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Una Mujer Fantástica

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Nuevos directores entran en una etapa de madurez creativa, y esa es una realidad cautivante de observar. En especial, estudiar los inicios, rastrear las huellas, establecer los núcleos de filmografías, ver los materiales que se desechan y los que se incorporan. Es un asunto que está pasando con una generación completa de cineastas chilenos, encabezada probablemente por Pablo Larraín, a estas alturas despegado del lote y haciendo obras espléndidas como “Jackie” (2016). Estacionado como uno de los insignes de ese clan también aparece Sebastián Lelio, que al realizar “Gloria” (2013) se anotó con una de las películas más agudas y finas que se recuerde en las últimas dos décadas de producción nacional, sin duda las más prolíficas de la historia. Caballo que gana, repite, por lo que el también director de “Navidad” (2009) da forma a otro retrato femenino, cargado de una fuerza narrativa y visual que parece haber bañado su visión cinematográfica de modo indeleble.

Esta es en un comienzo la historia de Marina (Daniela Vega) y Orlando (Francisco Reyes), una pareja que mantiene una gran diferencia de edad y parece provenir desde mundos distintos, pero que por sobre todo se ama. La partida de él ocasiona la disolución de todos los planes que tenían y da inicio a una dura lucha de Marina, mujer transexual que aspira a ser cantante, por poder estar presente y resistir a los hostigamientos y violencias de la familia de su amado. Aun en medio del duelo y cuestionada desde todos los lugares, ella peleará por hacer lo que siente correcto y no desertar.

Como cualquier artista o creador, hay cineastas que entran en rachas impresionantes de vez en cuando, en que hilan varias obras de calidad exuberante. Lelio parece haber iniciado con “Gloria” un camino refulgente y “Una Mujer Fantástica” es la perfecta continuidad y expansión de ese mundo tan delicioso, sentido y complejo que le habíamos conocido. Si todo marcha como hasta ahora, “Disobedience”, que filma con Rachel Weisz y Rachel McAdams, debiera completar el triángulo que forme una serie fundamental del director chileno.

Este, su quinto filme, le abre las puertas hacia algo igualmente bello, pero teñido de una realidad que golpea duro. La pérdida y el amor cruzan el relato, pero el tema de la película, aquel que la guía desde que se instala en el hospital, es sin duda el desenvolvimiento de su protagonista al lidiar con las acciones y palabras de mentes estrechas que, para peor suerte, pueden coartar su existencia. Lelio escoge poner a su personaje en una situación crítica y ver cómo un ser tan lleno de amor y fulgor se enfrenta a una violencia latente en sociedades machistas y ultraconservadoras como la chilena. Ese retrato tiene capas múltiples y claramente su visión, su cariño y su esmero están con Marina y en cómo sobrelleva todo. Ahí el cineasta se dedica a urdir con una delicadeza y una humanidad que resultan descollantes, y que encuentran una interpretación de luz por parte de Daniela Vega, una actriz con una capacidad emotiva que completa la cinta y prueba su estampa de fulminante estrella nacional.

Pero más allá de todos los tipos de violencias desperdigados a lo largo del relato, es su dignidad lo que más le interesa a Lelio. Por eso la deja -al igual que a Gloria- libre en el cosmos, cerca de algo que no es tangible, pero que parece llenar la pantalla y la vida de quien está sentado. Es mágico lo que produce su cine, y aún más cuando idea momentos que escapan a lo terrenal y se constituyen imágenes maravillosas, que exaltan a la protagonista y empequeñecen a quienes intentan atropellarla. El desarrollo de ese recurso lleva a que sea fuera de las palabras donde más brille la película: sensible, poderosa y política.

También con esa virtud es que instala la transexualidad y le concede un desarrollo vigoroso y cálido, muestra de un director que ama a su creación. Con eso como fin, conduce una historia simple, que abarca apenas unos días, dándole nuevas texturas hasta el final, como intentando pulir un tesoro y encontrar la perfección, en este caso la esencia y la evolución de Marina, alguien con todo resuelto que no necesita ni salvadores ni pañuelos de lágrimas, sólo seguir viviendo con su mismo esplendor. Evitando orientarse por lo condescendiente, por momentos la protagonista parece escurrirse entre los dedos y no es posible anticiparse a ella, signo de que el realizador no la aprisiona y la filma con la devoción de quien está seguro cuenta con el mejor personaje que un narrador podría tener.

