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Agnostic Front – The American Dream Died

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“Estados Unidos es la tierra de las oportunidades. La nación en donde los sueños de prosperidad y bienestar para todos se cumplen”. Eso es lo que la propaganda cuasi goebbeliana del país del norte nos vende a través de programas de televisión, reportajes, noticas y, cómo no, su cine, poderosa arma de difusión de ideología apenas camuflada. No obstante, la sociedad estadounidense –entiéndase el pueblo, la gente común, clase trabajadora- muchas veces está lejos de vivir en ese ideal. En ese sentido, y desde hace casi treinta años, Agnostic Front nos ha revelado a través de su hardcore punk que, en realidad, el ciudadano de a pie –aquel cuya vida no se ve reflejada en MTV ni en las series del cable- está sumergido en los vaivenes y tribulaciones de aquellos que sufren por el poder mal ejercido. En este último disco, “The American Dream Died”, tal narración distópica de Norteamérica llega al público con la furia y vehemencia de quien creyó en el sueño, pero despertó y conoció la fea realidad de las cosas.

AGNOSTIC FRONT 01Este álbum, entonces, es un monumento revitalizado a la actitud contestataria que los provenientes de Nueva York han sostenido a lo largo de su carrera. La fórmula se mantiene incólume: riffs extraídos del thrash excelentemente ejecutados por Vinnie Stigma, la voz desinhibida de cualquier técnica de Roger Miret y los beats punks de Pokey Mo forman los anclajes necesarios para que el mensaje de Agnostic Front llegue directo en la cara de una sociedad hipócrita y haga sangrar todo su cinismo. Para algunos, el mensaje puede sonar repetitivo  y más de lo mismo, pero para otros, se hace necesario que exista este torrente de rebeldía de la vieja escuela, toda vez que los mismos problemas que dieron nacimiento a la música contestataria más extrema se han actualizado. Así, canciones como “Social Justice”, “Test Of Time” y “A Wise Man”, que rescatan lo mejor del crossover de antaño –con aquellas guitarras portentosas y esa batería pesada-, se vuelven indispensables para entender el enojo y la rabia vociferada de Miret, quien deja de lado los manuales de cuidado vocal en su interpretación, dándole un feeling lleno de esencia hardcore.

Justamente, en un mundo en donde el “profesionalismo” y “lo bueno” se entienden de una manera tecnocrática –lo cual, desde cierto punto es aplicado a la música-, esa falta de cuidado academicista profesada por el cantante de origen cubano, y que también se respira en las cuerdas en temas como “Just Like Yesterday”, “No War Fuck You” y especialmente en “Never Walk Alone”, es revitalizadora, pues nos dice que los humillados y ofendidos de siempre aún conservan su espacio en el canto agresivo y tienen a Agnostic Front como uno de sus embajadores en los medios más masivos.

AGNOSTIC FRONT 02“The American Dream Died” puede ser catalogado fácilmente como un álbum nostálgico, de la escena hardcore-punk de hace veinte años. Eso es cierto, porque es palpable que la banda sigue encontrando su inspiración en las urbes despojadas de riqueza y los abusos de los cuales son víctimas por parte del poder. Esa es su mirada, y que queda clara en “Police Violence”, “Only In America” y en “Old New York”, canciones que en su música parecen mirar retrospectivamente a un movimiento que aún se sostiene por sus viejos estandartes y que evidentemente serán del paladar de sus fans más clásicos. Esto puede ser criticado por aquellos que buscan innovación y originalidad, pero si se mira la finalidad del álbum y de la banda misma, tales invectivas pueden quedar rezagadas, pues el designio contestatario de “The American Dream Died” es justamente recordarle al mundo que existe una sociedad que, a pesar de los años, sigue sufriendo los mismos problemas de represión y de frustraciones.

En suma, este disco cumple con su finalidad de denuncia y de catarsis violenta y rápida respecto de un sector de la sociedad que ve cómo las políticas flemáticas pro-empresa, el armamentismo y el despotismo policial, provocan que su futuro se nuble y no sea sólo incierto, sino derechamente negro. Se puede decir que Agnostic Front no ha improvisado, que siguen aferrados a su idea de cómo debe sonar su música y este LP es prueba de ello. No obstante, si aquello es efectivo, si el estilo que ellos mismos forjaron sigue funcionando bien, y si el mensaje llega con claridad y potencia, entonces el cometido está cumplido, aún cuando eso signifique el desengaño de algunos.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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