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Yo, Él y Raquel

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Sin ánimos de generalizar, ha existido una tendencia en los últimos años en el cine norteamericano independiente. Son aquellas dramedias de personajes deambulantes que suelen encontrar una audiencia en el festival Sundance. Cintas livianas y digeribles, pero con cierto contenido, por lo general con un buen soundtrack que mezcle antiguos éxitos con singles de artistas emergentes. Su peak se vio con “Garden State” (2004), y suelen ser protagonizadas por actrices como Zooey Deschanel, o alguna otra chiquilla excéntrica que inyecta vida a un hombre melancólico. Y han ME AND EARL AND THE DYING GIRL 01generado decenas de réplicas, algunas con más éxito que otras. La receta para que funcionen es innovar dentro del mismo subgénero, o hacer referencia a la tendencia desde la cual surgen, y eso es lo que “Yo, Él Y Raquel” –irónicamente la última gran ganadora de Sundance- hace.

El “Yo” del título vendría siendo Greg (Thomas Mann), un joven apático que se las ha arreglado para pasar desapercibido en el océano de clichés que componen su colegio. Ha sabido llevarse bien con todos sin hacerse especialmente conocido, pasando su tiempo con su amigo Earl (RJ Cyler), con quien hacen películas caseras referenciando a clásicos de todos los tiempos. La mamá de Greg un día le avisa que una niña de su colegio fue diagnosticada con cáncer y lo incentiva a pasar tiempo con ella, y así es como él se acerca a Rachel (Olivia Cooke) y pasan los días juntos lidiando con la enfermedad de ella.

La voz en off de Greg nos guía durante toda la película, asegurándonos qué tipo de historia estamos viendo. Nos avisa con subtítulos en qué parte de la historia nos encontramos y nos adelanta resultados que, como espectadores, podemos estar esperando venir. Y es que es una película de cinéfilos para cinéfilos (el fanatismo del director Alfonso Gomez-Rejon por el cine, se cuela en cada secuencia), o al menos con los suficientes guiños para mantener a estos entretenidos. Asumiendo el ME AND EARL AND THE DYING GIRL 02conocimiento del espectador por los giros dramáticos que componen estas historias, “Yo, Él y Raquel” se antepone, consciente de que si está siguiendo una fórmula, al menos siempre va con un pie por delante.

Es una autoconciencia extrema que se ve tanto en la forma como en el fondo de la película. Son el ensimismamiento de Greg y su incapacidad de ver más allá de lo que a él le afecta personalmente los temas que aquí son puestos en juego. En ese sentido, el orden de los nombres en el título no es casual: esta es la historia de Greg por sobre la de los demás, relegando a los otros personajes a un simple “él” y a la “chica moribunda” del título original. Hay muchas cintas de este tipo que corresponden a historias de maduración, de inserción en el mundo real, de despertar, pero pocas lidian tan directamente con el egoísmo de una manera tan natural y transversal, exponiendo que ser adulto tiene que ver con dejar de pensar que uno es el centro del universo cuando se ha mostrado durante todo el metraje que así es.

Por lo mismo es desalentador cuando la historia cae en los pasajes esperables. La película contiene las escenas reglamentarias de una historia como esta: la chica admitiendo que no quiere seguir con el tratamiento, su madre llorando, el chico intentando hacerle un último regalo que la honre, entre otras ME AND EARL AND THE DYING GIRL 03cosas, y dado el conocimiento del realizador sobre lo tropos y lo que ya ha sido visto en pantalla, muchas veces se logra dotar de originalidad a todas estas escenas. Sin embargo, esta misión es ambiciosa, y para tratarse de una cinta que pretende estar por encima de los clichés, no puede evitar caer en varios, haciendo que la experiencia final sea a ratos un recorrido por terreno familiar que constantemente intenta asegurar que no lo es.

“Yo, Él y Raquel” es diga de admiración por lo que se propone, y lejos de no funcionar, hay un corazón debajo de la distancia irónica que tanto el protagonista como la cinta intentan mantener. Pero la autoconciencia suele ser un enemigo más que un aliado y reinventar en películas tan formulistas es una tarea difícil. Aun así, se respira aire nuevo en esta en particular y, por último, su banda sonora, su héroe deambulante y la chica que lo saca de su esquema, son lo suficientemente atractivos como para justificar la permanencia del subgénero un poco más.