Desde una cinematografía exquisita, de una elegancia que absorbe, hasta una exploración de lo femenino que hace palidecer al Almodóvar del último tiempo, “Una Mujer Fantástica” se apodera de un lugar de privilegio dentro de los estrenos del último tiempo. Con una Vega estelar y un reparto siempre eficaz, además de una gran banda sonora del músico inglés de electrónica Matthew Herbert, la cinta se macera hasta consolidarse como una obra que deja preguntas y transmite sensaciones que sólo las películas majestuosas generan. Lelio camina hacia compartir con los más grandes, y hoy, luego de una muestra de cine urgente y delicado, sólo queremos ver qué más puede salir de su ojo incisivo y radiante.

Por Gonzalo Valdivia

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Star Wars: Los Últimos Jedi

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Star Wars: Los Últimos Jedi

Enfrentarse al desafío de continuar el legado de la magnánima franquicia de Star Wars, es un reto que no sólo debe tomarse con precaución, sino también con valentía. “Star Wars: Los Últimos Jedi” se posiciona en la cartelera con el camino bien pavimentado. Tras la sorpresiva aparición de “The Force Awakens” (2015) y el arrollador éxito de “Rogue One” (2016), el episodio ocho tiene por desafío mantener (y elevar) la barra de calidad que sus dos antecesoras han cimentado. Así como sus protagonistas tienen la responsabilidad de hacerse cargo del lado luminoso y oscuro de La Fuerza, esta película tiene como meta no sólo entretener y dar taquilla, sino cambiar el paradigma con el cual la saga se ha abordado en sus cuarenta años de historia.

La película retoma donde nos dejó el episodio VII. La primera orden ha destruido a la nueva República y, a pesar de haber perdido la base Starkiller, su superioridad militar respecto a la resistencia deja a los rebeldes al borde de la desaparición. Por otro lado, la chatarrera sensible a La Fuerza, Rey (Daisy Ridley), intenta traer de vuelta a la resistencia al legendario y deprimido Jedi, Luke Skywalker (Mark Hamill). La paz en la galaxia pende de un hilo y las fuerzas de ambos bandos se jugarán todas sus cartas en un choque inevitable, del cual uno de los dos no saldrá bien parado.

La trama de “Los Últimos Jedi” no deja espacios para respirar. Juega a tres bandas argumentales que consiguen conjugarse con la armoniosa astucia que sólo Disney parece conocer: la tensa acción, la sensible introspección y la rápida comedia. Porque sí, “Los Últimos Jedi” encaja perfectamente en la efectiva fórmula de las películas de Marvel; un equilibrio eficaz entre el vértigo, la intimidad y el cómodo drama, todo condimentado con amplias dosis de risas fáciles. Gracias a esto, la trama planteada por el director y guionista, Rian Johnson, consigue avanzar rápidamente y no deja muchos momentos para la discusión (aunque después del análisis ciertas cosas no cuadran mucho). Aun así, la historia se hilvana perfectamente con la línea editorial planteada en “The Force Awakens”, o más bien consigue madurar esas directrices y las empuja hacia los límites que su cinética narrativa permite. El guion avanza en tres líneas narrativas que progresan con una lógica aceptable y que consigue sumergirnos en el suspenso, la intriga y, sobre todo, la sobretonal emoción que la película pretende ostentar.

Los personajes se dividen en dos grupos claramente definidos: la nueva generación y las antiguas leyendas. Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), rostros habituales, encabezan cada uno un arco argumental cargado de tensión y contratiempos. Finn juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama entre la resistencia/primera orden y, aunque sus acciones se delimiten más por el azar que por mérito propio, consigue desarrollar una historia funcional y sin vueltas muy complejas. Dameron, por otro lado, finalmente protagoniza la trama que se le debía desde el episodio pasado y, como comandante de la resistencia, se enfrenta a decisiones morales que conllevan a enfrentar un tópico recurrente en el universo Star Wars: la impetuosa juventud versus la sabiduría que da la experiencia ¿Qué es más necesario, mártires o líderes? Una reflexión que la franquicia había obviado y que, por fin, se materializa con orgánica eficacia en la trama del piloto más hábil de la resistencia.

