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Tortugas Ninja

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Quitarse el prejuicio es un ejercicio laborioso, que implica reprogramar al cerebro para así expandir nuestro nivel de tolerancia y tener la suficiente voluntad para interpretar el objeto en cuestión, dentro de parámetros libres de supuestos que nos hemos autoimpuesto a veces con o sin argumento. La tarea se torna más compleja aun cuando se tiene pasión y/o conocimiento en cierta área, y por tanto la percepción previa no se basa en nociones injustas sin un historial conocido. Básicamente, esto lo que ocurre al momento de enfrentarse a una producción asociada con Michael Bay, estadounidense famoso por su tendencia a trabajar en películas asiduas a la espectacularidad, recargados efectos especiales, paupérrima complejidad de guión, patriotismo y mujeres trofeo, entre otras características. Lamentablemente, con Bay el prejuicio suele corresponder con el juicio per se, y no por TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES 01un afán caprichoso de desvalorizarlo, sino porque él continúa entregando sólidos motivos para hacerlo. “Tortugas Ninja”, donde participa en la producción, es el último argumento en el listado.

La historia es simple, predecible y, para muchos, conocida: April O’Neil (Megan Fox) es una periodista frustrada por las insignificantes noticias que debe reportear, por lo que está empeñada en cubrir la gran exclusiva que potencie su carrera. Es durante esta búsqueda que descubre la existencia de unas tortugas mutantes que luchan contra el Clan del Pie, unos criminales organizados que pretenden acabar con la ciudad de Nueva York con la ayuda del corrupto Eric Sachs (William Fichtner). Aliada con las cuatro tortugas, la valerosa April luchará contra los villanos con tal de recuperar la paz.

Es verdad que esta versión mejora respecto a la exitosa adaptación de 1990 en cuanto al aspecto realista de las tortugas ninjas (exigencia mínima y casi obvia, considerando el avance tecnológico), no obstante, esa vendría siendo la única evolución. De partida, no es posible que se reduzca al mismísimo cuarteto protagonista a un nivel menor de importancia; esto constituye una falta de respecto a una franquicia donde ellos son el brillo. Sin duda que el rol de April es sustantivo dentro de la historia, en la cinta de Steve Barron ella era el personaje humano más importante y con razón, si ella es la aliada de los cuatro héroes, sin embargo, hay una decidora línea entre secundario relevante y protagonista pleno. Se enfatizan, entonces, los motivos personales de la bella periodista, su carga dramática y sus propias aspiraciones, desperdiciando la profundización que se le pudo –y debió- haber dado a la historia detrás de la rata Splinter y sus adolescentes secuaces.

TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES 02Un cambio de perspectiva hacia el conflicto interno de esta reportera común y corriente con el fin de aterrizar el relato, tal vez sería una justificación válida si realmente se le armara un backstory poderoso en vez de esbozos de un drama insípido, si el tono del film fuera más serio en vez de una comedia de acción con poca alma, si la dirección de actores fuera más rigurosa y si el criterio del casting no fuera tan evidente. Es que la decisión de posicionar a Megan Fox en el papel central, transparenta con descaro la priorización de la estrella protagonista en desmedro del valor que carga la historia. La belleza de Fox acarrea en los hombros la mitad del peso de la cinta y quizás la mitad es decir poco, ya que francamente sin su cara bonita (y su perfecto atuendo que, por arte de magia, se mantiene intacto después de feroces persecuciones) el espectador no aficionado a la franquicia de las simpáticas tortugas antropomorfas perdería pronto el interés, y eso es un grueso error, puesto que estamos hablando de una obra de ficción muy querida por toda una generación.

Es inaceptable que sea la presencia de la actriz el gran anzuelo de atención, cuando estamos insertos en un universo que tiene por su propia cuenta material para ser explotado y utilizado para alimentar un argumento atrayente. En vez, estamos en presencia de una nueva cinta desechable, y algo así como entretenida, que no hace más que caer en los clichés del género: salvadas milagrosas, frases supuestamente graciosas que alivianan la tensión y cierran la escena para anticipar la siguiente, mucha destrucción, fotografía tan colorinche que a ratos se ve artificial y numerosos acercamientos al rostro impresionado de la jovencita. Un tratamiento así es propio del cine netamente comercial en todo caso; películas que descansan en demasía en la gracia o fama de una celebridad, para captar el interés con tal de cubrir todo el resto de las carencias de la faena cinematográfica. Bay ha estado en los créditos TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES 03de otros trabajos que se apoyan en el mismo recurso, como “Pearl Harbor” (2001) y “Transformers” (2007), películas que además comparten la grandilocuencia de producción y diálogos pobres de esta última versión de las tortugas amantes de la pizza.

“Tortugas Ninjas” es justamente lo que se hubiera esperado de una millonaria producción estadounidense para público masivo producida por Michael Bay, pero por otro lado es bastante menos, considerando su carácter de adaptación de una querida franquicia que apela a la nostalgia de tanta gente. En ese sentido, la película portaba una responsabilidad agregada, ya que estaba trabajando con contenido que permanece vivo en el inconsciente colectivo y que, a raíz de aquello, sumaba cierto nivel de expectativas que, además de la lograda caracterización computacional de Raphael, Leonardo, Donatello y Michelangelo, no cumple ni apenas. Lo peor es que ni siquiera se presiente un esfuerzo por entregar una buena obra; simplemente se valen de Megan Fox, efectos especiales y dejan que el cariño por las populares tortugas haga el resto del trabajo.