Por Ignacio Goldaracena

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Contra Lo Imposible

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Contra Lo Imposible

Plasmar cinematográficamente acontecimientos relacionados con el deporte implica trazar una línea, aludiendo al proceso detrás de la preparación antes de enfrentarse a un gran evento, con los conflictos situados entre medio configurando la trayectoria de quienes protagonizan grandes hazañas deportivas. Una de las carreras de automovilismo más prestigiosas sirve como el escenario perfecto para situar fuerzas opuestas en medio de un conflicto de intereses donde las destrezas, el compañerismo y la determinación serán fundamentales para alcanzar el éxito. Dos años después de su exitosa “Logan”, James Mangold dirige una historia inspirada en hechos reales y que tiene al centro a dos de las grandes compañías de automóviles del mundo: Ford y Ferrari.

“Contra Lo Imposible” se centra en el visionario diseñador de autos Carroll Shelby (Matt Damon) y el corredor Ken Miles (Christian Bale). Ambos estarán encargados de diseñar y construir un auto de carreras para la compañía Ford, el que debe ser capaz de vencer a su oponente más poderoso en manos de Enzo Ferrari (Remo Girone). Juntos deberán luchar contra los intereses corporativos para, al mismo tiempo, alcanzar sus victorias personales.

La cinta aprovecha desde su inicio el concepto en el que se encuentra inmersa, pues las carreras de autos son su principal motor, y estas son representadas con una mirada intuitiva, capaz de exhibir con agilidad cada momento y componente de una carrera automovilística. Y considerando su extensión, alcanzando las dos horas y treinta minutos, el ritmo agitado se vuelve esencial para conducir un relato que realmente profundiza en su principal temática.

Las decisiones de encuadres y montaje ayudan a edificar una historia que arranca tal como lo hace un auto de carrera y debe avanzar poniendo especial atención a las curvas con las que se encuentra. Y es ahí donde las pausas son necesarias para así poder evidenciar el entramado que se teje al interior de la compañía Ford y, a la vez, aprovechando de adentrarse en la vida personal del corredor que estará a cargo de conducir el moderno automóvil.

Para poder construir una historia que intenta alcanzar un nivel épico dentro de su contexto, esta es divida en dos trayectos que avanzan a la vez y que juntan su camino en la carrera de Las 24 Horas de Le Mans. Por una parte, la compañía Ford y su lucha por competir con las grandes entidades del mundo automotriz, es el centro y detonador que empujará a sus protagonistas a enfrentarse a grandes obstáculos para alcanzar el principal objetivo. La compañía es a la vez representada como quienes instalan los inconvenientes corporativos, donde los intereses monetarios preponderan frente a la pasión que significa para los protagonistas el poder diseñar el revolucionario nuevo modelo.

Por otra parte, el encargado de conducir el nuevo automóvil es el obstinado Ken Miles, el que simboliza un espíritu agitador y con el objetivo de alterar la firmeza de la compañía. Junto a su carácter testarudo y poco apacible, Ken es el personaje que más cambios sufre a través del relato, siendo capaz de transformar su razonamiento, pero gracias a quienes lo rodean, su esposa e hijo. Sin embargo, su camino no podría completarse sin el apoyo de su amigo y socio en este negocio, Caroll Shelby. La relación de ambos es la manifestación del compañerismo y el cariño fraternal; en ellos está puesta la cuota necesaria de idealismo, la que los ayudará a continuar adelante, pese a las adversidades.

James Mangold logra crear un drama deportivo complejo y con las características de un cine algo más clásico, rememorando a producciones hollywoodenses de antaño, pero con la apariencia física de una obra moderna que cuida su tratamiento. “Contra Lo Imposible” alcanza un nivel satisfactorio, donde el mundo que retrata queda plasmado con total firmeza y es coherente con sí misma hasta el final.


Título Original: Ford v Ferrari

Director: James Mangold

Duración: 152 minutos

Año: 2019

Reparto: Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas, Tracy Letts, JJ Feild, Ray McKinnon, Rudolf Martin, Ward Horton, Bridie Latona, Lachlan Buchanan


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