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Una Pistola en Cada Mano

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Esta comedia nos trae situaciones bastante amargas, pero sabe bien cómo hacernos reír con cada una de ellas, por más graves que suenen. Nos muestra la historia privada y decadente de ocho hombres adultos –siete españoles y un argentino- que representan los distintos problemas más actuales que vivimos como sociedad, sobre todo mientras más edad vamos alcanzando. Está el divorciado que UNA PISTOLA EN CADA MANO 01intenta recuperar a su mujer embarazada de otro hombre más joven; el que vive todavía con su mamá (y su gato); también al que le están siendo infiel y lo sabe desde hace tiempo; el que hace hasta lo más ridículo para recuperar su matrimonio para no llegar al divorcio; y el que quiere tener una amante pero sus técnicas de seducción no le resultan. Aquí el orgullo de los hombres queda por suelo frente a las mujeres que, aunque se muestran en un segundo plano, tienen el control de la mayoría de las humillantes situaciones que se muestran.

La producción española se basa en seis situaciones distintas que rápidamente nos cuentan su intimidad una por una, sin mezclarse, en clave coral, donde destaca, además del siempre efectivo trabajo de nombres como Ricardo Darín, Javier Cámara o Eduardo Noriega, la labor del reparto completo gracias a una impecable dirección de actores. “Una Pistola En Cada Mano” es una película que desnuda a los hombres, que cuenta los secretos que muchos esconden –más de los que nos podemos imaginar- y que no queremos que nadie se entere. Algo que no sólo vive el género masculino; todos tenemos algo vergonzoso que esconder, hombres y mujeres. Después de todo, la vida no es como la imaginábamos cuando pequeños; “nadie nos dijo que iba a ser tan duro, ni un manual de instrucciones ni nada”, dice unos de los personajes a otro, alegrándose de todas formas de UNA PISTOLA EN CADA MANO 02sentirse acompañado con los problemas de su amigo de la infancia; problemas que después de escucharlos, su vida ya no sonaba tan mala como la pensaba. Esa frase entre comillas representa a la perfección lo que todos hemos pensado alguna vez, en muchas situaciones, pero la película nos muestra que, a pesar de todo, podemos tomarlo con humor y vivir con ello. De todas formas, al igual que los personajes, no tenemos muchas alternativas.

Ocupando muchos primeros planos que nos acercan a la intimidad de los personajes, logra que sintamos la vergüenza que ellos mismos experimentan. Los planos generales también están presentes en la película, ayudándonos a ver lo ridículas que se ven estas situaciones miradas desde afuera, como dándonos la posibilidad de apuntar con el dedo por algo que también deberían apuntarnos a nosotros. Así hace que nos miremos el ombligo y pensemos en los demás que nos rodean día a día, todos ahí, plasmados en la pantalla grande de alguna forma u otra, lo que se logra también gracias a UNA PISTOLA EN CADA MANO 03los silencios que otorga la película en sus escenas, sobre todo al final de cada una de ellas, que nos dan el tiempo para reflexionar en lo que acaba de ocurrir y vincularlo a nuestra propia vida o a la de alguien que podríamos conocer.

Finalmente, estos ocho hombres, con los problemas que tienen y ocultan igual que nosotros lo hacemos con los nuestros, nos demuestran que confiamos poco en la gente, que no hablamos de nosotros cuando no nos conviene, que preferimos el silencio a la aceptación, y que no somos tan amigos entre nosotros como queremos parecer. El film da pie para reírse de uno mismo frente a un espejo hasta de las situaciones más humillantes, de ver que no somos únicos y que todos guardamos secretos ridículos y extraños que nadie más pareciera tener, aunque finalmente no podríamos estar más equivocados al pensar esto último.

Por Mariana Arellano

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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