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Unknown Pleasures Unknown Pleasures

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El Álbum Esencial: “Unknown Pleasures” de Joy Division

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Hacia finales de la década del 70, el mundo del rock parecía transformarse con mayor premura de lo que lo hacían los procesos históricos vividos por la humanidad. Prueba de ello fueron las continuas problemáticas que enfrentaron una gran cantidad de ciudades inglesas, como Manchester, Sheffield, Leeds y Liverpool, dificultades que a la larga terminaron por socavar el ánimo y vida de millones de personas. El endurecimiento del conservadurismo británico, el aumento del desempleo, la falta de expectativas de futuro, la permanencia de la pobreza de ciudades que, dada su prosperidad económica, contrastaba con la atmósfera oscura, fría y depresiva que comenzó a teñir parte importante del paisaje cotidiano de aquellas zonas fuertemente industrializadas.

A eso hay que agregar que para 1979 el punk –al menos en la isla británica– parecía ser sólo la imagen fantasmal de un gigante venido a menos que, debido a su impulsividad y agresividad, dejó de expresar el verdadero y genuino sentido de la música. Cuando Sex Pistols logró ser finalmente conocida en otras ciudades de Inglaterra que no fuera Londres, ciertamente a esa altura aquel estilo era oficialmente un cadáver y de él sólo quedaban sus osamentas. Joy Division fue el encargado de hacer la autopsia y entregarle al mundo de la música el parte médico. En este escenario de decrepitud manifiesta aparece Joy Division, y el mundo del rock, de alguna manera, tuvo una nueva vuelta de tuerca y un espacio para seguir desarrollándose.

“Unknown Pleasures” se introduce en la historia como un extraño, pero exitoso álbum debut. La voz lejana y las atormentadas frases de Ian Curtis ofrecen una visión de lo que aparecería con fuerza en el mundo de la música años más tarde. Junto con ello, Bernard Sumner construye con su guitarra atmósferas sonoras que envuelven a unas letras llenas de sensibilidad y dolor humano, muy próximas a las que simultáneamente comenzaba a crear The Smiths. Por su parte, la reverberación del bajo de Peter Hook es un elemento sonoro que tiñe el espacio sonoro de inquietud y un elocuente desgano vital. Stephen Morris instala desde la batería una estética dramática y catastrófica que atraviesa el trabajo de comienzo a fin.

Es este un disco temporalmente escueto, tan sólo son 39 minutos en pistas que en promedio bordean los tres a cuatro minutos, sin embargo, en él coexisten fuerzas polares que transportan al oyente por distintos momentos, sensaciones y estados emocionales. Una vez que los sonidos de “Unknown Pleasures” penetran los oídos y el mensaje musical se hace inteligible para el oyente, se asume rápidamente que en el disco se sintetizan conflictos y guerras emocionales que bien podrían ser personales. De cierto modo, la astucia de esta placa es hacer sentirnos por un breve período de tiempo tan atormentado como Ian Curtis, aunque sin llegar a serlo nunca.

El estilo barítono fatalista de Curtis se deja entrever desde un comienzo. “Disorder”, “Days Of The Lords” e “Insight” son canciones premonitorias, sucias, oscuras, autobiográficas y existencialistas, y están profundamente emparentadas con el gran hit de la banda, “Love Will Tear Us Apart”, llevando a reflexionar sobre el sentido de la vitalidad juvenil cuando se han perdido las ganas de existir. Fuera del mensaje manifestado en las letras de las composiciones del disco, los sonidos se muestran transversalmente expresivos y creativos; en este sentido, son incontables las innovaciones de grabación que Joy Division introdujo al campo musical con “Unknown Pleasures”. En general el álbum suena como atrapado en una bóveda y ello se debe esencialmente a la forma en que Sumner, Hook y Morris han transformado el sonido de sus propios instrumentos a través de la intervención y modificación de estos. Aquellas sutilezas, que si bien parecen imperceptibles, a la larga construyen una atmósfera difícil de evadir al oír este trabajo.

“She’s Lost Control” es uno de los puntos álgidos y manifiestamente críticos del disco, al evidenciar –en abierta oposición al punk– que la pérdida del autocontrol también se puede expresar ya no exclusivamente desde el grito desenfrenado, sino desde la contención caótica y dolorosa. Con esta composición quedó de manifiesto que los días gloriosos de los seguidores de Johnny Rotten y Joe Strummer tenían sus días contados. De aquí en más, “Unknown Pleasures” dibuja con “Shadowplay”, “Interzone” y “New Dawn Fades” construcciones sonoras que, si no supiéramos que son de Joy Division, fácilmente podríamos atribuir su autoría a bandas como Interpol, Radiohead e inclusive Jeff Buckley.

No son pocos los artistas que a lo largo de los años han bebido de la fuente de Joy Division y de su primera creación, y en este sentido nuevamente “Unknown Pleasures” vuelve sobre nosotros para tendernos una trampa con su arte minimalista de portada. En un fondo negro se logran ver pulsares que, en estricto rigor, son restos que quedan atrás cada vez que una estrella de mucha masa agota su energía y colapsa sobre sí misma. Estos pulsares son altamente electromagnéticos y emiten flashes regulares, lo que hace que se vean como faros en medio del negro infinito del cosmos. ¿Era así como Ian Curtis empezaba a verse a sí mismo, como una estrella emitiendo una señal, un faro en medio de la oscuridad? ¿Podría haber sabido que los pulsares forman parte de una clase especial de cuerpos celestes conocidos como ‘estrellas’ de neutrones misantrópicas o aisladas?

Signo de transformación de época y musical, “Unknown Pleasures” es inquietante de comienzo a fin. Aun en sucesivas escuchas el oyente puede perfilar las capas de sonidos encapsuladas en el tiempo queriéndose dejar descubrir. Tan breve como la duración de este disco es la prolongación de la vida de Ian Curtis, y con él la de Joy Division. Con todo lo que sabemos de este misterioso y atormentado vocalista, nos es dable pensar que “Unknown Pleasures” cumple el rol de metáfora musical, puesto que cada vez que pensamos que hemos descubierto el sentido de la letra y los sonidos, ambos ya han huido hacia otro lugar desconcertándonos nuevamente.


Artista: Joy DivisionUnknown Pleasures

Disco: Unknown Pleasures

Duración: 39:24

Año: 1979

Sello: Factory Records


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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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