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Cine

Transcendence: Identidad Virtual

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El ser humano, haciendo uso de su capacidad racional, se ha planteado múltiples interrogantes conforme han avanzado los tiempos en pro de su bienestar. De esa forma ha superado obstáculos, resuelto necesidades, y propuesto innovaciones que en décadas pasadas habrían sonado como una ilusa utopía. No obstante, hay una pregunta que hasta el día de hoy aguarda respuesta: ¿cómo vencer a la muerte? Es que frente al destino insoslayable nos volvemos conscientes, como simples mortales, de nuestra insignificancia. La muerte es la única real certeza que tenemos, y el proponerse burlarla entremezcla obstinación, motivación y lucha, ingredientes dramáticos que, por cierto, configuran un atractivo guión de cine. Es una premisa siempre contingente, después de todo, y quizás cada vez TRANSCENDENCE 01menos descabellada si consideramos la vertiginosa rapidez con que siguen avanzando la ciencia y la tecnología. Aronofsky planteó una versión romantizada y muy surrealista en “The Fountain” (2006), contando la historia de un doctor que pensaba a la muerte como una enfermedad, y como tal, le urgía encontrar el antídoto, motivado por la partida de su esposa. En “Transcendence: Identidad Virtual” también hay sentimientos involucrados, pero es sólo un antecedente dentro de una temática que al menos sí ambiciona a la verosimilitud.

El relato gira en torno a Will y Evelyn Caster (Johnny Depp y Rebecca Hall), dos brillantes científicos que no sólo son compañeros de vida, sino que también comparten la convicción de que la Inteligencia Artificial es el campo a explotar para vivir en un mundo mejor. Así es como Will ha creado el proyecto PINN, que consiste en un cerebro artificial independiente y auto-consciente. Esto se ha ganado el odio de RIFT, grupo terrorista anti-tecnología que argumenta que estos avances agreden el carácter humano de la sociedad. Es durante uno de sus atentados que Will muere, pero sólo físicamente, porque Evelyn alcanza a replicar lo que su esposo hizo al crear PINN: en vez de basarse en el cerebro de un mono, ella y su amigo, también científico, Max Waters (Paul Bettany), lo hacen con el cerebro de Will. El resultado es impresionante, pero Evelyn, no obstante, comienza a intimidarse ante el real alcance de la inteligencia de Will, pues todo parece indicar que su esposo aspira a convertirse en algo así como Dios.

TRANSCENDENCE 02Se intuye, al apreciar la película, de la conciencia que tenía el equipo respecto a las expectativas que generaban el argumento y los pesos pesados en los créditos. Después de todo, este es el esperado debut como director de  Wally Pfister, aclamado fotógrafo famoso por sus trabajos con Christopher Nolan, quien por su parte oficia como productor ejecutivo. En pantalla también vemos rostros asociados a cintas de Nolan como Rebecca Hall, Morgan Freeman y Cillian Murphy. Eso sin mencionar el rol protagónico de Johnny Depp, quien siempre despierta efervescencia. Y aunque pareciera que últimamente este actor requiere disfrazarse de personajes bizarros para entregar una buena performance, porque de lo contrario actúa de sí mismo, en términos audiovisuales la cinta cumple. La iluminación se preocupa sobre todo de contraponer la oscuridad y la luz, complementándose con un trabajo de arte cuya paleta de colores tiende hacia el negro y el blanco. El uso de cámara varía conforme al montaje, entremezclando travellings y cámara en mano que colaboran con un ritmo que sabe de pausas y aceleramientos, aportando en esto también una música llamativa que sabe dar con la cadencia respectiva. El tratamiento inevitablemente recuerda a previas colaboraciones de Pfister y Nolan, principalmente “Inception” (2010).

Sin duda que la urgencia por entregar un producto exitoso sirvió como estímulo para no flaquear como espectáculo, pero la temática escogida también demandaba cuidado en cuanto al desarrollo de un subtexto que se mantuviera consistente. Tarea difícil, pues la problemática es compleja y las posibles posturas son varias, por lo que conjugar un esbozo de cada una es un camino que puede sonar equitativo, pero que finalmente es desacertado. Por un lado, entonces, la obsesión de Will nos es presentada como un afán perturbador que esconde infinitas ansias de poder, pero por otro nos asegura que su ambición siempre fue honesta, benévola con la humanidad, e incluso romántica para con su esposa. Además, en medio de esta colisión de ideas, se podría leer una crítica al terrorismo TRANSCENDENCEpor violentar lo que no entiende, también una crítica a la ciencia por querer suplantar la especie natural por artificios; de paso, una denuncia extrapolada a los grandes engranajes de poder por manipular a los súbditos para que no piensen por sí mismos, y también –por qué no- una metáfora del mismo Hollywood a través de ese centro de operaciones capaz de dominar el mundo que es el pueblo de Brightwood (el parecido del nombre podría no ser coincidencia).

