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Cine

Un Caballo Llamado Elefante

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Dos películas de drama repartidas en 12 años de carrera de director como historia previa de un filme de corte infantil. Claramente, aquel es uno de los apuntes sugerentes que figuran al acercarse a la nueva cinta de Andrés Waissbluth –“Los Debutantes” (2003), “199 Recetas Para Ser Feliz” (2008)– que se enfoca de manera alegre hacia un público al que el cine chileno no ha dedicado especial atención. La sola ideal del viraje del realizador, sin embargo, no debiera concentrar la mayor parte de las miradas. Los cambios de registro suelen ser cuestiones nimias, en especial cuando quien orquesta confía en el material y cuenta con destreza para impulsarlo. Es un poco más complejo en los casos en que los defectos reinan, aunque de todos modos los análisis debieran enfilarse directamente hacia la obra.

UN CABALLO LLAMADO ELEFANTE 01En la cinta es difícil definir con precisión de qué época y lugar se trata, pero algo ayuda a orientarse alcanzar a escuchar, en una ocasión, a la madre de Roberto (Tomás Arriagada) y Lalo (Joaquín Saldaña), dos hermanos de 8 y 10 años que llegan a despedirse de su agonizante abuelo, un hombre de un millar de historias que les deja la misión de liberar al negro caballo Elefante. Pese a que uno lo desea mucho más que el otro, ambos niños terminan protagonizando un escape que los lleva a encontrarse con unos bribones que los capturan, y luego, con una galería de personajes de un circo itinerante que emulan a los de la historieta favorita de Roberto. La más importante de ellos, Manuela (Ana Sofía Durand), una chica de similar edad con la que se encariñan.

El compromiso de liberar el alma del abuelo, una idea enternecedora –quién podría negarlo–, se configura en una aventura de corto alcance: llegan al circo y ahí acontece la mayor porción del filme. Ese signo de estrecha ambición tiene correlación con lo que es la película: un intento de cine infantil con mensaje evidente y directo, que no alcanza a cristalizar los reducidos descubrimientos que se le van apareciendo. La cinta está inspirada lejanamente en una historia de Eduardo “Lalo” Parra, y se toma la libertad de mezclar acentos, inyectar un dejo de fantasía y situar la historia en un lugar que pasa por neutral ante ojos latinoamericanos. Ese es, por lejos, su mayor acto de audacia, pues, decantada en trenzar un relato en que el norte sea claro y todo lo que ocurra tenga congruencia, la película culmina en un ejercicio muy tímido.

UN CABALLO LLAMADO ELEFANTE 02De partida, no se adentra en profundidad en la mirada de los niños, terreno siempre fértil en que se multiplican las alternativas. Donde más lejos llega en esa dirección, es cuando Roberto echa a volar su imaginación y se agregan recreaciones en movimiento del comic que van a la par de la trama central. Si bien en el regreso a la realidad se producen los momentos más agraciados del filme, en general el recurso es empleado con extrema sobriedad y tendencia al esquema y a la reiteración, de modo que esas anexiones no se transforman en la vía mediante la cual la cinta adquiere emoción o fuerza.

Tampoco, por cierto, encuentra esos atributos en otros lados. Su inventiva visual está muy contenida y sus paisajes no tienen encanto, mientras que el relato progresa del modo más pedestre posible, sin que ocurra nada que despercuda de manera decisiva. Aparece la figura de un padre maltratador, a los hermanos les toca pasar por muchos malos ratos, proliferan los personajes que son solo lo que sugiere su presentación, y hay un misterio con mediano interés, transitando todo con una apacibilidad que no cautiva. Lo que al final resulta más vistoso es Manuela, un personaje que, más fruto de un buen trabajo de casting y una correcta interpretación de Ana Sofía Durand, proporciona la cuota de delicadeza y convicción que el conjunto no tiene en abundancia.

UN CABALLO LLAMADO ELEFANTE 03Dicho eso, la película ve seriamente dañada sus posibilidades por un trabajo muy desajustado en el doblaje, específicamente en el de la dupla protagonista. Que sea muy neutral es lo de menos; lo que desconcierta es que el énfasis de lo que se escucha –siempre entusiasta y aventurero– no tiene correspondencia con la expresividad actoral de los nóveles actores. Se persigue levantar la emoción o la intensidad de un material original que la tiene en bajísimas dosis y, con una ejecución errática, se sepulta cualquier chance de vuelo que pueda emprender la obra.

Arrimada a la visión del viaje como experiencia de crecimiento, sus personajes indudablemente evolucionan y hay lecciones incorporadas, aunque eso se cumple a un nivel muy precario: nada fue tan significativo ni orgánico como debería haber sido. La cinta se queda cobijada en un espacio muy cómodo y angosto, y por ahí viene la paradoja. Sus protagonistas, sin quererlo, salen en busca de conocer el mundo y vivir experiencias, pero la película misma carece de ese arrojo. Nadie la mueve de su lugar y, aparte de gustar en niños muy pequeños, difícilmente resista en el recuerdo por razones que escapen a su condición de ser uno de los pocos largos infantiles no animados facturados en Latinoamérica.

