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Albert Hammond Jr. – Momentary Masters

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Es difícil zafar del efecto que genera en un músico el pertenecer a una banda ampliamente conocida, como es el caso de Albert Hammond Jr., que ha debido construir su carrera solista en constante lucha contra la sombra de The Strokes. Algo paradójico si se piensa que, como artista en solitario, ha seguido más fielmente la línea de los primeros años de la banda liderada por Julian Casablancas. Albert ha demostrado ser parte importante del sonido del grupo neoyorkino, específicamente los dos primeros discos, “Is This It” (2001) y “Room On Fire” (2003) Analizamos ahora la tercera propuesta de larga duración, tras el EP “AHJ” (2013).

ALBERT HAMMOND JR 01El disco inicia con una grata bienvenida, como haciéndonos pasar a un lugar familiar, con un sonido reconocible para los seguidores de la carrera solista de Albert Hammond Jr., en donde “Born Slippy” presenta juegos de guitarra que hacen perfecta armonía entre sí, llenando los diferentes espacios de la canción. Cabe destacar que en esta canción se observa una clara influencia del proyecto Paul McCartney & Wings, entendiendo que el artista rinde tributo a sus influencias en cada uno de sus álbumes. “Power Hungry” se impregna de la vibra del nuevo indie pop a través de una incipiente batería que contagia con su juego de platillo y caja, sumado al acompañamiento conciso del bajo, estructurando un tema que escapa a lo antes expuesto por el artista, y afianzando su cercanía con las actuales composiciones de su compañero de banda, Julián Casablancas, flirteando de cerca con ritmos de los 80.

“Caught By My Shadow” es el ejemplo de riff potente y memorable que contagia con su línea rítmica, generando una interesante vinculación al escucharla. Irradia potencia a través de una batería con menor compresión de sonido y armonías que tienden a ser más oscuras de lo que usualmente ofrece en sus canciones. El track que le sigue inicia de manera intrigante; “Coming To Getcha” parece un interludio musical transformado en una canción completa, explorando ritmos más pausados y un minimalismo de progresión musical. Una vez que da comienzo el coro, se presenta un cambio en la atmósfera de la canción, marcado por la voz cargada de una reverberación que genera una amplificación en la intensidad vocal. El tema emblemático de esta placa es “Losing Touch”, que desde el primer instante provoca un enganche a la nostalgia de los mejores días de la banda de origen del guitarrista. Es un tema que va creciendo de manera exponencial, para instalarse de manera inmediata en la memoria musical.

“Don´t Think Twice” es ingenuo por donde se lo mire, con una sección de percusión tremendamente sencilla y una guitarra que busca de manera casi forzada calzar dentro del tempo de la canción. Recuerda a las bandas amateur que hoy por hoy invaden la escena indie norteamericana, pero que no hace justicia a un artista con trayectoria como lo es Albert. “Razors Edge” es por lejos el más lúdico del disco, llegando a generar la sensación de estar ante una rendición bien guitarreada de un tema de consolas de 8 bits. Dando continuidad a la explosión de energía que demuestra el artista en la ALBERT HAMMOND JR 02canción que le antecede, avanzamos con “Touché” y “Drunched In Crumbs”, que sorprenden con una excelente performance del baterista Jeremy Gustin, donde la resistencia le permite sacar chispas entre hi-hat y caja, lo que le da acceso a un ritmo de rock que roza en lo bailable. El ocaso del disco se da con “Side Boob”, que sigue con la fórmula de los anteriores dos tracks y que parecieran ser una triada aislada dentro del disco, reafirmando la consistencia del álbum.

Albert Hammond Jr. ha ido progresivamente mostrando una faceta más arriesgada y creativa en el plano de la composición, lo que produce una mayor cantidad de matices en sus canciones y que, a su vez, demuestra que una banda o artista que cuenta con buenas guitarras no tiene necesidad de acudir a instrumentos poco tradicionales o electro para poder reinventarse. Quienes referían que, al escuchar el EP de 2013, se apreciaba un estancamiento creativo del artista, encuentran en “Momentary Masters” el argumento más sólido para retractarse, debido a que es el larga duración que más estilos ha logrado abarcar, no significando necesariamente que cada una de esas variaciones sean totalmente efectivas. Consta de tracks que de seguro serán consideradas las joyas de Albert Hammond Jr., como también cuenta con algunas canciones que pasarán más bien desapercibidas. Tras esta degustación agridulce, uno puede decantar por reconocer a un artista con identidad propia y que no busca notoriedad, sino la redención en base a una nueva etapa de su vida fundamentada en la lucidez, y que es fiel reflejo de la energía que transmite el disco.

Discos

Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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