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Spectre

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Veinticuatro películas contenidas en cincuenta y tres años de historia para la franquicia más longeva de la disciplina cinematográfica como hoy la conocemos. Números que asoman desproporcionados y que, sin embargo, sólo representan a una de las dimensiones del universo Bond, sobre el que la figura de Ian Fleming, creador del personaje original en la literatura, parece haber sido relegada al solo concepto prístino. Y es que, después de hacer la revisión en celuloide de todas las novelas escritas por el inglés, la imagen del agente secreto de su propiedad se muestra permeable al paso del tiempo y a las posibilidades de que la leyenda se maltrate con cada uno de los productos que adoptan su nombre. La explicación para esto último probablemente se sostiene en la ilusión y el imaginario transversal que despierta el espía británico alrededor del mundo, uno que lo confirma como un ícono contemporáneo persistente, aunque en sus aventuras ya no puedan argumentarse los conflictos políticos pre globalización que lo hicieron nacer en primer lugar.

SPECTRE 01Prosiguiendo la actualización, en esta nueva entrega fílmica de la saga y cuarto trabajo que ubica a Daniel Craig como el agente 007, James Bond tendrá su esperado encuentro con una organización criminal conocida como SPECTRE, que aparece modernizada desde que fuera referida por última vez en “Diamonds Are Forever” (1971) hace exactos 44 años. Con la ayuda de Madeleine Swann (Léa Seydoux), la hija de un enemigo reciente, Bond irá tras la pista de Franz Oberhauser (Christoph Waltz), el misterioso líder de SPECTRE, quien en el pasado mantuvo una estrecha relación con el agente doble cero. Eso por una parte, mientras Gareth Mallory (Ralph Fiennes), el nuevo M, se ve envuelto en varias discusiones con el parlamento internacional tratando de que el MI6 no sea desarticulado.

Si bien la saga del espía inglés se reinicia a partir de 2006 con “Casino Royale”, “Spectre” toma distancia de aquella para plantear sus versiones independientes, cada una desarrollando sus propios marcos. Lo mismo ocurre con su predecesora, “Skyfall” (2012), que sólo sirve como el pie de entrada para la acción del actual largometraje, sin que ambas se relacionen más que por el alcance del fundamento macro. El relato va enlazando circunstancias anteriores, primeramente, a través de sus personajes, y luego por medio de su historia; aquí, el sentido lo aporta SPECTRE, que es la matriz conectora de todos los eventos pasados que fueron dispuestos individualmente, y que no alcanzaban SPECTRE 02su mayor sentido hasta ahora. Bajo esa línea, la película va hilando una propuesta que podría entenderse de manera liberada, pero manteniendo la forma intacta de todo lo que hasta el momento se ha dicho, sin resentir, e incluso reafirmando, la estructura vital que la sostiene.

Sobre aquel escenario se mueve un James Bond que en la instancia se advierte un poco más vulnerable respecto a las situaciones de riesgo que le toca atravesar, ganando en esa consideración el total de su personaje; porque el agente código 00 no es todo pleito y su semblante no se debilita cuando el término físico lo relega al mínimo común, permitiéndose destacar otras aristas de su carácter multidimensional. En “Spectre”, el punto anterior se termina de consumar cuando Bond logra abandonar la comedia inaugural para pasar a asuntos de mayor profundidad, sobre los que, no bien se llega a la consistencia plena, sí pueden ser bien utilizados para aliviar el vértigo de la aventura que circunda al relato. El mismo diseño por capas para construir a Oberhauser, un villano que eleva su categoría a lo clásico, únicamente encontrando su lógica cuando consigue validarse en el reflejo de su contraparte benigna. Oberhauser –Christoph Waltz no necesita hacer grandes ademanes para dar con su rol–, omnipresente en el siniestro de sus intenciones, es el caso de un antagonista que sólo desea “ver arder al mundo”. Es en aquel y otros ítems que la cinta acerca posturas con las “Batman” de Christopher Nolan.

SPECTRE 04Ahora bien, “Spectre” yerra su curso en una fórmula que sufre todo el agotamiento del trato a esta clase de producciones, las que por más que quieran sacudirse de la replicación, no pueden con el peso del propio estilo. Errores que pasan por lugares conocidos, sobre los que se cuentan escenas donde las persecuciones de autos –quizás inherentes a este tipo de películas- continúan asumiéndose equivocadamente como un resquicio principal de la acción, cuando es poco lo que se puede innovar al respecto. Resoluciones facilonas a los micro conflictos del relato, que no hacen honor a la enormidad de la franquicia. Una bien trabajada tensión inicial que termina languideciendo ante una dilatación innecesaria del recurso. La narración, que en su mitad cae en una laguna que tuviera por objetivo marcar una inflexión que no es tal, porque la cinta se mantiene en la misma línea durante prácticamente todo su metraje. Y así, cada una de las partículas anteriores se va condensando para restar créditos a un film que en su fondo, consecuencia de las capacidades que tiene Sam Mendes como director, se encuentra bien planteado.

