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Winter, el Delfín 2

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En el año 2005, y sumando un caso más de maltrato animal –directo o por omisión- a la tendencia globalizada, se publicó una noticia que después causaría un inusitado impacto: una delfín nariz de botella había quedado atrapada en las redes que los barcos pesqueros utilizan para capturar cangrejos cerca de las comisuras del Golfo de México. Gracias a su rescate y a los cuidados que recibió en el Clearwater Marine Aquarium (CMA), una institución sin fines de lucro que recibe a animales en riesgo y que tiene una permanente exhibición, Winter –como fue bautizada- pudo recuperarse satisfactoriamente, no sin antes serle amputada su cola y removidas dos de sus vértebras. Su historia quedó registrada en la película de 2011, “Dolphin Tale”, que aparte de significar grandes ganancias en términos de recaudación para sus realizadores, también se transformó en un efectivo puente entre la ficción y la realidad, este último lugar en el que representa fuente de inspiración para miles de personas que visitan periódicamente el CMA. En esta segunda entrega, la historia queda sujeta a la demostración de amistad por sobre el ánimo de superación que tuvo lugar en la primera instancia.

DOLPHIN TALE 2 01Pasados tres años desde que Sawyer (Nathan Gamble) encontrase a Winter varada en la orilla de una playa para ser posteriormente curada en su totalidad, hoy la delfín se encuentra triste luego de que Panamá, su compañera de cautiverio en el CMA, muriera por su avanzada edad. Por sus condiciones de salud, Winter jamás podrá ser liberada en el océano, y como los delfines son animales que necesitan la compañía de sus pares, será necesario encontrarle pronto una compañera para que no se deban tomar otras medidas más drásticas. Sawyer, el doctor Clay Haskett (Harry Connick Jr.) y su hija Hazel (Cozi Zuehlsdorff), quienes son los más cercanos a Winter, lo saben perfectamente, por lo tanto deberán hacer todo lo que esté a su alcance, e incluso más, para garantizar la seguridad y bienestar de la delfín.

Se puede convenir que el sentimiento generalizado que despierta una película que tiene por objetivo primario disponer de una historia que se sabe aleccionadora, y que en función de aquello, se encarga de situar los hechos reales siempre por delante de lo que se está retratando, no es otro que el de receptividad hacia el trabajo honesto. Cuando la primera parte de “Winter, El Delfín 2” –que en rigor es la delfín- hizo su estreno, las expectativas quedaron ampliamente superadas por la respuesta del público, algo que sirvió como aliciente para una segunda parte, que si bien en teoría se continúa estableciendo con todas las virtudes de una cinta bien intencionada, esta vez el relato no logra dar con el ancho que la primera parte cubrió con holgura. En esta secuela la narración está determinada por recursos demasiado facilistas; la inclusión de conflictos paralelos, como el desliz de un dilema DOLPHIN TALE 2 02amoroso, reflejado en los sentimientos que comienza a desarrollar Hazel por Sawyer (con sorprendentes cambios físicos desde 2011), así también como el devenir profesional de este último, no convencen en absoluto, quedando en la vereda de la semblanza torpe y mediocre, puestos en lo que se puede inferir como un intento de reblandecer un relato que en el papel podría resultar agotador en esta pasada.

Complementando lo anterior, la película fija sus falencias en la excesiva reutilización de los recursos que tienen espacio en una primera parte, por consecuencia es comprensible que a este título se le pueda achacar el mote de repetitivo y cansador. La línea que sigue el filme propone que, idealmente, al menos se conozca la historia detrás del actual lanzamiento; una jugada inteligente tomando en cuenta que, gracias al camino allanado por la cinta interior, esta parte no termine de naufragar por completo. Quizás se pudo tomar como referencia lo que pasó con la historia de Terry Fox, un atleta discapacitado cuya biografía, amén de la superación, sirve para el quehacer de dos películas que trabajan al alero de los mismos motivos –“The Terry Fox Story” (1983) y “Terry” (2005)-,  siendo ambas igualmente correctas.

Es necesario establecer que una película como “Winter, el Delfín 2”, como su antecesora, trascienden al cada vez más ultrajado cartel que reza basado en hechos reales. Los créditos que una sentencia como aquella pueden entregar a una cinta random, aquí se muestran inherentes al relato, por lo tanto cada movimiento se percibe con una honestidad abiertamente encomiable, indistintamente que algunos detalles hayan sido omitidos o cambiados de la realidad. Lo que aquí se expone puede tener DOLPHIN TALE 2 03el mismo resultado en el opuesto con trabajos como “The Cove” (2009), que a través de la brutalidad más sincera de sus imágenes, puede remecer los esquemas de cualquiera. En ese contexto, la primera parte de la historia de Winter funciona de manera perfecta, otorgando la posibilidad de hacer pasar un buen rato al adulto y sembrando la génesis de una idea en los más pequeños, que en escenarios ideales, puede convertirse en un recto principio.

Lamentablemente en “Winter, el Delfín 2” la fórmula no termina por arrojar buenos resultados en la forma como se lleva la historia, y todo lo que en una primera entrega sigue un curso natural, acá se termina desvaneciendo en lagunas de cursilería que son difíciles y, por momentos, desagradables de seguir, estando la disposición para hacerlo.

