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Valiente

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Después del bajón que supuso “Cars 2” (2011) en la escalada de éxitos de Pixar, era justo pensar que en su siguiente estreno llegaría la reivindicación. “Valiente”, cumple con reivindicar al estudio, no así con las expectativas que muchos depositaron en una aventura que pintaba como gigante y épica, pero que resulta ser íntima y sumamente personal.

Merida es la joven princesa de un gran reino, compuesto por cuatro clanes, que viven en un frágil estado de tregua. Impetuosa e independiente, Merida está destinada a casarse y heredar la corona, un sino que su madre se ha dedicado a cultivar, haciendo de la vida de Merida una rutina de formalidades insoportables, que llegan a su momento cúlmine, cuando tres pretendientes –pertenecientes a los clanes en pugna- llegan a disputar su mano. Agobiada por la injusticia de su destino y la completa negación de su madre por impedir el evento, Merida acude a una bruja, para que por medio de un hechizo cambie su destino.

“Valiente” ha sido tachada por la crítica y el público como una película menor dentro del catálogo del estudio. Nada más lejos de la realidad, pero por ningún motivo algo negativo. El viaje de Merida puede ser uno de los más metafóricos y humanos que haya ideado Pixar en su historia. Junto con “The Incredibles” (2004) y “Up” (2009), “Valiente” es la tercera película del estudio en contar con seres humanos como protagonistas, y marca el hito de contar con su primera protagonista femenina. Si en “Up” nos acercábamos a la nostalgia de los últimos días en la vida de un hombre, en “Valiente” vivimos el fervor de la adolescencia. Merida es una chica impulsiva y rebelde, cuyo principal obstáculo es la fuerza opresiva de su madre, a quien ve como una verdadera bestia incapaz de comprender sus problemas. Y de eso se trata la película, de cómo Merida debe comprender al monstruo, y viceversa, para así lograr vislumbrar su destino, que no es otra cosa que la madurez. En ese sentido, la película triunfa al insertar con sutileza el subtexto en la trama, que muchas veces se siente como una mera excusa para hablar del tema de fondo. Y este es el mayor defecto de la película, y el por qué de que muchos hayan dado un voto negativo a la propuesta, porque el contexto de la aventura épica queda muy grande para una historia tan pequeña.

Este desequilibrio queda patente en líneas argumentales como la del feroz oso Mor’du, cuya relevancia en el desarrollo del personaje sirve para que éste tome conciencia de sus actos, pero a nivel de trama, su amenaza esta metida con calzador. Lo mismo ocurre con otras situaciones, que sólo sirven como escalón para el crecimiento interior de Merida, pero no como un aporte substancial a la sucesión de acontecimientos. Es como si Pixar hubiese sido victima de su propio peso al querer contar algo más contenido, pero a la vez, obligado a disfrazarlo de una súper producción. Entendible es el reproche que se ha dado al filme, porque después de todo, entre caballos, bestias y guerreros, ¿quién se hubiese esperado una historia de este tipo?

Donde Pixar sigue brillando es en la puesta en escena y diseño de producción de sus obras. Ambientada en tiempos medievales, muy similares a los mostrados en “How To Train Your Dragon” (2010) –la mejor película de animación de Dreamworks hasta la fecha-, “Valiente” derrocha belleza y perfección en cada plano. La animación sigue sorprendiendo, con detalles cada vez más logrados, y una naturalidad en sus personajes que cada vez se asemeja más a la de un actor de carne y hueso. Patrick Doyle se despacha una banda sonora inspiradora y muy en la línea de la película, dando justo en el tono cuando toca crear momentos de tensión, y delicado cuando debemos ponernos en la piel de Merida. A niveles técnicos y de dirección, la película está impecable.

Punto aparte es el cortometraje presentado como antesala de la cinta. “La Luna” (2012), dirigido por el italiano Enrico Casarosa. Es una breve historia sobre una familia, cuyo particular oficio es recolectar estrellas desde la superficie lunar. Minimalista y sumamente conmovedor, se instala como uno de esos trabajos memorable de la factoría, transmitiendo sencillez e introspección, que pueden ser las emociones indicadas para enfrentar el visionado de “Valiente”.

Pixar ha marcado grandes hitos en la historia del cine contemporáneo. Sus historias contienen una magia que pocos en la industria pueden lograr transmitir en estos días. “Valiente” se suma a la excelente carrera del estudio, no como una gran y memorable odisea, sino que como una pequeña –pero muy brillante- joya.

Por Sebastián Zumelzu

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Cine

Avengers: Infinity War

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Avengers: Infinity War

Un total de 2.299 minutos –más de 38 horas– repartidas a lo largo de 10 años conforman uno de los experimentos cinematográficos masivos más grandes y ambiciosos que se hayan completado, a menos en parte en nuestro tiempo. Con el establecimiento del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU), que comenzó oficialmente en 2008 con “Iron Man“, se cumple una década en que, a través de 18 películas de diferentes realizadores –la mayoría con la casa Disney por detrás–, han retratado en pantalla grande parte del vasto cosmos y otorgado de particulares estilos a los personajes creados por Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y otros genios de la tinta y el papel de historietas.

Con una fiel camada de fans alrededor del globo y un primer acercamiento en “Captain America: Civil War” (2016) a lo que sería tener tanto personaje en pantalla, la expectación creada ante un clímax apoteósico que auguraba la línea cronológica de los cómics (es necesario recordar que el MCU se desligo hace bastante de ese canon), la película más larga hasta la fecha nos entrega un goce visual para quienes siguen las historias de superhéroes hace años; un retorno quimérico en que cada escena post-crédito cobra sentido, y una experiencia insaciable de un viaje que es en realidad sólo la primera parte de algo mucho, mucho más grande.

