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Vicio Propio

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Tras casi dos décadas de trabajo, el lugar de Paul Thomas Anderson en el panteón cinéfilo donde se ubica a los maestros contemporáneos, es difícil de cuestionar. Sus estrenos suelen ser esperados con ansias por la garantizada calidad de las obras que produce, pero también con el interés de descubrir qué camino se adentrará a explorar un realizador que ha demostrado que, el mayor hilo que une las cintas en su filmografía, es la ambición con las que las aborda y la escala que con ellas alcanza, abarcando distintos temas y géneros, centrándose a veces en un protagonista definido y otras en grandes elencos, adaptando o escribiendo obras originales, pero siempre detrás de algún interés que nos motiva a seguirlo. Aquí el desafío es “Vicio Propio”, basada en el libro del legendario y misterioso autor norteamericano Thomas Pynchon, quien, conocido por sus novelas densas, nunca antes había permitido una adaptación cinematográfica de su trabajo.

INHERENT VICE 04Son los 70 y California está sumida en la somnolencia de un verano tomado por los hippies. Larry “Doc” Sportello (Joaquín Phoenix) es un investigador privado constantemente drogado y confundido, que una noche es visitado por su ex Shasta Fay Hepworth (Katherine Waterson), quien le pide ayuda para resolver un aprieto en el que está metida con su pareja actual, un magnate de los bienes raíces, la esposa de él y el novio de ella. Naturalmente, la situación que le presenta es sólo la punta del iceberg y ella desaparece a medida que comienzan a multiplicarse los personajes involucrados en un caso que rápidamente empieza a dar giros y a apuntar a distintas direcciones, y que va sumiendo a Doc en algo más oscuro y peligroso de lo pensado originalmente.

Tras su estreno, y probablemente influenciados por la novela que sirve de base, se le tildó a la cinta de compleja y difícil de seguir, pero estas acusaciones no debieran ser preocupantes. La película puede requerir la atención sostenida del espectador –después de todo, su estructura básicamente consiste en la acumulación sucesiva y creciente de información respectiva al caso-, pero no termina siendo intrincada o inaccesible. La duración puede ser un punto de rechazo más válido: casi dos horas y media de conversaciones podrían resultar agotadoras, pero Anderson se toma su tiempo con cada personaje que Sportello se topa, dándole a la gran mayoría de ellos su momento para destacar. Un recurso recurrente que utiliza es el de presentar a los personajes satelitales en largos planos ininterrumpidos con un lento travelling que nos acerca a ellos. Es una forma de mostrar con simpleza quiénes son los demás involucrados en la historia, cuál es su relación con el protagonista y qué es lo que pueden aportar al caso mientras el rápido y ocurrente diálogo tiene lugar.

INHERENT VICE 02Y dichas conversaciones son una gran plataforma para regodearse del nivel del elenco que aquí ha juntado el director. Es desde “Magnolia” (1999) que Anderson no trabajaba con un reparto de este tamaño y estatus, y es que, aunque el personaje de Phoenix sea el claro protagonista, los secundarios son fundamentales para mantener la película a flote, aportando el humor y complejizándola paso a paso. Katherine Waterson es todo lo atractiva y enigmática que Shasta Fay necesita ser, para que comprendamos por qué es capaz de poner en marcha todo el embrollo en que terminamos metidos, y Josh Brolin se roba cada escena como el agresivo “Bigfoot” Bjornsen, un policía obligado a cooperar con Sportello a pesar de un desdén hacia su estilo de vida liberal que no se esfuerza por ocultar. Joanna Newsom es Sortilège, una etérea presencia incondicional que se asoma de vez en cuando, y que sirve como narradora de la película entera. Este es un agregado interesante y una de las mayores fuentes de un humor que no parece deliberado: los pasajes que relata su narradora sirven para explicar detalles del pasado y completar información que alguna escena no entregue por completo, pero están decorados por la subjetividad de una hippie impresionable y con afinidad por lo astrológico y metafórico, dotando a escenas más serias y sombrías de una bienvenida ironía.

La película es, primero que nada, una historia de crimen y detectives, pero está consumida por un humor absurdo que la hace sentirse particular en la forma en que mezcla estilos y géneros. Es, simultáneamente, la comedia stoner de un investigador privado que a duras penas puede abrir los ojos para enfocarse en el caso que tiene delante, un misterio noir de clase B y un drama maduro con el peso y la solemnidad que Anderson suele imprimirle a su trabajo. Es forma más que fondo, pero INHERENT VICE 03aunque se intuya que no hay mayor profundidad en lo que se presenta, es un gran ejercicio estilístico: bellas secuencias melancólicas en los que el protagonista recuerda su relación con la desaparecida, se mezclan con simples gags sexuales en un acabado sorprendentemente coherente, que demuestra la intención de un realizador que prefiere no ceñirse a un único tono, sino testear los límites que estos presentan y a los que estamos acostumbrados.

