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Vivir de Noche

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Los créditos iniciales de Batman v Superman: Dawn Of Justice” (2016) muestran la muerte de los papás del pequeño Bruce Wayne y el consecutivo origen del superhéroe. Se expone, así, el nacimiento de la versión de Ben Affleck, más agobiada, ruda y de contextura maciza que las presentadas anteriormente en el cine. Cual hombre murciélago, los primeros minutos de “Vivir de Noche” revelan el inicio de un criminal de poca monta: Joe Coughlin, estadounidense de raíces irlandesas que partió a Francia a combatir contra los alemanes en la Primera Guerra y, tras regresar y saborear la decepción, se dedica a perpetuar pequeños robos con una dupla de colegas. Sólo una secuencia introductoria y la narración del propio Affleck en el personaje basta para cumplir con esta especie de definición del antihéroe.

La película en un comienzo se estaciona en el Boston de los años 20, con el veterano de guerra liderando atracos y buscando maneras para proseguir su relación con la amante (Sienna Miller) de uno de los mayores mafiosos de la ciudad, Albert White (Robert Glenister). Nada sale bien de ese amorío, inmiscuyéndose primero Thomas Coughlin (Brendan Gleeson), padre de Joe y capitán de la policía de Boston, y luego el jefe de la mafia italiana, Maso Pescatore (Remo Girone). Un funesto final hará que Joe deba pasar años en la cárcel, y a su salida, gracias a un acuerdo con un viejo conocido, parta a Tampa a asumir nuevas tareas, siempre conectado al crimen y la ilegalidad en pleno período de Ley Seca.

En el mismo año donde puso en riesgo su crédito en lo actoral, con la apropiación del traje del hombre murciélago en una opaca cinta (y otra aún más triste, si se suma su aparición sin acreditar en “Suicide Squad”) y su protagónico en la olvidable “The Accountant” (2016), Ben Affleck además se jugó más que nunca como director, asumiendo llevar a la pantalla grande un relato vasto y de carácter biográfico. Nuevos terrenos para él, aunque no implique abandonar lo criminal de “Gone Baby Gone” (2007) y “The Town” (2010), y de por sí “Argo” (2012) ya encarnara la inmersión en un nuevo registro. Se trata de otra adaptación de una novela de Dennis Lehane, escritor originario de Boston obsesionado por contar las historias de su ciudad y predilecto de cineastas como Eastwood, Scorsese y el mismo Affleck, que hizo su primera película a partir de una novela suya. En este caso el material original exigía extender brazos en direcciones múltiples y la respuesta del ganador del Oscar consiste en aceptar el reto, elaborando una narrativa que transita por el melodrama, la épica histórica y personal, y criminal.

Acaso lo peculiar es que, a pesar de lo increíble de la vida de Coughlin, existe poco con lo que fascinarse, no obstante, el filme realiza esfuerzos para estirarse con holgura y dar con lo que la historia original ofrecía. Sintomático de aquello es que el carácter del protagonista no parece complejizado ni observado a contraluz. Transcurren los años, la vida lo sacude y la cinta se satisface con el retrato que desliza desde sus primeros minutos: un tipo herido que cae en el lumpen, pero parece regirse por una ética inquebrantable y considerada hacia la vida humana, probablemente marcas del padre que tuvo. Instaurado desde su base como relato de dimensiones ampulosas, en verdad hay más interés en encontrar un balance a lo largo de los distintos episodios de su vida y en cristalizar una factura visual y narrativa correcta. En esa línea, por cierto, la película es bastante intachable y no decae, aunque su melodrama sea de manual –en específico, en lo desarrollado con Zoe Saldana–, se acomode en exceso en su salto a Florida y el mundo de los inmigrantes cubanos, y en general resulte poco desafiante para el espectador.

También hay que mirar con buenos ojos que no se desbande en la tentación de explotar la acontecida existencia del protagonista y sostenga las sombras del criminal. Lo que no genera demasiada inspiración ni parece admirable es que extrae poco de un material tan jugoso, de honduras y abismos, lo que se acentúa si se recuerda que grandísimas cintas se han hecho a partir del mismo período. Los hermanos Coen, Sergio Leone, Brian De Palma y Sam Mendes inscribieron títulos suntuosos sobre la Ley Seca, grupo al que Affleck con su nueva película no se une ni tiene el ánimo de hacerlo. Sin llegar a convertirse en un pasar revista a hechos notables, este último trabajo parece menor en sus distintas facetas –no dejando de ser versátil e incluso rendidor–. Una de ellas, como cuarto largometraje de su filmografía como director, el que prometía seguir afianzándolo como uno de los narradores claves del cine estadounidense y rescatador de una tradición en lenta retirada, apegada a arrebatos contenidos y un realce del héroe norteamericano.

