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Terror en Chernobyl

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Hablar de terror es hablar de clichés. Para ser justos, no es un problema que afecte sólo a este tipo de relatos, todos los géneros tienen reglas, principios y dogmas que es mejor aplicar al pie de la letra, para así obtener una pieza reconocible que los fanáticos consuman sin complicaciones. Hasta cierto punto, la única escapatoria en las narraciones estandarizadas es parodiarse a sí mismas o perecer (como le sucedió al western o al musical); ni siquiera la reinvención es una receta infalible. Por eso es absurdo pensar que se puede contar algo nuevo en las películas de horror, y tal como se presume en el título, “Terror En Chernobyl” no aporta nada nuevo, ni siquiera en su premisa.

Incluso al reseñar la trama se comienza por un cliché: un grupo de seis jóvenes, que pasan sus vacaciones en Kiev, capital de Ucrania, decide pagar a un habitante de la ciudad para que los lleve a un tour no incluido en las agencias de viaje, que consiste en visitar Prípiat, asolada por el desastre nuclear de Chernobyl y convertida en ciudad fantasma. Al llegar al complejo, antes habitado por los trabajadores del reactor y sus familias, quedan atrapados y se dan cuenta que el peligro va más allá de los animales salvajes que pernoctan en los edificios…

No hay originalidad, todo está contado. Desde la exploración de la ciudad hasta el contratiempo que marca el punto de “no retorno”, en “Terror en Chernobyl” cada escena está sacada de otra parte. Hasta los recursos expresivos utilizados para crear la atmósfera requerida por el film parecen un déjà-vu: el susto inicial, la música para acentuar la tensión o la cámara justo en la nuca de los protagonistas en cada persecución. Hasta el famoso “metraje encontrado” encuentra un cierto homenaje, quizás con una lectura irónica por la sobre explotación del recurso.

Hay que reconocer que, pese a la repetida trama y al desarrollo del relato, la película no naufraga completamente, tiende a sostenerse en su propuesta y sorprende a más de alguno con su final. Quizás gane un poco la curiosidad inherente que implica explorar esta ciudad abandonada hace más de 25 años, y las imágenes pueden inspirar un sobrecogimiento parecido al explorar los laberintos de ese hospital psiquiátrico abandonado en “Session 9” (2001) de Brad Anderson. Pese a que esa no sea la intención, se logra cautivar con la ciudad-mausoleo filmada a modo de documental, como si a ratos los protagonistas nos transmitieran su curiosidad por este desierto urbano.

Algo que se cuela entre las imágenes y se relaciona con otras películas actuales, es la obsesión que tienen los estadounidenses con sus vacaciones en Europa, sobre todo si el destino está más allá de la vieja Cortina de Hierro, recordemos “Hostel” (2005)  o la reciente “Taken” (2008). Los productos culturales tienden a involucrar visiones y temores de la conciencia colectiva llamada sociedad, más aún si estos son ensamblados en la fábrica de sueños (y salchichas) que es Hollywood. Es interesante detenerse a pensar cuál es la razón de esta amenaza imaginaria, donde el antiguo adversario de la Guerra Fría, adoptado ahora por el modelo capitalista, abre sus puertas para convertirse en el patio de recreo del imperio. Quizás, para ellos, todos seguimos siendo enemigos.

Lo que sí se puede sacar de conclusión, a modo de interrogante, es si traer una producción de terror con guión de Oren Peli, creador y director de la saga “Actividad Paranormal” enriquece la pobre cartelera cinematográfica chilena, que luego de vacaciones de invierno está saturada de títulos para niños o blockbusters de la temporada. Siendo este un film mediocre, poco original y básico, ¿no sería más gratificante exhibir otras películas, ya ni siquiera hablando de cine independiente o europeo, si no que superproducciones que pasan meses hasta que logran un espacio en la taquilla nacional? Una pregunta nada original, pero siempre válida.

Por Juan Pablo Bravo

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Top Gun: Maverick

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Top Gun: Maverick

La última de una larga seguidilla de reboots, secuelas y remakes de películas clásicas de la década del 80, “Top Gun: Maverick” de primeras cumple con su cometido. Es una perfecta secuela de “Top Gun” (1986), que, si bien cae en muchos de los mismos vicios, también la actualiza para las nuevas audiencias sin perder el núcleo que hace recordar a la original.