Por María José Álvarez

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Duna

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Duna

Adaptar la novela “Dune” de Frank Herbert a la pantalla grande, ha sido ambición del séptimo arte desde su publicación en 1965. Conocidos son los casos de Alejandro Jodorowsky con un proyecto que, sin nunca haberse concretado, alcanzó estatus de culto, y el de la cinta de 1984 de David Lynch, fracaso crítico y de taquilla, que a la postre se convertiría en la única mochila con la que uno de los mejores directores del mundo ha debido cargar. De esta forma, la adaptación 2021 de “Duna”, a cargo del connotado Denis Villeneuve, se convertía en el esperado gran evento cinematográfico del último tiempo.

Es el año 10.191 y el emperador Shaddam IV mandata a la Casa de Atreides, regida por el Duque Leto, a trasladarse al desértico planeta Arrakis para encargarse de la explotación de la Melange, una sustancia con propiedades asombrosas. Leto se muda junto a Lady Jessica, su concubina y parte de la Bene Geserit (un grupo de misteriosas mujeres con habilidades mentales), y su hijo Paul, un muchacho que es percibido como una especie de mesías, además de todo su ejército y hombres de confianza, pero apenas llegan al lugar, percibe que, más que un servicio de honor, la movida podría ser una trampa del imperio en colusión con la Casa Harkonnen, regida por el malvado Barón Vladimir, para acabar con los Atreides.

En sus primeros minutos, lo primero que llama la atención de “Duna” es su empleo práctico de las secuencias: a diferencia de la cinta de 1984, e incluso de la misma novela, Villeneuve establece el universo de la historia sin muchos guiños a los aspectos filosóficos y psicológicos de los personajes, más bien va dejando en claro quién es quién y cómo se mueven dentro del tablero para luego, tal como ha hecho con sus películas anteriores, ir soltando pequeñas bombas de información y las motivaciones de cada personaje. Y esto se agradece, pues ese mecanismo le permite a la cinta avanzar sin tropiezos en el ritmo que establece en un principio.

Además del meticuloso guión, que denota un esfuerzo por incorporar todos los frentes de los postulados con los que Herbert nutrió su obra, lo anterior es encarnado por un reparto que está más que a la altura de las circunstancias, moviéndose por todos los extremos, mezclando de manera natural la impronta shakespeariana con las más atrevidas acrobacias físicas. En este sentido, Timothée Chalamet, como protagonista y quien más debe hacer gala de aquel rango dinámico, da el ancho a cabalidad. Por otra parte, destacables son las actuaciones de Charlotte Rampling y Stellan Skarsgård, quienes, con un velo sobre el rostro la primera y grandes capas de maquillaje el segundo, impresionan en sus cortas apariciones, sobre todo la presentación del Barón Harkonnen evocando sin empacho alguno a “Apocalypse Now” de Francis Ford Coppola.

Pero “Duna” también es una historia épica y bélica, donde el diseño de producción, los artilugios y el vestuario cumplen un rol importante, y en este aspecto la cinta deja boquiabierto. Se agradece que Villeneuve en su mayoría opte por efectos prácticos y sólo aplique CGI de manera circunstancial (gran acierto la forma en que es representada la Melange en el aire). Está todo tan bien trabajado, que queda la sensación de que uno como espectador jamás ha visto una puesta en escena como la que plantea el director junto a su equipo creativo y técnico, destacando los diseños de Patrice Vermette (con quien también trabajó en “Arrival” de 2016) y la fotografía del australiano Greig Fraser, últimamente un especialista en escenarios épicos, resaltando de distintas maneras en la ambientación de los planetas, cada uno con sus singularidades lumínicas. Como complemento a la maravilla visual, el diseño de sonido es impecable, y el score de Hans Zimmer, pese a sus pocas sutilezas por momentos, acompaña adecuadamente el relato y tiene un par de melodías que dejan sin aliento al son de sus característicos tambores y la destrucción que se muestra en pantalla.

Así como las virtudes de la película son evidentes, también lo son sus pequeños defectos. Al ser una novela con un abanico tan amplio de tópicos, Villeneuve es consciente de que debe elegir caminos, y en ese accionar va perdiendo los temas o, más bien, el foco va alumbrando discriminadamente a medida que el metraje se acerca a su último acto. Lo anterior genera los pasajes más bajos en cuanto a diálogo, ya que se ve en la obligación de desprender información de forma gruesa a través de los personajes para mantener el equilibrio de los hilos conceptuales, desembocando en un cambio de percepción rítmica. También hay ciertos datos que son omitidos, pero que en la cinta terminan siendo cruciales, casi como dirigidos exclusivamente al lector de la novela. Sin embargo, esto es apenas un lunar dentro del gran marco que la película propone, y bajo ningún sentido le resta mérito a todo lo visionado antes de los créditos finales.

“Duna” es un espectáculo narrativo y visual que le hace justicia a la gran obra de Herbert, donde la política, la religión, la ecología y el romance de la novela (este último sólo oníricamente) son tratados respetuosamente por Villeneuve, pese a las libertades creativas que se toma, donde los más puristas podrían poner el grito en el cielo. Si Jodorowsky representó el anhelo y Lynch el ensayo, Denis Villeneuve encarna el sueño cumplido, aunque sea de aquellos en que uno despierta a la mitad y se esfuerza por volver a dormir y retomarlo, simbolizando una segunda parte y final que, como ya es sabido, lamentablemente está supeditada a su resultado en la taquilla.


Título Original: Dune

Director: Denis Villeneuve

Duración: 155 minutos

Año: 2021

Reparto: Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Josh Brolin, Jason Momoa, Stellan Skarsgård, Zendaya, Javier Bardem, Sharon Duncan-Brewster, Charlotte Rampling, Chang Chen, Stephen Henderson, Dave Bautista


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