Es una película que seguramente se beneficiará de visionados posteriores, y cuyo estado como filme de culto se puede empezar a oler desde su mero estreno. Es un destino similar al que muchos predijeron para la última obra de Anderson, “The Master” (2013), aunque por razones muy distintas. Donde aquella despertó curiosidad por ser inescrutable, “Vicio Propio” lo hace por ser simplemente peculiar. Por ser distinta, tanto a las demás entradas en la filmografía de Anderson como a lo que se puede ver en cartelera estos días, al mismo tiempo que es quizás una mezcolanza de las más clásicas convenciones de distintos géneros. Por hallar originalidad en lo reciclado y por ser su propia clase de animal: serio, cómico, ridículo, absurdo, bizarro, frustrante y brillante, y por dejarnos –como era de esperar- pendientes de lo que el director nos tendrá para ofrecer la próxima vez.

Por Ignacio Goldaracena

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Maléfica: Dueña del Mal

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Maléfica

El estreno de producciones animadas Disney en versiones live action ha traído discusiones frente a la real relevancia que dichas cintas tienen en el panorama actual. Y lo cierto es que la curiosidad de la audiencia asegura el éxito comercial. Sin embargo, el duplicado de estas producciones, dejando a un lado la originalidad de sus primeras versiones, obliga a recurrir a una expansión un poco más libre sobre la interpretación de los cuentos clásicos que inspiraron las obras del estudio. En este caso, el estreno de “Maleficent” en 2014 insinuó ciertos elementos que pretendían otorgar frescura a la reinvención de la malvada antagonista de “Sleeping Beauty” (1959).

Luego de varios años de los hechos ocurridos en la primera cinta, “Maléfica: Dueña del Mal” se centra en la relación que la oscura hada (Angelina Jolie) tiene con Aurora (Elle Fanning), luego de que esta anunciara su matrimonio con el príncipe Phillip (Harris Dickinson). La unión entre el reino y el páramo traerá rencillas entre humanos y hadas, poniendo a Maléfica y Aurora en lados opuestos para, a la vez, enfrentarse a un enemigo en común.

La primera cinta, con énfasis en la oscura hada, centraba su atención en cómo la traición forjaba las motivaciones de Maléfica, llevándola a actuar en venganza, siendo este su principal motor. La villana, que aparecía en la cinta original de 1959, se despojaba de un velo superficial, permitiendo escarbar entre sus profundas heridas y dejando entrever las razones para seguir con un plan trazado desde el momento en que se vio decepcionada con la raza humana.

Esta segunda parte deja a un lado la exploración de Maléfica hacia su pasado, concentrándose principalmente en su relación con Aurora y cómo juntas han mantenido la paz entre las criaturas del páramo y el reino de los humanos. Entre ellas se ha forjado un lazo cercano al de madre e hija, y los momentos retratados a solas dan cuenta de cómo su relación ha evolucionado y, al mismo tiempo, sitúa la urgencia cuando la paz que han construido se ve amenazada por el miedo y el poder de una fuerza externa que aparece temprano en el desarrollo del relato.

Una vez separadas, la cinta se toma el tiempo para explorar un lado más vulnerable de Maléfica, el que tiene relación con el origen de su raza y la forma en que la nueva conexión con los de su especie servirá como llama para encender una lucha interna que se veía apagada. Sin embargo, la exploración de aquel lado es trabajado de tal manera, que sólo la superficie es visible, pero no deja espacio para profundizar en cómo este descubrimiento realmente afecta a la protagonista, otorgando a la audiencia llenar ciertos espacios sólo gracias a las reacciones que el personaje tiene frente a ciertos estímulos.

La construcción visual del mundo ficticio donde habitan los personajes está basada principalmente en CGI, recurso que apoya la exploración de un mundo que sobreexplota colores y el diseño de algunas de las criaturas que habitan el lugar. El uso de imágenes creadas digitalmente está justificado frente al mundo de fantasía que se está presentando, pero, al mismo tiempo, su uso afecta visualmente la interacción entre humanos y criaturas, por lo tanto, es necesario entrar en este universo con ojos crédulos frente a lo que ocurre en pantalla.

Dirigida claramente para un público infantil, “Maléfica: Dueña del Mal” no reúne el mínimo compendio de características para sostenerse como una secuela necesaria, olvidando los elementos que le otorgaron frescura a su antecesora y fallando principalmente en la exploración de su protagonista, quien con sus apariciones no justifica la existencia de esta producción.


Título Original: Maleficent: Mistress of Evil

Director: Joachim Rønning

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Angelina Jolie, Michelle Pfeiffer, Elle Fanning, Ed Skrein, Chiwetel Ejiofor, Juno Temple, Sam Riley, David Gyasi, Lesley Manville, Imelda Staunton, Harris Dickinson, Jenn Murray


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