La historia empieza cuando Maverick (Tom Cruise) es enviado, a petición del almirante Iceman (Val Kilmer), su antiguo compañero, a volver a la academia Top Gun a entrenar a un equipo de egresados para una peligrosa misión. Sin embargo, en el grupo de pilotos se encuentra Rooster (Miles Teller), hijo de Goose, viejo amigo de Maverick que falleció mientras ambos estudiaban en la misma academia. Maverick tendrá entonces que enfrentarse a su pasado para poder entrenar al hijo de su amigo y poder cumplir la peligrosa misión que les ha sido encomendada.

Desde el primer momento “Top Gun: Maverick” deja sumamente claro que, más que contar una historia terriblemente original, lo que busca es de alguna forma transportar al espectador al mundo de la primera película. Esto la lleva a caer en varios de los mismos vicios. De hecho, casi se siente como si fuera la misma película, pero todo un poco más exagerado. Los personajes son inverosímiles, la forma de Maverick de relacionarse con el mundo se siente superficial y maqueteada, todo está diseñado para que cada momento nos recuerde lo talentoso e intrépido que es el personaje. Incluso los momentos más interesantes desde un punto de vista narrativo y que son el núcleo emocional de la película, es decir, la relación entre Maverick y Rooster, se ven sofocados en un mar de nimiedades estilísticas.

La peor de estas nimiedades es la trama romántica entre Maverick y Penny (Jennifer Connelly), con un romance bastante parecido al de la primera cinta, e igual de innecesario, ya que Penny lamentablemente no tiene una personalidad ni un objetivo, más allá de ser el interés romántico del protagonista. Lo anterior se siente casi como si hubieran metido al personaje sólo para mantener la misma estructura que la primera película, y porque Penny es una referencia a una línea de la misma.

Sin embargo, y a pesar de todos sus problemas narrativos, los momentos en que la “Top Gun: Maverick” brilla, realmente lo consigue. Las secuencias de vuelo, al igual que la de 1986, son dinámicas, entretenidas y tensas, pese a la falta de peso emocional que puedan tener, ya que durante las escenas de entrenamiento no se siente que los personajes tengan realmente mucho que perder. Son espectáculo puro y, al poner la cámara al interior de las cabinas de los F-18 que pilotean los personajes, se genera una experiencia sumamente inmersiva, emocionante y frenética. Esto se da particularmente en el último tercio, cuando a todo esto se suma el peso del combate real, generando una tensión que mantiene al borde del asiento a punta de velocidad y vértigo, a pesar de que los personajes no sean particularmente queribles.

Visualmente la película se cae un poco. Sufre del look genérico que tantas cintas de acción actuales tienen, donde no hay una dirección y estilo reconocible, fuera de que todo sea fácil de leer visualmente para que la acción en pantalla se entienda. Hay muchos guiños visuales a la primera película, pero esto sólo genera que, en el contraste con su antecesora, “Top Gun: Maverick” se sienta mucho más plana y genérica. Y aquello tiene sentido, puesto que esta no es una película de visión autoral, sino que un producto de nostalgia.

Y a eso se reduce de alguna forma “Top Gun: Maverick”, demostrando que es posible tomar una película muy propia de su época para actualizarla de forma exitosa. Sin embargo, no se siente como una sucia estrategia de marketing para ganar dinero, sino que como algo originado de un verdadero cariño y una real pasión por el cine de acción, por el estilo de películas que se hacía en esa época y que ha ido desapareciendo con el tiempo. Si bien no es una gran película, “Top Gun: Maverick” cumple con creces su objetivo de mantener vivo el espíritu de esa era, para bien o para mal.


Título Original: Top Gun: Maverick

Director: Joseph Kosinski

Duración: 131 minutos

Año: 2022

Reparto: Tom Cruise, Miles Teller, Jennifer Connelly, Jon Hamm, Glen Powell, Ed Harris, Val Kilmer, Lewis Pullman, Charles Parnell, Bashir Salahuddin, Monica Barbaro, Jay Ellis, Danny Ramirez


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