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Never Mind The Bollocks, Here's The Sex Pistols Never Mind The Bollocks, Here's The Sex Pistols

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El Álbum Esencial: “Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols” de Sex Pistols

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A mediados de los años 70, dos de los mayores polos del rock no vivían una situación alentadora. Nueva York era una ciudad que estaba contra las cuerdas, asolada por una bancarrota sin precedentes y con índices de criminalidad fuera de control, al más puro estilo de “Taxi Driver”. En el viejo continente, Londres pasaba por una de las peores crisis energéticas de su historia, con huelgas y manifestaciones multiplicándose como bacterias y paros de todos los sectores ascendiendo de forma meteórica, además, la música no lograba representar el sentir de los jóvenes en ninguno de los dos lados del Atlántico. Los grandes héroes que fueron la banda sonora de la juventud de los 60 ya estaban muertos o nadaban en sus riquezas, convertidos en caricaturas de sí mismos. Los tiempos clamaban por un rejuvenecimiento del rock; el contexto social era demasiado efervescente para la androginia futurista del glam, el escapismo de la música disco o las fantasías astrales del rock progresivo. Así fue como la mugre y la furia sónica de Sex Pistols llegó para destruirlo todo y empezar de nuevo.

Desde que se reunieron en el entorno de la tienda del empresario y manager Malcom McLaren en el King’s Road de Londres, Paul Cook, Steve Jones, Glen Matlock y John Lydon –en el personaje de Johnny Rotten– fueron una banda hilarante y mordaz, que trascendió las barreras de su tiempo en un entorno social totalmente hostil, con una relación interpersonal tan caótica y enérgica, que en otro medio hubiese sido desastrosa. Ni siquiera escuchaban la misma música, pero finalmente encontraron el camino y lograron dar con creaciones como la vital “Pretty Vacant”, con un riff que Glen pidió prestado a “SOS” de ABBA, pero que con el tamiz de los Pistols se convertía en el grito astuto de esa muchachada desempleada, pero con un look definido, una vibra de seguridad que ningún otro tipo de música les había dado. Se nota cómo Lydon fluye y se combina con las guitarras de Jones desde la primera vez que escuchas garrotazos como “No Feelings”, haciendo apología de la habilidad del frontman para torcer y ridiculizar la canción pop, pero también para presentar a su personaje, el insano Rotten, como un narcisista y nihilista que escupe ácido por doquier. La descarada “Liar” es otra muestra de puro rock & roll, que hasta el día de hoy se puede interpretar o como un ataque al mismo Malcom McLaren o al Primer Ministro de la época, Harold Wilson.

Con esa actitud pendenciera que los caracterizaba en sus canciones, los Pistols se pulieron en los entornos más agrestes de los bares ingleses y también fueron parte de veladas históricas para la música popular. La mítica noche en que tocaron en el Free Trade Hall de Manchester, el 4 de junio de 1976, frente a muchos personajes que se convertirían en leyendas de la escena, como los mismos Buzzcocks, Mark E. Smith de The Fall o Mick Hucknall de Simply Red, un joven Steven Patrick Morrissey, que se mostraba escéptico ante el combo londinense, escribió una carta a la NME en la que exponía que los Pistols eran deudores del sonido de The New York Dolls. Si bien, no estaba del todo errado, bastaba con escuchar el track “New York” para darse cuenta de que Lydon se burla abiertamente de los defendidos por Morrissey en la canción, y deja en claro las diferencias entre los entornos de la Gran Manzana y la capital inglesa: los punks de Nueva York eran bohemios y ligados al arte, mientras que los de Londres provenían de ambientes sociales mucho más desprotegidos, casi delincuentes, lo que le dio ese cariz más desgarbado al movimiento.

Otro asistente a esa ilustre velada fue Bernard Sumner de New Order, quien recuerda dicha presentación como si fuera una revelación: “Por primera vez en una actuación en directo me di cuenta que podía identificarme y relacionarme con los que estaban en el escenario, el punk era algo que nos daba una voz y nos estaba gritando a todo pulmón”. Las palabras de Sumner cobran total sentido en “Seventeen”, que en 2:01 minutos plasma la angustia adolescente de cualquier generación, o la electrizante “Submission”, un verdadero golpe reptante que toma inspiración en el “You Really Got Me” de The Kinks, en la que Glen y Lydon se sentaron a escribir la letra línea por línea sólo para volver molestar a su manager con un juego entre las palabras “submarine” (submarino) y “mission” (misión), como una amenazante misión submarina que repta en la guitarra de Jones.

Las letras siempre fueron uno de los tópicos más importantes dentro de la banda. Lydon procuraba esconderlas por los comentarios de Matlock, sobre todo aquella rima entre las palabras “Anarchist” (anarquista) y “Anticrist” (anticristo), lo que el bajista no sabía era que esa combinación iba a ser la chispa que encendería la bomba del punk. McLaren y Jamie Reid, el encargado de diseñar las carátulas de la banda, introdujeron en la cabeza de Lydon las ideas que hasta el día de hoy constituyen ese trueno llamado “Anarchy In The U.K.”. La canción es toda una declaración de guerra, que empieza con una risotada malévola orquestada por una capa de guitarras, idea del productor Chris Thomas. El caos, la agresión y el peligro se confabulan en una atmósfera de destrucción total que no plantea soluciones, sino que intenta salir por los parlantes con la intensidad de un huracán, tal y como se vio en la primera aparición de la banda en la televisión inglesa en Granada TV el 4 de septiembre de 1976.

