que deriva en la abstracción sonora de “Bury Me Standing”. El remate lo entrega “The Cycle/The Spiral: Time To Go Down Slowly”, tema que rinde tributo a uno de los grandes géneros musicales –entre varios– que nos ha entregado la población afroamericana: el jazz, mezclándolo con la distorsión digital característica de todo el disco.

Más allá del potente contenido político de todas las letras, el trabajo Algiers no puede ser reducido sólo a esa arista. Su música es una refinada mezcla de estilos, dentro de los que encontramos trip-hop, góspel y post punk. Bajo esta lógica, “The Underside Of Power” es vanguardia pura, en un sentido clásico de la palabra, es decir, es (son) la fuerza de avanzada, tanto estética como discursivamente hablando. La banda expone un refinado balance entre agresividad y dulzura; entre agonía y esperanza; entre caos experimental y templanza vocal, lo que los posiciona como una de las grandes promesas de la música alternativa y de contenido político, además de encasillarlos dentro de la lista de los mejores lanzamientos en lo que va la temporada.

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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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