“Transcendence: Identidad Virtual” lo tenía todo para transformarse en la gran producción del año, no obstante, su ambicioso guión sólo acaba jugándole una mala pasada, ya que por más que el relato sí atrape al espectador, la premisa detrás no logra superar el carácter de ambiguo y somero. Es que cuando se trabaja en un film, sobre todo en uno de esta escala, no es sencillo hacer el foco en todos los aspectos que lo conforman por igual y obtener así un resultado armonioso. En ese sentido, esta película habla tanto de la especial sensibilidad visual que goza Wally Pfister, como de su inexperiencia en la realización. De todas maneras se agradece el esfuerzo por imprimirle a la historia un toque realista, y por eso mismo es lamentable que no logre un gran impacto. El matrimonio Caster, después de todo, anhelaba vencer a la muerte. Una meta de semejante dimensión necesitaba de una complejidad argumental que fuera tan sólida como su imagen y sonido.

Por María José Álvarez

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Midway: Batalla en el Pacífico

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Midway

La Batalla de Midway en 1942 entre Japón y Estados Unidos fue un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial, cuyas fuerzas se enfrentaron y demostraron el potencial militar con el que contaban, cambiando el curso que los enfrentamientos estaban teniendo hasta el momento. Aquella batalla sirvió como material de inspiración para la película “Midway” (1976) y nuevamente es retratada en pantalla en las manos de Roland Emmerich, quien está a cargo de una producción que rememora uno de los grandes momentos bélicos del siglo pasado.

“Midway: Batalla en el Pacífico” se ubica en 1942, justo en medio de la Segunda Guerra Mundial y seis meses después del ataque en Pearl Harbor a manos de la armada japonesa. Sus enemigos estadounidenses preparan un contraataque al ejercito japonés y una de las grandes batallas toma lugar en las Islas Midway, donde todo el poder militar estadounidense se pondrá a prueba para poder vencer a las fuerzas opuestas y darle un giro a la gran guerra.

Roland Emmerich es reconocido por su ostentación visual, donde el espectáculo de efectos especiales es el foco de atención y las grandes explosiones y batallas sirven como el adorno perfecto para, al mismo tiempo, complementar historias centradas en el heroísmo y el sacrificio por un bien mayor.

Después de “Independence Day: Resurgence” (2016), Emmerich se embarca en uno de sus proyectos de vida, queriendo rememorar y homenajear a quienes formaron parte de una de las batallas más importantes en las que Estados Unidos fue parte en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. El heroísmo y la abnegación son el pilar fundamental en la manera en que los protagonistas de esta historia son retratados, siendo ellos quienes conectan el monumental enfrentamiento y el drama humano detrás de la destrucción de portaaviones y cruceros.

Considerando las posibilidades visuales con las que se cuentan para representar este evento histórico, esta superproducción aprovecha con creces cada una de esas herramientas, reproduciendo la batalla aérea y naval de manera épica, y cumpliendo con el nivel grandilocuente de Emmerich. Aquellas escenas bélicas –apoyadas fundamentalmente por efectos digitales– constituyen la gran fortaleza de una cinta que pretende alcanzar más allá de lo que realmente logra. Por lo tanto, y desde un comienzo, estas secuencias harán de “Midway: Batalla en el Pacífico” una película que se basa más en la forma que en el fondo.

Sin embargo, el principal problema recae en el ensamblaje de estas secuencias de batalla con otras de un tono mucho más íntimo, donde el drama personal de algunos de los personajes sale a flote en medio de una guerra externa. Estos momentos, cuya naturalidad se pierde en diálogos flojos y forzados, aflojan la gran historia que se está tejiendo en el campo de batalla, produciendo una disonancia entre la ostentosidad de efectos visuales y hazañas heroicas, y la sencillez de acciones puestas a la fuerza para abarcar cada rincón que esconde un evento histórico. Queda en evidencia la desconexión que existe al momento de entrelazar y dar como resultado final un relato que pretende profundizar, no obstante, se queda en la superficie como si no supiera cómo avanzar.

“Midway: Batalla en el Pacífico” cuenta con el potencial y las características necesarias para poder convertirse en una producción que quiere mezclar secuencias épicas y el drama humano detrás de las grandes batallas. Sin embargo, falla al no poder lograr juntar ambas visiones de una manera coherente y natural, no alcanzando a abarcar en profundidad uno de sus objetivos, dejando que el espectáculo se apodere de la pantalla y resultando en una cinta atractiva de ver, pero carente de sustancia.


Título Original: Midway

Director: Roland Emmerich

Duración: 138 minutos

Año: 2019

Reparto: Ed Skrein, Woody Harrelson, Patrick Wilson, Luke Evans, Aaron Eckhart, Nick Jonas, Mandy Moore, Dennis Quaid, Darren Criss, Luke Kleintank, Alexander Ludwig, Mark Rolston


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