Pero todo esto no es más que un acompañamiento para lo realmente interesante, Rey y Kylo Ren (Adam Driver), quienes se roban toda la atención del filme al ser, quizás, los personajes de la franquicia fílmica que mayor conexión tienen con La Fuerza. En este punto, Johnson consigue un sorprendente manejo del suspenso y la inmersión. Nos mantiene capturados durante toda la película en espera a ver cómo se resuelven las dudas planteadas en el episodio anterior y consigue cosechar un crecimiento, si bien no sobresaliente, al menos creíble de sus nuevos héroes. El manejo del misterio y la intriga en la trama de los dos sensibles a La Fuerza es el punto más destacado de esta historia, la cual no termina por sorprender, pero si consigue coherencia y solidez respecto a los personajes que construye. Rey evoluciona, con sentido y razón, pero sigue siendo un personaje plano y bidimensional, mientras que Kylo Ren no hace más que avanzar, a veces desde la puberta hipérbole, como el gran protagonista de la nueva franquicia.  Ambos son los indiscutibles líderes de esta nueva camada de películas, quienes, en distinta medida, mantienen con vida la ambigüedad que implica La Fuerza, la luz y el lado oscuro; lo correcto y lo necesario.

Por otra parte, es imposible obviar a las leyendas Luke Skywalker y Leia Organa (Carrie Fisher). La princesa cumple su rol como general y personaje de apoyo, mientras que Luke, en esta faceta decaída y cabizbaja, entrega una interesante interpretación como último y decadente maestro Jedi. En este punto vale la pena detenerse, pues Disney parece no tener escrúpulos en volver evidente su divorcio con el legado de George Lucas y continuar con su insípido manejo de los personajes clásicos. Los hermanos Skywalker tienen limitados momentos propios a lo largo del filme, pero, por cómo se les aborda, pareciera que cuarenta años de legado súbitamente han desaparecido en provecho de los nuevos protagonistas. Asimismo, los secundarios “de antaño” han desparecido casi por completo y sus participaciones son limitadas a la comedia y los gags. Una lástima.

En lo técnico la película es un acierto en todas sus áreas. Fotográficamente, la madurez de la saga salta a la vista. Diversos fotogramas nos entregas variadas metáforas visuales que nos hablan del mundo interno de los personajes, como la frustración que siente Luke o la soledad que rodea a Rey y Kylo. La música, a cargo del maestro John Williams, se empareja con el montaje y levantan escenas enteras, entregándonos un espectáculo de vértigo, suspenso y emociones.

Visualmente el filme es un éxito en justa regla. La brutal pericia de la post producción demostrada por LucasFilm en las dos entregas anteriores alcanza su peak en este momento, dando vida a mundos llenos de detalles (el caso de los planetas) y dotando de espectacularidad toda la marcialidad de la Nueva Orden. En terrenos espaciales, las batallas están logradas bastante bien y, aunque limitadas, divierten dentro de lo posible. En general los combates, espaciales y terrestres, no son el plato fuerte del filme (en comparación con la suprema “Rogue One”), no así las coreografías e intrépidas batallas de sables láser y similares, las cuales deslumbran gratamente. Esta es una película que visualmente envejecerá muy bien y cuyos méritos en ese apartado no pasan solamente por la solidez de sus efectos especiales, sino también por la clara sensibilidad detrás de su visión fotográfica y su armado de montaje.

“Los Últimos Jedi” finalmente se libera de la mochila que implica cargar con ocho películas en su espalda y, a la velocidad de la luz, emprende vuelo propio en pos de la nueva generación, tanto de héroes como de espectadores. Los tiempos han cambiado y así mismo lo han hecho las audiencias y los realizadores, por lo que es obvio que la narrativa de Star Wars mute hacia la sintonía de Disney y sus otras patentes: comedia fácil, villanos planos y héroes bidimensionales que coexisten en una trama de manual escrita por talentosos guionistas. Si “The Force Awakens” fue un evidente tributo a la trilogía original, “Los Últimos Jedi” toma limitados y puntuales elementos de la saga, les da identidad propia y consigue entregarnos algo jamás visto, nuevo y propio. Quienes esperen revisionar “The Empire Strikes Back” (1980), acá no la van a encontrar. La saga ha tomado su propia ruta y, salvo puntuales momentos, delimita un nuevo camino por el que continuará la franquicia; no hay vuelta atrás. El filme es el heredero perfecto para la línea editorial planteada en el episodio VII, la hija prodigio de la space opera de J.J. Abrams. Sea esto bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.


Título Original: Star Wars: The Last Jedi

Director: Rian Johnson

Duración: 152 minutos

Año: 2017

Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Óscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis


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