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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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Discos

CHVRCHES – “Screen Violence”

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Screen Violence

Con una carrera de casi una década, CHVRCHES ya debería tener su lugar asegurado en la industria, sin embargo, desde su álbum debut, “The Bones Of What You Believe” (2013), la banda ha tenido sus altibajos. Con “Screen Violence”, su cuarto disco y primero en tres años, Lauren Mayberry y compañía despejan todas las dudas en torno a su música. La nostalgia ochentera no podría estar más presente en la música actual, pero CHVRCHES encuentra su inspiración en un sonido más oscuro, cercano al synthpop de bandas como Depeche Mode y el goth rock de The Cure.

Donde otros grupos podrían sonar derivativos, el trío logra nuevamente reinventar el sonido con un enfoque moderno. Esto queda más que claro en el potente sencillo “He Said She Said”, un himno synth sobre los desafíos de no encajar en los parámetros de la sociedad. Combinando los sintetizadores clásicos con potente percusión y un drop electrónico, la banda entrega una pieza bailable para un mundo más oscuro como el de 2021.

Líricamente, también logra encapsular los temas de “Screen Violence”, donde hay un sentimiento claustrofóbico de enfrentarse sola a un mundo que no te recibe con los brazos abiertos, pero, al entregar su material más personal, Mayberry también logra crear otro tipo de himnos generacionales, donde la desesperanza es más compartida que en otros tiempos. Y es que acá CHVRCHES reimagina la banda sonora de una película de terror ochentera, donde el mayor miedo es la incertidumbre del futuro. Así es precisamente como suena “Nightmares”, que se alza como un oscuro himno de los tiempos presentes, y cómo no, si en los últimos tres años desde su pausa el mundo ha cambiado bastante. Sentimiento claro en “Final Girl”, una de las piezas centrales del disco, donde Lauren se pregunta si es ella la “chica final” en esta película, y precisamente esto responde a una de las problemáticas centrales que plantea Lauren: la misoginia. El machismo de la industria y las presiones sociales impuestas a las mujeres son temáticas que potencian esta atmósfera oscura, siendo temas que se repiten a lo largo del disco, en especial en canciones como “He Said She Said” y “Good Girls”, que cuestionan estas imposiciones.

Lauren es, sin duda, la fuerza líder de este álbum, donde su melódica voz es capaz de encajar a la perfección con los potentes synths de los instrumentales; incluso en un disco con sonidos mucho más complejos y explosivos, su voz nunca es eclipsada, sino que potencian aún más a la heroína de este viaje. En ese sentido, no hay que dejar de lado el trabajo de producción y de Iain Cook y Martin Doherty. El sonido clásico de CHVRCHES se maximiza gracias al esfuerzo del trío, quienes crean paletas mucho más envolventes y con múltiples capas, como en el caso de “Asking For A Friend” o la destacada colaboración con Robert Smith, “How Not To Drown”, donde no existen tiempos para descansos y cada minuto sorprende con un nuevo clímax sonoro.

Pese a la producción, que puede resultar más demandante para el oyente, “Screen Violence” es sorpresivamente encantador y resulta sencillo de disfrutar. Momentos como “California” o “Lullabies” son capaces de acompañar una noche solitaria o animar una fiesta post-pandemia, reforzando lo íntimo del disco, pero lo representativo de un presente compartido por tantos. Tal como contemporáneos como The 1975 o Robyn, la banda logra crear momentos bailables que de la nada paran en seco con sus cuestionamientos y dudas sobre el mundo.

“Screen Violence” no sólo termina siendo un disco que asegura a CHVRCHES como una banda establecida, sino que es también su trabajo más destacado. Complejo en su producción y perfectamente accesible para un público masivo, el trío logra encontrar el punto perfecto para el siguiente paso, con una versión maximalista de su sonido, pero que jamás se vuelve abrumador. Asimismo, es un testamento de la música que inspira un presente como el de 2021, con melodías inquietantes y claustrofóbicas, pero en constante búsqueda de una salida, y letras reveladoras y desafiantes, aunque también vulnerables e íntimas.


Screen ViolenceArtista: CHVRCHES

Disco: Screen Violence

Duración: 42:53

Año: 2021

Sello: EMI / Glassnote Records


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