Por Gonzalo Valdivia

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Doctor Sueño

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Doctor Sueño

The Shining” (1980) de Stanley Kubrick y la novela de Stephen King en que está basada, son sin duda una de las historias más alabadas y adoradas de la historia, siendo ambas analizadas hasta el día de hoy en el estudio de sus respectivas disciplinas. Por lo que, cuando Stephen King anunció una secuela que seguiría la vida de Dan Torrance, uno de sus protagonistas, los fans se mostraron tan entusiastas como sospechosos. El resultado fue “Doctor Sueño”, una novela que se mueve en el mundo del suspenso y la aventura más que en el terror visceral de la primera parte.

La adaptación cinematográfica está a cargo de Mike Flanagan, un realizador cuyo nombre ya debiera ser conocido para fanáticos del género, que con cintas como “Oculus” (2013) y la serie de Netflix “The Haunting of Hill House” (2017) no sólo se ha perfilado como uno de los realizadores de terror más exitosos del último tiempo, sino como un acérrimo fanático de Stephen King, utilizando recursos narrativos similares, e incluso adaptando una de sus novelas menos conocidas, “Gerald’s Game” (2015). Sin embargo, pareciera que es en parte esta devoción al trabajo del escritor lo que hace que “Doctor Sueño” fracase en muchos aspectos, apoyándose demasiado en la nostalgia sin ofrecer suficiente sustancia.

“Doctor Sueño” continúa con la vida de Dan Torrance (Ewan McGregor), uno de los protagonistas de la primera película, a medida que aprende a lidiar con sus poderes sobrenaturales, buscando principalmente suprimirlos. Sin embargo, cuando Abra (Kyliegh Curra), una niña que “resplandece” poderosamente, comienza a comunicarse con él, un adulto y más maduro Dan se ve enfrentado a un grupo de vampiros liderados por la siniestra Rosa, La Chistera (Rebecca Ferguson), que se alimentan del poder telepático que personas como Abra y él mismo poseen. De esta manera se teje una trama de gato y ratón que, si bien tiene elementos interesantes, a ratos se siente algo tonta.

Uno de los elementos más llamativos de la película es la profundización en los poderes de Dan y la revelación de este culto de seres antiguos que sobreviven en base a la energía que roban de gente con habilidades similares. “El Nudo Verdadero”, como se autodenominan, a pesar de ser entidades sumamente poderosas y antiguas que han existido por siglos alimentándose de la energía de las personas que “resplandecen”, nunca se sienten como una real amenaza, ya que los primeros encuentros que los protagonistas tienen con ellos no provocan grandes consecuencias. Casi se sienten como pares, como adversarios en un mismo nivel, generando que haya poco en juego realmente. Por otro lado, el procedimiento que el grupo usa para extraer la energía telepática es algo desconcertante. Sin entrar en detalles, el efecto visual resulta incómodo y a ratos se ve francamente ridículo, lo que termina por eliminar cualquier tipo de temor que los antagonistas podrían causar en el espectador.

Por otra parte, casi todos los personajes se sienten superficiales y aburridos. Tanto Rosa como Abra son acartonadas y caricaturescas, y sus enfrentamientos siempre están cargados hacia la teatralidad y la exageración, lo que distrae un poco del conflicto. Dan Torrance, por otro lado, se siente soso y sin vida, y el filme se apoya demasiado en que la audiencia ya lo conoce. Su lucha contra el alcoholismo y los fantasmas de su pasado se reduce a un par de pesadillas y una que otra escena en que mira una botella de whisky mientras suena una música tensa. Si suena algo burdo, es porque lo es. Todo lo demás es material casi reciclado de “The Shining” en forma de flashbacks calcados de la película original.

Esto lleva a que la película, buscando apelar a la nostalgia, se apoye demasiado en los recuerdos que su público tiene de la obra original. La misma música incidental y planos que emulan secuencias emblemáticas de la película original, entre otros guiños, se sienten forzados. Es como si los realizadores no hubieran tenido suficiente confianza en el material con que trabajaban y hubieran necesitado recordar constantemente a la audiencia que el presente relato es la continuación de una historia ya venerada, más que una película que funciona por sí misma. Más que intentar capturar lo que hizo que “The Shining” tuviera cierto impacto en la audiencia y hacerlo propio, “Doctor Sueño” pareciera simplemente aprovecharse de los aciertos del filme anterior, fallando en el intento.


Título Original: Doctor Sleep

Director: Mike Flanagan

Duración: 152 minutos

Año: 2019

Reparto: Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Kyliegh Curran, Zahn McClarnon, Carl Lumbly, Alex Essoe, Bruce Greenwood, Jacob Tremblay, Catherine Parker, Robert Longstreet


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