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Hace dos veranos llegó a salas nacionales la película visualmente más brutal que ha salido de esta tierra, “Baby Shower”. Aunque esa brutalidad fuera muy evidente y boba, es un hito que no se puede negar. A través de la historia del reencuentro de cuatro amigas que terminaba en un baño de sangre, el género del slasher parecía tomar vida en el panorama nacional. Esa fue la manera que Pablo Illanes decidió pasarse de la escritura de exitosas teleseries nocturnas al cine. Ahora, del destripamiento sin freno da el salto al Apocalipsis zombie, en un filme que intenta instalarse en el mundo adolescente.

VIDEOCLUB 01Corren los primeros días del año 1992 y Miguel (Pedro Campos), un joven de 18 años que es amante del cine, se pasa pasas las vacaciones atendiendo un videoclub de barrio. Su pasión por las películas es tal, que en compañía de su amigo Mauro (Samuel González) realiza cintas caseras, cuyo contenido tiene escandalizados a sus padres (Daniel Alcaíno y Berta Lasala). Al mismo tiempo, Miguel se enamorará de Daniela (Luciana Echeverría), una joven a la que conoce cuando llega a arrendar VHS. El intento de poder conquistarla se verá truncado cuando se inicie la propagación de un virus que parece estar convirtiendo a todos en muertos vivientes.

En este mundo se hacen películas más o menos buenas, más o menos convincentes, más o menos soportables, pero uno de los mínimos que se deben exigir es convicción suficiente para armar una propuesta clara. Eso contenía “Baby Shower”, una intención, un trazado. Con todas las debilidades de esa cinta –desmadrada e incluso ridícula a medida que se acercaba al final-, era posible dar con una realización que estaba dotada de personalidad –no confundir con novedad-. Al segundo largometraje de Illanes le llora esa cualidad, lo que sumado a que los recursos que propone son pobres y ausentes de interés, da vida a un refrito cuyos 80 minutos se sienten eternos. Y cuando la indecisión y la precariedad se juntan en una sola obra, no queda mucho más que armarse de una tonelada de paciencia.

VIDEOCLUB 02De seguro lo más decepcionante del asunto es que “Videoclub” no comienza en el suelo. El arranque cuenta con aspectos para apreciar con atención, con la desbordante afición del protagonista como eje. Sin ser sólidos (innecesaria la secuencia con cada tipo de socio del videoclub), en los primeros minutos encontramos los momentos más valorables de la cinta. El punto más alto sucede cuando los padres intentan obligarlo a que deje sus dos grandes pasiones: las películas caseras y el videoclub. Nadie podría negar que hay fuerza en esta pasión desbordada que intenta ser coartada, el problema es que esa “represión” impuesta y la cinefilia del protagonista quedan en el camino y jamás cobran sentido a lo largo del relato, transformándose en simple anécdota. Ambos podrían haber sido los pilares del filme, pero mientras esta avanza va dejando en claro que no existe propósito alguno detrás.

A medida que la infección zombie irrumpe, la cinta empieza a desmoronarse. Los personajes se refugian en el videoclub, donde suceden toda clase de cosas, cada cual más absurda. De este modo, un instante que parecía el momento ideal para volver sobre lo sembrado en el arranque, se transforma en el inicio del derrumbe de la película. La narración, de ahí en adelante, no dista mucho de la de esperpentos de la comedia gringa como “A Haunted House” o “Grown Ups 2”, en cuanto a que propone una sucesión de acontecimientos apenas conectados por un núcleo.

