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Warcraft

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La relación entre películas y videojuegos no siempre ha sido la mejor. Adaptación tras adaptación, los títulos –cada vez más periódicos– no logran convencer ni a la crítica ni a un público más general; no así a los fanáticos que, aunque tengan sus reparos, habitualmente disfrutan ver sus juegos favoritos en pantalla grande. Si bien, desde “Super Mario Bros.” (1993) las adaptaciones live action han mejorado en cuanto a calidad visual, efectos e historia, pocas de las cintas que han llegado desde la década pasada han podido levantarse por sí solas, llevando tras sí la estampa del videojuego en cuestión. Y lo que podría ser una bendición para atraer a nuevo público y a la vez dejar satisfecho a los videojugadores, las cintas acaban por seguir un canon desastroso.

WARCRAFT 01Es cierto que los gamers corresponden todavía a un público de nicho (algo que obviamente está cambiando, pero que tomará más tiempo), por lo que intentar inyectar historias pensadas para otro tipo de pantallas hacia un grupo masivo es una tarea difícil. No pudo “Lara Croft: Tomb Raider” (2001) o “Hitman” (2007) –ni su sucesora 8 años después–; tampoco “Prince Of Persia: The Sands Of Time” (2010) y ninguna de las cinco películas de la saga “Resident Evil“. Sea acción o fantasía, hay un elemento con el que directores y guionistas no consiguen dar para completar una cinta redonda y exitosa por donde se le mire. Por ello aún se le tiene tanta esperanza a “Assassin’s Creed“, que se estrenará a fin de año, porque “Warcraft” también dejó a su haber algo que desear.

El mundo de los orcos está quedando sin recursos, por lo que, guiados por el brujo Gul’dan (Daniel Wu) y su control sobre la terrible magia Fel, se abrirán paso hacia el reino humano de Azeroth. Al ver amenazado la ciudad de Ventormenta, el Rey Llane (Dominic Cooper) indica al comandante Lothar (Travis Fimmel) averiguar la motivación de la horda que ha venido a atacarlos y buscar ayuda en el poder del Guardián Medivh (Ben Foster). Pero todo se complicará cuando en su camino se encuentren a la mitad orco mitad humana Garona (Paula Patton), quien intentará crear un pacto con el líder del clan Lobo Gélido, Durotan (Toby Kebbell).

WARCRAFT 02Basado específicamente en el juego de estrategia “Warcraft: Orcs & Humans” –la primera entrega de Blizzard Entertainment sobre este universo en 1994–, y tal como indica su nombre, la dinámica humano-horda es lo principal. Aunque otras especies hacen apariciones breves, protagonistas y antagonistas corresponden exclusivamente a estos dos mundos. Así, casi como un tutorial al comenzar un nuevo juego, se nos va entregando información por goteo, tanteando camino para que vayamos comprendiendo los alcances básicos de personajes, magia, poderes y lugares. Se vaya con conocimiento previo o sin tener idea de nada, el planteamiento inicial queda completamente claro.

No obstante, pasado este primer obstáculo, las cosas se comienzan a enredar. Por un lado, hay información que se repite innecesariamente a lo largo de la cinta, mientras que van quedando en el camino algunas acciones sin explicación alguna. Siguiendo la misma línea, el guión resulta bastante pobre en su historia. Con pocos momentos de reflexión y, si los hay, forzados, más una profundidad WARCRAFT 03indigna comparándola con otros títulos fantásticos con toques medievales, la propuesta es insuficiente. No porque haya gran cantidad de personajes y subtemas la historia es rica, al contrario: si no se sabe trabajar con toda esta información disponible, resolver cada conflicto será insostenible o terminará por enredar lo que a primeras era un relato interesante, perjudicando su desempeño y el desarrollo posterior. Y a duras penas, “Warcraft” logra zafar.

A pesar de lo anterior, que se quiera o no son elementos de peso para cualquier tipo de cinta, tiene unos momentos espectaculares que rememoran partes del juego: planos cenitales de batallas, de ciudades y guiños a lugares y personajes que se harán conocidos para los fans. En este sentido, el trabajo es excepcional: efectos especiales sobresalientes y un CGI que en su mayoría asombra por la fineza y el cuidado de sus detalles.

Uno de los principales elementos que ayudaron al hype de esta película es el hecho de que el director Duncan Jones es fanático hace 20 años de este juego de estrategia. Tras enterarse que Sam Raimi WARCRAFT 04dejaría la silla directoral, allá por 2012, fue personalmente a hablar con los productores para dirigir la cinta. Por ende, el que su posición fuera tanto profesional como de fanático lo convertían en una jugada ganadora. Sin embargo, y en perspectiva, la cinta concluye siendo bastante genérica en sus temáticas y en la línea que va siguiendo, aunque tenga algunos puntos de inflexión riesgosos que descolocan y funcionan, ayudado también por un soundtrack ad hoc.

Se tenga como finalidad el ser un arma para atraer a nuevos jugadores, o para cumplir el deseo de la gran legión de fanáticos por todo el mundo –cuya capital es China–, lo cierto es que, si bien no logrará convencer a los más escépticos o inexpertos del universo de los videojuegos, resulta una atractiva y lograda épica cinematográfica tanto para el hard fan del juego, como para aquel de la fantasía dura y pura.

Por Daniela Pérez

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Minari

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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