De hecho, fueron los mismos medios los que hicieron colapsar a Sex Pistols tras una seguidilla de polémicas en el Reino Unido, como la infame aparición del grupo en el programa Today conducido por Bill Grundy, donde le propinaron insultos como “mierda seca” y “puto canalla” después de que el animador se hiciera el lindo con una joven Siouxsie Sioux, hecho que fue comidillo de los tabloides británicos y lanzó tristemente al grupo a la fama por su errático comportamiento, lo que posteriormente provocó el despido de su casa discográfica. Es por eso que la canción “E.M.I.” escupe tanto veneno: no sólo es un ataque al sello, sino que a todo el negocio musical de los años 70; visceral, subversiva y escandalosa, la misma voracidad que se puede escuchar en “Liar”, el cinismo hecho canción con que desafían toda autoridad.

Otro ingrediente crucial del estilo Pistols era Steve Jones. Se hizo cargo del bajo debido a la ausencia de Glen Matlock –cuyo despido es materia de disputa según la fuente que se consulte– y la incompetencia de Sid Vicious, ausente en las grabaciones a causa de una ictericia que lo llevó al hospital. Para no ser un aporte en términos musicales, Vicious muchas veces se lleva un crédito excesivo sólo por su imagen, algo que incluso el eterno Lemmy Kilminster de Motörhead certificaba: “Era incapaz de tocar una sola nota en el bajo, pero aportaba mucho a la imagen, era el más Pistol de los Pistols”. Sin embargo, tuvo que ser Jones el que aportó la solidez que se necesitaba tocando de manera lineal las mismas notas de su guitarra una octava más abajo, lo que, sin saberlo, ayudó a que el producto final se escuchara tan macizo como en “Holidays In The Sun”, donde Rotten recurre al viejo eslogan situacionista “cheap holidays in other people’s misery” (“vacaciones baratas en la miseria del prójimo”) para balbucear sobre las Alemanias divididas por el muro de Berlín con un astucia impresionante.

Sorprende la capacidad que tenía la banda para traducir la cultura social de su tiempo con una pluma cínica como en “Bodies”, una canción totalmente cruda para hablar sobre el aborto de una muchacha de Birmingham que apareció una vez ante Lydon con una bolsa que contenía un feto muerto en su interior. La letra toma el punto de vista del testigo y del mismo feto abortado, con las palabras saliendo disparadas a quemarropa a una velocidad galopante. Sin embargo, es “God Save The Queen” la que logra cambiar la cara del rock para siempre. Según el mismo Paul Cook, fue escrita antes del famoso jubileo de la reina y nunca fue planeada, rondaba en la cabeza de Lydon con el título de “No Future” y la grabaron en marzo de 1977 con el nombre que se conoció en todo el mundo. Fue presentada durante el aniversario de plata de la reina y se reforzó con una campaña de marketing totalmente anárquica, liderada por McLaren. Con su retórica incendiaria y excesiva, Lydon augura la desolación total con un toque de sarcasmo que irritó a los más conservadores. Nadie nunca osó burlarse de los símbolos sociales como lo hicieron los Pistols, y eso no sólo los puso en el mapa como banda, también logró canalizar la frustración, la ira y la urgencia que se repiten generación tras generación en una ciudadanía que ve impávidamente cómo la institución monárquica se reparte la torta entre su familia y absorbe su dinero ante el beneplácito del pueblo. “Tú no escribes God Save The Queen porque odias a los ingleses, es porque los quieres”, como dijo Lyndon alguna vez.

“Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols”, el primer y único larga duración de la banda, vio la luz el 28 de octubre de 1977 y fue la materialización de un fenómeno social extremadamente interesante para la cultura popular de occidente. Es toda una declaración de principios, desde el título, que hace referencia a “dejar de decir tonteras” en la lengua de la clase trabajadora y que incluye la palabra “Bollocks” (testículos), lo que le costó a la banda una pasada por los tribunales, hasta su sonido totalmente trabajado para ser una banda de punk. De lo peor de una época surgió quizá uno de los discos más influyentes de la música del siglo XX, un trabajo que se mantiene y se mantendrá joven para siempre, que fue capaz de impregnar a gente de todos los estilos, ya sea Sumner, Lemmy o Morrissey, y supo encapsular una época. Pareciera que a Sex Pistols nunca le importó nada, pero ciertamente a todos nos importan los Sex Pistols.