VIDEOCLUB 04En un filme que transcurre en mayor parte en un solo sitio –igual que el clásico del género “Night Of The Living Dead” (1968) de George A. Romero-, es vital que los personajes tengan alguna riqueza. Tal como se puede desprender de lo anteriormente dicho, el delineamiento de estos es pobrísimo. Sobre cada uno de ellos reposa un tópico que no experimenta ningún desarrollo; de hecho, la escuálida etiqueta de presentación de cada uno es reiterada hasta el agotamiento. Casi ningún personaje es construido con un proyecto, y si alguno lo tiene, se desploma prontamente. El ejemplo que salta más a la vista es el del cura, cuyo excesivo protagonismo parece que va a ser gravitante, pero termina siendo la inserción más molesta de la historia. Lo único que se sostiene con algo de transversalidad son los deseos del protagonista por conquistar a la muchacha de turno, y aún ahí hay deficiencias. Si bien el romance sufre ciertas dificultades y vaivenes, no posee ninguna singularidad o complejidad que lo haga crecer, siendo sólo estimable el momento en que se conocen. En efecto, el armado de la cinta es tan catastrófico, que resulta más atractivo lo que sucede con la segunda pareja romántica que con la central.

Si en compensación por toda esta indecisión se ofrecieran zombies “de verdad”, el conjunto podría ser levemente más aceptable. Desgraciadamente, ese  aspecto también es un despelote, lo que de seguro irritará de sobremanera a los más fanáticos de este tipo de filmes. Las buenas e incluso las malas películas del género se aplican a sí mismas reglas en cuanto al comportamiento de estas criaturas. Zombies veloces e insaciables, lentos pero implacables cuando hay carne cerca, con consciencia, desprovistos de toda condición humana. En fin, la combinación que sea, pero definida claramente y sin arranques de autotraición. Lo que hay acá, en cambio, es una mezcla ilegible y caótica de un cerro de opciones.

VIDEOCLUB 03Al final, “Videoclub” no es una cinta sobre la cinefilia. Tampoco es acerca de crecer o encontrar el primer amor. Hay algo muy tenue respecto al enfrentamiento de lo nuevo con lo viejo, la dictadura frente a la democracia, encarnado acá en la relación del protagonista con sus padres, pero que está dibujado tan débilmente que no pasa de intento fallido. No hay que pasarlo por alto: una película es un todo que va sembrando elementos que en determinado momento tienen justificación y dan sentido al relato, es decir, una línea narrativa, que acá brilla por su ausencia. En definitiva, este es un relato que tiene desparramado de manera antojadiza un montón de cosas que no logran interesar a nadie. Se agradece el arrojo para atreverse con un género que es tierra desierta en el cine chileno, pero si la siguiente vez va a ser con una historia tan exigua como esta, mejor quedarse con las ganas.

Por Gonzalo Valdivia

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3 Comentarios

3 Comments

  1. miau y la bolita de cristal

    29-Ene-2014 en 11:04 pm

    el maquillaje, para mi que no soy experto en ello, lo encuentro muy precario y eso desmotiva demasiado al querer ir a ver la película :/

  2. Marco

    30-Ene-2014 en 11:59 pm

    Película con buen comienzo, la primera parte mantiene la tensión.
    Las actuaciones de los chicos bien, pero la de Alcaino infectado y Berta Lasala no me gustó.
    Falto quizas un poco más de complemento, y más interacción directa con los infectados.

  3. Nicho

    02-Feb-2014 en 10:18 pm

    LES RECOMIENDO!!!!…. NO VERLA!!! Esta muy mal lograda, precaria la historia, sobre actuados los personajes, pobre en todo sentido y esto no es por falta de presupuesto ya que podemos ver en el Cine Chileno una cantidad infinita de películas de bajo presupuesto pero de grandes ideas y creatividad para desarrollarlas, pero VIDEO CLUB…es “lamentablemente” muy mala.

    Lo único recomendables es que dentro de la banda sonora están dos grandes bandas Indie Chilenas, MISS GARRISON e INTIMATE STRANGER, es lo único rescatable, espero que al menos a la música Chilena actual le den más espacio en el celuloide, pero idealmente es películas decentes.

    No pierda su tiempo y vayan a ver Lobo de Wall Street u otras en cartelera.

