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The Dark Side Of The Moon The Dark Side Of The Moon

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


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Slipknot – “We Are Not Your Kind”

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We Are Not Your Kind

La masividad no es algo ajeno en el panorama actual de los oriundos de Iowa, y mucho menos la controversia relacionada a sus miembros y su variopinta discografía. Retomando el encabezar grandes festivales sobre el globo (incluido el que lleva su nombre), Slipknot elevó el nivel de ansia frente a un inminente nuevo lanzamiento, contemplando efectivas estrategias, como el misterio detrás de las nuevas máscaras a modo de ritual de inicio de cada nuevo ciclo, o declaraciones que avivan el esperar algo cercano a lo efectuado a cabalidad y brutalmente en “Iowa” (2001). Todo esto como los primeros pasos hacia un nuevo capítulo en la historia de Slipknot, una agrupación que despegó con un ensordecedor ruido e impactante propuesta audiovisual y escénica gracias a su primer larga duración, el homónimo de 1999.

Aún con tremendas entregas de estudio, era imposible vaticinar lo que podía deparar lo venidero y, cercano al vigésimo aniversario de su primer álbum, la agrupación nos brinda “We Are Not Your Kind”, un trayecto que invita a deshacerse de comparativas y aceptar que cada época tiene definido un enfoque, por más experimental y ambicioso que éste sea.

Una breve intro titulada “Insert Coin” conecta –atravesando la densidad del track– con “Unsainted”, segundo single que llegó a ser incluido en el listado de canciones, y que es una ganchera maquinaria rebosante de momentos precisos para conectar y verse inmerso en ella por su efectivo armado. En contraste, “Birth Of The Cruel” toma la batuta, donde una galopante percusión acompaña la voz limpia de Corey Taylor, empleada en la creación de un clima oscuro y transformándose en un recurso técnico que brinda una vibra especial y magnética. Los momentos de agresión sonora se encuentran en un impecable nivel en este disco, con el feroz vozarrón de Taylor, quien tiene un desempeño vocal notable, demostrado en las variaciones que ejecuta. “Nero Forte” es inmutable, conteniendo un paralelo entre gutural y falsete, junto a un entramado rítmico que nos remonta a antaño, como en la potente “Red Flag” o la machacante “Orphan”, una combustión absoluta.

Este sexto disco desafía al oyente, no hay un patrón fijo que pueda satisfacer la nostalgia o alguna señal de estancamiento creativo y/o condescendiente, cayendo en un riesgoso y fructífero plano, donde “A Liar’s Funeral” o “Spiders” se pueden tomar con lejanía por lo peculiar en sus respectivas formas. Y, no obstante, los últimos pasajes superan los seis minutos de duración, donde se percibe la libertad en la composición y participación no menor de Sid Wilson y Craig Jones, quienes, con capas sintetizadas y teclados sombríos, guían pasajes diversos en “My Pain”, una extensa muestra de introspección y aspereza inquietante en toda su extensión. Estos elementos se incorporan a interludios utilizados para mantener la expectación alejada totalmente de lo convencional, como en “Solway Firth”, canción que finaliza la reciente propuesta de los nueve, moviéndose dentro de lo ambiental en leves dosis y lo caótica que se puede tornar la experiencia, apoyado por el potente groove de las cuerdas de Jim Root, Mick Thomson y Alessandro Venturella, enriquecido por los arreglos presentes que engrandecen la, a estas alturas, inesperada pieza.

Concebir un disco como un trabajo integral requiere de una claridad importante en el concepto como hilo conductor de la atmósfera global que lo envuelve y, además, claridad en la estructura que sostiene cada canción para no caer en una inconsistencia durante la escucha. Para Slipknot, desde hace bastante tiempo la reformulación es carta obligada, y también producir un álbum cohesionado. Si bien, los atisbos de emplear recursos ya conocidos se encuentran en ciertos tramos –lo que comenzó con “Vol. 3: (The Subliminal Verses)” de 2004)–, se expande en sorpresivos giros en la intensidad por los elementos que colaboran a crear una atmósfera que brinde identidad propia a este nuevo opus. No cabe duda de que gran parte de la esencia de los creadores de “People = Shit” es bordear el límite de la provocación y, teniendo una gran cantidad de seguidores, una jugada maestra es la de brindarnos un grupo único y más complejo de canciones dentro de su discografía, tal vez único en su clase.


Artista: SlipknotWe Are Not Your Kind

Disco: We Are Not Your Kind

Duración: 63:29

Año: 2019

Sello: Roadrunner


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