Never Mind The Bollocks, Here's The Sex PistolsArtista: Sex Pistols

Disco: Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols

Duración: 38:44

Año: 1977

Sello: Virgin


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The Mars Volta – “The Mars Volta”

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The Mars Volta

Difícilmente exista banda que lo haya inventado o interpretado todo, pero es complejo poder renovarse cuando prácticamente se ha abarcado todo lo permitido dentro de las posibilidades. Ese dilema es algo que, tarde o temprano, termina aquejando a las mentes maestras del progresivo, y si Steven Wilson ha sido capaz de cambiar su orientación sonora en su material solista al diferenciarse de Porcupine Tree, Omar Rodríguez-López y Cedric Bixler-Zavala han hecho lo mismo para no mancillar la etiqueta de rock progresivo de The Mars Volta al adentrarse en otros sonidos con proyectos como At The Dive-In, De Facto, Antemasque, Kimono Kult, Bosnian Rainbows y un sinfín de agrupaciones. Ahora, ambos músicos deciden renovar el sonido de un nombre tan querido como este, al romper cualquier parámetro preestablecido de su fórmula y hacer algo que se diferencie considerablemente de lo ofrecido hasta ahora.

Unos cuantos adelantos bastaron para alegrar a los fans respecto al regreso de The Mars Volta, pero no así para generar muchas expectativas ante su eventual nuevo disco de estudio. La última placa del conjunto hace ya una década, “Noctourniquet”, cumplió correctamente con los estándares esperables para un disco de la dupla Rodríguez-López y Bixler-Zavala, pero se alejó de ser una de las obras más recordadas de un proyecto cuyo catálogo ha entregado joyas sonoras y creativas. Incluso en un terreno tan extenso como el progresivo, la banda ya había abarcado bastante entre las múltiples opciones posibles, por lo que este regreso discográfico da en el clavo al adentrarse en algo que, hasta ahora, no habían explorado del todo: su propia versión del pop, como asegura la banda a la hora de etiquetar las radiales y estructuralmente accesibles melodías que ofrece este trabajo homónimo.

Es curioso que, siendo su séptimo álbum, recién sea el primero titulado sencillamente con el nombre de la agrupación, pero esa decisión se justifica al desentramar lo que refleja el disco, exponiendo un ejercicio de cómo The Mars Volta es una entidad que deconstruye, analiza y reestructura los cánones de diferentes géneros para ofrecer una versión de ellos con un giro de tuerca propio, ya sea en la intensa “Graveyard Love” o las reminiscencias latinas que ofrecen tracks como “Blacklight Shine” o “Que Dios Te Maldiga Mi Corazón”, cantada en español e inglés con una sutileza propia de la voz de Cedric, capaz de invocar una fuerza interpretativa que deambula entre distintos conceptos y metáforas, muchas veces de una explicación más compleja que la necesaria, como todo brillante trabajo abstracto. Aunque las letras sean mucho menos crípticas que de costumbre, el misterio de las oraciones recitadas casi como mantras repercute perfectamente en la impecable sección instrumental del disco.

De igual forma, esa propia versión del pop que menciona el dúo es algo que no termina de cuajar en algo derechamente mainstream, y esto se debe principalmente a la influencia de artistas como David Bowie o Peter Gabriel que han citado para este trabajo, centrándose en la capacidad que ambos tienen de crear un área gris en donde se mantengan en una posición al filo de la orientación más popular, pero con los elementos viejos de su etapa progresiva siempre ahí. “Shore Story” es, por ejemplo, una composición que perfectamente puede sonar en una radioemisora junto a artistas de música más alternativa, como Beach House, The xx o el icónico proyecto Bosnian Rainbows del propio Omar, mientras que “Cerulea” podría ser el track de descanso dentro de toda la intensidad contenida en un álbum de At The Drive-In. Y si bien no es una inspiración directa, el rock alternativo moderno se puede escuchar en canciones como “Flash Burns From Flashbacks” o “No Case Gain”, donde la elegancia de The Mars Volta evita que caigan en cualquier tipo de cliché o parodia. Finalmente, ejemplos como “Palm Full Of Crux”, “Equus 3” o el cierre con “Collapsible Shoulders” y “The Requisition”, evidencian algo concreto: la banda es capaz de refrescarse sin tomar prestado de manera excesiva.

Como todo buen disco de progresivo, la séptima placa de The Mars Volta es un trabajo de cocción lenta y una digestión incluso más pausada, debido a que los más reacios a salirse de la fórmula de guitarras, batería y cambios de ritmo a toda velocidad les costará enganchar con un trabajo que no transita entre la calma y la tempestad, sino que entre la intensidad y la elegancia de la interpretación, dando como resultado un sonido más aterrizado y robusto, sin exponer muchas fracturas en el camino. La fuerza creativa del dúo está más desatada que nunca y, aunque esos elementos comunes que se encuentran en todos sus proyectos siguen inevitablemente ahí, sí se desmarca por una serie de factores como un disco de The Mars Volta, donde la mejor forma en que la banda comprueba su identidad es en demostrar su inigualable manera de interpretar.


The Mars VoltaArtista: The Mars Volta

Disco: The Mars Volta

Duración: 44:45

Año: 2022

Sello: Clouds Hill


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