Un acercamiento diferente quizás habría acentuado los lazos de sangre, algo que de todos modos está presente en la cinta –como en las dos primeras de Affleck–, pero no es prioritario en ningún sentido. Tal vez algo de ese tipo le habría concedido mayor espesor dramático, como los grandes criminales suelen ostentar, haciéndola perdurable y a la altura de los trabajos previos del realizador. Porque lo que quedan son altos valores de producción, buenas actuaciones de Brendan Gleeson, Chris Cooper y Elle Fanning, y la sensación de que, ante el desafío de un libro que pedía a gritos una adaptación cinematográfica, las determinaciones sustanciales del relato pasaron por una evaluación de riesgos que garantizara evadir el naufragio, pero al mismo tiempo clausurara los caminos hacia el cine virtuoso y colosal.

Por Gonzalo Valdivia

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Contra Lo Imposible

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Contra Lo Imposible

Plasmar cinematográficamente acontecimientos relacionados con el deporte implica trazar una línea, aludiendo al proceso detrás de la preparación antes de enfrentarse a un gran evento, con los conflictos situados entre medio configurando la trayectoria de quienes protagonizan grandes hazañas deportivas. Una de las carreras de automovilismo más prestigiosas sirve como el escenario perfecto para situar fuerzas opuestas en medio de un conflicto de intereses donde las destrezas, el compañerismo y la determinación serán fundamentales para alcanzar el éxito. Dos años después de su exitosa “Logan”, James Mangold dirige una historia inspirada en hechos reales y que tiene al centro a dos de las grandes compañías de automóviles del mundo: Ford y Ferrari.

“Contra Lo Imposible” se centra en el visionario diseñador de autos Carroll Shelby (Matt Damon) y el corredor Ken Miles (Christian Bale). Ambos estarán encargados de diseñar y construir un auto de carreras para la compañía Ford, el que debe ser capaz de vencer a su oponente más poderoso en manos de Enzo Ferrari (Remo Girone). Juntos deberán luchar contra los intereses corporativos para, al mismo tiempo, alcanzar sus victorias personales.

La cinta aprovecha desde su inicio el concepto en el que se encuentra inmersa, pues las carreras de autos son su principal motor, y estas son representadas con una mirada intuitiva, capaz de exhibir con agilidad cada momento y componente de una carrera automovilística. Y considerando su extensión, alcanzando las dos horas y treinta minutos, el ritmo agitado se vuelve esencial para conducir un relato que realmente profundiza en su principal temática.

Las decisiones de encuadres y montaje ayudan a edificar una historia que arranca tal como lo hace un auto de carrera y debe avanzar poniendo especial atención a las curvas con las que se encuentra. Y es ahí donde las pausas son necesarias para así poder evidenciar el entramado que se teje al interior de la compañía Ford y, a la vez, aprovechando de adentrarse en la vida personal del corredor que estará a cargo de conducir el moderno automóvil.

Para poder construir una historia que intenta alcanzar un nivel épico dentro de su contexto, esta es divida en dos trayectos que avanzan a la vez y que juntan su camino en la carrera de Las 24 Horas de Le Mans. Por una parte, la compañía Ford y su lucha por competir con las grandes entidades del mundo automotriz, es el centro y detonador que empujará a sus protagonistas a enfrentarse a grandes obstáculos para alcanzar el principal objetivo. La compañía es a la vez representada como quienes instalan los inconvenientes corporativos, donde los intereses monetarios preponderan frente a la pasión que significa para los protagonistas el poder diseñar el revolucionario nuevo modelo.

Por otra parte, el encargado de conducir el nuevo automóvil es el obstinado Ken Miles, el que simboliza un espíritu agitador y con el objetivo de alterar la firmeza de la compañía. Junto a su carácter testarudo y poco apacible, Ken es el personaje que más cambios sufre a través del relato, siendo capaz de transformar su razonamiento, pero gracias a quienes lo rodean, su esposa e hijo. Sin embargo, su camino no podría completarse sin el apoyo de su amigo y socio en este negocio, Caroll Shelby. La relación de ambos es la manifestación del compañerismo y el cariño fraternal; en ellos está puesta la cuota necesaria de idealismo, la que los ayudará a continuar adelante, pese a las adversidades.

James Mangold logra crear un drama deportivo complejo y con las características de un cine algo más clásico, rememorando a producciones hollywoodenses de antaño, pero con la apariencia física de una obra moderna que cuida su tratamiento. “Contra Lo Imposible” alcanza un nivel satisfactorio, donde el mundo que retrata queda plasmado con total firmeza y es coherente con sí misma hasta el final.


Título Original: Ford v Ferrari

Director: James Mangold

Duración: 152 minutos

Año: 2019

Reparto: Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas, Tracy Letts, JJ Feild, Ray McKinnon, Rudolf Martin, Ward Horton, Bridie Latona, Lachlan Buchanan


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