Por Pablo Moya

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Duna

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Duna

Adaptar la novela “Dune” de Frank Herbert a la pantalla grande, ha sido ambición del séptimo arte desde su publicación en 1965. Conocidos son los casos de Alejandro Jodorowsky con un proyecto que, sin nunca haberse concretado, alcanzó estatus de culto, y el de la cinta de 1984 de David Lynch, fracaso crítico y de taquilla, que a la postre se convertiría en la única mochila con la que uno de los mejores directores del mundo ha debido cargar. De esta forma, la adaptación 2021 de “Duna”, a cargo del connotado Denis Villeneuve, se convertía en el esperado gran evento cinematográfico del último tiempo.

Es el año 10.191 y el emperador Shaddam IV mandata a la Casa de Atreides, regida por el Duque Leto, a trasladarse al desértico planeta Arrakis para encargarse de la explotación de la Melange, una sustancia con propiedades asombrosas. Leto se muda junto a Lady Jessica, su concubina y parte de la Bene Geserit (un grupo de misteriosas mujeres con habilidades mentales), y su hijo Paul, un muchacho que es percibido como una especie de mesías, además de todo su ejército y hombres de confianza, pero apenas llegan al lugar, percibe que, más que un servicio de honor, la movida podría ser una trampa del imperio en colusión con la Casa Harkonnen, regida por el malvado Barón Vladimir, para acabar con los Atreides.

En sus primeros minutos, lo primero que llama la atención de “Duna” es su empleo práctico de las secuencias: a diferencia de la cinta de 1984, e incluso de la misma novela, Villeneuve establece el universo de la historia sin muchos guiños a los aspectos filosóficos y psicológicos de los personajes, más bien va dejando en claro quién es quién y cómo se mueven dentro del tablero para luego, tal como ha hecho con sus películas anteriores, ir soltando pequeñas bombas de información y las motivaciones de cada personaje. Y esto se agradece, pues ese mecanismo le permite a la cinta avanzar sin tropiezos en el ritmo que establece en un principio.

Además del meticuloso guión, que denota un esfuerzo por incorporar todos los frentes de los postulados con los que Herbert nutrió su obra, lo anterior es encarnado por un reparto que está más que a la altura de las circunstancias, moviéndose por todos los extremos, mezclando de manera natural la impronta shakespeariana con las más atrevidas acrobacias físicas. En este sentido, Timothée Chalamet, como protagonista y quien más debe hacer gala de aquel rango dinámico, da el ancho a cabalidad. Por otra parte, destacables son las actuaciones de Charlotte Rampling y Stellan Skarsgård, quienes, con un velo sobre el rostro la primera y grandes capas de maquillaje el segundo, impresionan en sus cortas apariciones, sobre todo la presentación del Barón Harkonnen evocando sin empacho alguno a “Apocalypse Now” de Francis Ford Coppola.

Pero “Duna” también es una historia épica y bélica, donde el diseño de producción, los artilugios y el vestuario cumplen un rol importante, y en este aspecto la cinta deja boquiabierto. Se agradece que Villeneuve en su mayoría opte por efectos prácticos y sólo aplique CGI de manera circunstancial (gran acierto la forma en que es representada la Melange en el aire). Está todo tan bien trabajado, que queda la sensación de que uno como espectador jamás ha visto una puesta en escena como la que plantea el director junto a su equipo creativo y técnico, destacando los diseños de Patrice Vermette (con quien también trabajó en “Arrival” de 2016) y la fotografía del australiano Greig Fraser, últimamente un especialista en escenarios épicos, resaltando de distintas maneras en la ambientación de los planetas, cada uno con sus singularidades lumínicas. Como complemento a la maravilla visual, el diseño de sonido es impecable, y el score de Hans Zimmer, pese a sus pocas sutilezas por momentos, acompaña adecuadamente el relato y tiene un par de melodías que dejan sin aliento al son de sus característicos tambores y la destrucción que se muestra en pantalla.

Así como las virtudes de la película son evidentes, también lo son sus pequeños defectos. Al ser una novela con un abanico tan amplio de tópicos, Villeneuve es consciente de que debe elegir caminos, y en ese accionar va perdiendo los temas o, más bien, el foco va alumbrando discriminadamente a medida que el metraje se acerca a su último acto. Lo anterior genera los pasajes más bajos en cuanto a diálogo, ya que se ve en la obligación de desprender información de forma gruesa a través de los personajes para mantener el equilibrio de los hilos conceptuales, desembocando en un cambio de percepción rítmica. También hay ciertos datos que son omitidos, pero que en la cinta terminan siendo cruciales, casi como dirigidos exclusivamente al lector de la novela. Sin embargo, esto es apenas un lunar dentro del gran marco que la película propone, y bajo ningún sentido le resta mérito a todo lo visionado antes de los créditos finales.

“Duna” es un espectáculo narrativo y visual que le hace justicia a la gran obra de Herbert, donde la política, la religión, la ecología y el romance de la novela (este último sólo oníricamente) son tratados respetuosamente por Villeneuve, pese a las libertades creativas que se toma, donde los más puristas podrían poner el grito en el cielo. Si Jodorowsky representó el anhelo y Lynch el ensayo, Denis Villeneuve encarna el sueño cumplido, aunque sea de aquellos en que uno despierta a la mitad y se esfuerza por volver a dormir y retomarlo, simbolizando una segunda parte y final que, como ya es sabido, lamentablemente está supeditada a su resultado en la taquilla.


Título Original: Dune

Director: Denis Villeneuve

Duración: 155 minutos

Año: 2021

Reparto: Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Josh Brolin, Jason Momoa, Stellan Skarsgård, Zendaya, Javier Bardem, Sharon Duncan-Brewster, Charlotte Rampling, Chang Chen, Stephen Henderson, Dave Bautista


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