Dos años después de los eventos de “Captain America: Civil War”, Thanos (Josh Brolin) emprende la búsqueda de las seis Gemas del Infinito: Poder, Realidad, Espacio, Tiempo, Alma y Mente, las que si son juntadas le otorgan al poseedor poder omnipotente. Esta empresa lo llevará a diferentes planetas, incluida la Tierra, lugar donde Los Vengadores y otros superhéroes deberán unir fuerzas para combatir al villano y salvar no sólo a la humanidad, sino que a todo el universo.

Tras una larga espera tan satisfactoria como completar un rompecabezas, pero a la vez tan desesperante como no encontrar las últimas piezas que faltan para armar la imagen completa, “Avengers: Infinity War” es una máquina de emociones alimentada por cada una de las cintas predecesoras en la cronología, que avanzan a través de cuatro y cinco historias simultáneas en las cuales los personajes que ya conocemos se van encontrando y en diferentes situaciones.

Esto le permite trabajar segura, con un balance ideal entre acción, drama y comedia, característica que no todas las cintas de este estilo han podido cultivar, pero que en esta penúltima entrega de la llamada Fase 3 del MCU se logra perfectamente. Los hermanos Russo, ya con bagaje en este mundo, la hacen funcionar orgánicamente y, pese a los temores de un aparente desorden, la veintena de personajes principales y secundarios célebres se rinden ante un protagonista inesperado, firme y completamente fascinante.

El suspenso que se crea desde la primera escena, cargada de un oscuro, sombrío y a ratos lúgubre tinte, señala que la madurez de los temas fundamentales desarrollados son consecuencia de todas las pequeñas acciones que ocurrieron previamente. Cada una de ellas tienen grandes derivaciones en la historia y, a pesar de que otras parecieron importantes en su momento y que acá pierden su peso, esta ficción es clara muestra de una obra construida con esmero, pensando en su pasado y, por supuesto, en su futuro.

Un gozo ‘ñoño’ especialmente exquisito para los fanáticos del MCU, que prácticamente han crecido junto a Marvel Studios y que ven cómo sus personajes favoritos ya están asentados, más maduros, pero no con menos energía. Y si hay una palabra que describe –al menos en parte– esta entrega, es: enérgica. De inicio a fin, incluso en las escenas más lentas y profundas, está la esencia indiscutible que hizo de las películas de superhéroes Marvel lo que son hoy. Dejando de lado las leves fallas y los lugares comunes de storytelling en los que siempre recaen, es la naturaleza de una épica inigualable la construcción de una fiereza que nos hace parte como espectadores, la que mantiene viva la llama en cada una de las historias y las que finalmente producen un frustrante y esperanzador deleite de principio a fin.

Hay escenas que recuerdan a las más legendarias batallas de la trilogía fantástica de Peter Jackson, y que llenan de un orgullo y un poder ajeno capaz de producir escalofríos o poner la piel de gallina. Y es esto precisamente el gran triunfo de esta cinta, que es capaz de crear expectación y construir un suspenso y una acción inigualables, a la vez que trabaja profundamente y desde diferentes prismas temáticas sobre el amor y la pérdida, todo en un mix balanceado con momentos hilarantes, junto a acción palomitera de la buena.

“Avengers: Infinity War” no escatima en utilizar los recursos visuales para completar una experiencia increíble; un caos ordenado de tomas delicadas y batallas con efectos del mayor nivel. Thanos, que gracias a Brolin y a la construcción física de su personaje infunde misterio y temor, va más allá de satisfacer las expectativas del villano, otorgándole además una tridimensionalidad imprevista, lo que es un gran acierto para el desarrollo del relato.

Para quienes no han seguido la línea de las cintas anteriores va a costar agarrar el tono de esta ficción, pues hay elementos esenciales que ya han aparecido, que explican la realización de las diferentes líneas argumentales, e incluso personajes veteranos que regresan del olvido. Porque, pese a la duración de su ejecución, no hay mucho tiempo para explicar lo que ya ha sido construido con antelación.

Puede sonar cursi y pretencioso, pero la magia que el MCU ha edificado a punta de ensayo, error y –digámoslo– repetición de lo que funciona, ha sido capaz de crear una épica fantástica de acción innegablemente trascendente. Es cierto que su objetivo macro es más taquilla que una reflexión posterior, pero la intensidad de su incuestionable legado le ha permitido llegar al punto donde está hoy en la cultura pop. Es así como una amalgama de emociones contradictorias y frenéticas se producen durante las 2 horas y 40 minutos en que todo se comienza a juntar, en la que los imprevistos son parte del juego y que, poco a poco, nos llevan a un clímax insospechado y conmovedor con todas sus letras. Poca ciencia detrás de un armado estándar, pero sí con reveses extraordinarios que no temen adentrarse a un lado oscuro y en algunos momentos desalentador.

Una prueba a la paciencia del fan, esta sinfonía épica de drama y acción –un gusto concedido, disfrute hermoso y terrible a la vez– no es el fin de una era como ilusamente creemos: es sólo el intermedio de un viaje que todavía no está hilado completamente. La única escena al final de todos los créditos no otorga explicaciones, sino que abre el portal hacia las dos últimas cintas que culminarán esta parte de la crónica fantástica para dar paso, de una vez por todas, al esperado final en la cuarta película de Los Vengadores prevista para 2019.


Título Original: Avengers: Infinity War

Director: Anthony Russo y Joe Russo

Duración: 149 minutos

Año: 2018

Reparto: Robert Downey Jr., Chris Evans, Scarlett Johansson, Chris Hemsworth, Chris Pratt, Samuel L. Jackson, Josh Brolin, Elizabeth Olsen, Jeremy Renner, Tom Holland, Benedict Cumberbatch, Tom Hiddleston


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