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El Llamado Salvaje

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El Llamado Salvaje

El CGI (Computer Generated Imagery) en el cine es a menudo un tema controversial al ser a veces mal utilizado, o ser técnicamente deficiente. A veces el efecto que genera es simplemente espantoso, como en el caso de “Cats” (2019), en otras busca ser casi lo único valioso en una película, más que historia o personajes, como en el caso de “Avatar” (2009). Esto se debe en gran medida a que es un recurso relativamente nuevo en la historia del cine, y las capacidades técnicas de los efectos especiales siempre están evolucionando. Algo notable de “El Llamado Salvaje” desde un principio es el uso de CGI para generar personajes casi en su totalidad, lo que es definitivamente una apuesta arriesgada. Sin embargo, el resultado, a pesar de no ser perfecto, es un buen camino a seguir para la industria en el futuro.

La historia sigue a Buck, un perro grande y afable, criado por una acaudalada familia en California, que es secuestrado y vendido durante la Fiebre del Oro, y enviado a Yukon, al norte de Canadá. Ahí vivirá diversas aventuras y conocerá a diferentes perros y personas que lo acercarán a su lado más salvaje, lo que finalmente lo llevará a su destino.

“El Llamado Salvaje” es una sólida película de aventuras, en gran medida porque el personaje principal es profundamente querible. Pese a que puede ser sumamente difícil generar empatía con un protagonista que no habla, por lo que se vuelve difícil entrar en su mundo interior, el film toma las decisiones adecuadas de utilizar una voz en off que a menudo nos dice lo que piensa, y hacer uso del CGI para darle al animal un gran rango de emociones y personalidad. Inmediatamente somos capaces de conectarnos con Buck, y además de entender su relación con los otros animales que conoce, los que también son sumamente expresivos.

Y ese es uno de los grandes aciertos de la película. El uso que le da al CGI tiene más que ver con construir personajes expresivos y queribles que con buscar un fotorrealismo que sea técnicamente sorprendente, o con generar un mundo de fantasía que sea el gancho de la cinta. A diferencia de “The Lion King” (2019), acá los personajes caninos están llenos de expresividad y personalidad, incluso a pesar de no tener voz, y esto es casi en su totalidad a lo efectivo del CGI.

Aunque, claro, la falta de prolijidad técnica en la animación de los personajes se siente, y en algunas escenas casi llega a distraer de la historia. Hay momentos en que estos no alcanzan a mezclarse bien con su ambiente y se sienten como personajes de videojuego, moviéndose por un ambiente de manera desconectada. Sin embargo, el film completo genera una sensación de fantasía y plasticidad que se complementa bien con este aspecto.

Básicamente, todo es un poco plástico, pero al menos de manera coherente. Se siente como un film animado, tanto por su textura visual como por su puesta en escena, lo que tiene sentido, considerando que es la primera película live action del director Chris Sanders, famoso por “Lilo & Stitch” (2002) y “How To Train Your Dragon” (2010) y “The Croods” (2013). Esto lleva a que los momentos en que el CGI falla se vuelvan menos choqueantes y nunca lleguen a ser más llamativos que la historia en sí.

“El Llamado Salvaje” no es una película perfecta, tiene algunas falencias de guion, algunos de sus personajes (particularmente los villanos) son algo caricaturescos y el final se vuelve sobre explicativo, alargándose y siendo innecesariamente cursi. Sin embargo, al igual que el viaje de Buck, es una película con altos y bajos: una vez terminada, es un viaje que valió la pena tomar. Y no sólo eso, es también un buen ejemplo de las posibilidades narrativas que puede tener el uso de CGI en el cine, si dejamos de centrarnos en el aspecto técnico y volvemos a concentrarnos en la historia y los personajes.


Título Original: The Call Of The Wild

Director: Chris Sanders

Duración: 105 minutos

Año: 2020

Reparto: Harrison Ford, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan, Omar Sy, Jean Louisa Kelly, Terry Notary, Cara Gee, Colin Woodell, Wes Brown, Anthony Molinari, Brad Greenquist


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