Ciertamente, era una muy difícil tarea superar lo hecho por “Skyfall”, valorada en las mismas proporciones por la crítica y el box office (sin ir más lejos, la película es la treceava con más recaudación). Los 300 millones de dólares que hubo de presupuesto para “Spectre”, el segundo más alto en la historia del cine, en esta oportunidad no fueron suficientes para que el agente 007 consiguiera revalidar sus pergaminos.

Por Pablo Moya

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Mujercitas

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Mujercitas

2019 fue un gran año para el coming-of-age. “Good Boys” y especialmente “Booksmart” nos entregaron visiones nuevas sobre cómo representar la adolescencia y el paso a la adultez en el nuevo milenio. Sin embargo “Mujercitas” nos recuerda que las clásicas historias sobre romance pueden seguir vigentes, y que son clásicos por una razón. Greta Gerwig adapta y actualiza la historia de las hermanas March (y hasta cierto punto la historia de su creadora, Louisa May Alcott) y nos entrega una bella historia sobre amor –tanto romántico como fraternal–, dolor y crecimiento.

“Mujercitas” cuenta la historia de las hermanas March, Meg (Emma Watson), Jo (Saoirse Ronan), Beth (Eliza Scanlen) y Amy (Florence Pugh), principalmente desde la perspectiva de Jo. Las seguimos a través de su adolescencia y su paso a la adultez a fines de la Guerra Civil norteamericana, sus aventuras, sufrimientos y amores, profundizando especialmente en su relación con sus vecinos, Theodore Laurence (Timothée Chalamet) y su abuelo (Chris Cooper).

Es difícil explicar la trama de la película sin entrar en simplificaciones que flaco favor le harían, ya que, si bien se podría decir que “Mujercitas” trata sobre la relación entre Jo March y Theodore Laurence, la verdad es que la película habla sobre mucho más. Greta Gerwig, en su magistral sensibilidad, se asegura de mantener a sus personajes interesantes tanto en los momentos más dramáticos, como en las situaciones más nimias, haciendo que la cotidianeidad de las hermanas (verlas desayunando, jugando, entre otras cosas) adquiera relevancia y profundidad. Cada momento cuenta, cada momento nos dice algo sobre la familia, el amor y la bondad. Esto, a pesar de que los personajes a veces se pueden sentir un poco cliché.

Cada hermana es un poco arquetípica dentro del mundo de novela romántica de fines del siglo XIX. Jo es la niña tomboy con pretensiones artísticas, que se rehúsa a pensar en romance; Meg es la hermana mayor, bondadosa y romántica; Amy es la menor, celosa e inmadura; y Beth es la más balanceada, sensata y con un profundo sentido moral. Es incluso posible hacer un paralelo directo con las hermanas Bennet de la novela “Orgullo y Prejuicio” y sus posteriores adaptaciones, lo que hace que a ratos sintamos que ya hemos visto a estos personajes.

Afortunadamente, gracias a un guion que nos permite conocer a las cuatro hermanas en profundidad, viéndolas crecer y evolucionar como personajes, y también a las brillantes actuaciones de todo el elenco, los personajes logran escapar del cliché y se transforman en personas de carne y hueso. Sus acciones son comprensibles y sus reacciones se sienten honestas, particularmente por la sutileza de las interpretaciones. Los momentos más dramáticos son tratados actoralmente de manera elegante y contenida, entregando una ventana mucho más potente a la interioridad de los personajes.

Entrando en un aspecto técnico, la película es impecable. El uso del encuadre y la iluminación a menudo adquieren un gran protagonismo, generando atmósferas y sensaciones que reflejan también el estado de los personajes. Los colores cálidos y los rayos de luz que Greta Gerwig usa para retratar la adolescencia de las hermanas March genera una atmósfera de ensueño, lo que, sumado a una puesta en escena teatral, se siente casi como un cuento de hadas. En contraste, la adultez es retratada en colores fríos y apagados, reflejando la melancolía de los personajes, utilizando además un lenguaje más naturalista en la puesta en cámara. Esto, en conjunto con una hermosa banda sonora, hace que la película sea una montaña rusa de emociones.

“Mujercitas” es una película sumamente especial y llena de gracia, es una historia bellísima y atemporal, es tanto estudio de personaje como melodrama de época y al final (discutible si lo logra o no) se aventura en un ejercicio metalingüístico sobre el arte de narrar. Es una película ambiciosa que, a pesar de centrarse en algunos temas que podrían considerarse anticuados, entrega profundas reflexiones sobre el amor, la familia y el espacio que la feminidad ocupa en la sociedad, temáticas siempre contingentes. En casi todo aspecto, “Mujercitas” es un triunfo narrativo y cinematográfico.


Título Original: Little Women

Director: Greta Gerwig

Duración: 135 minutos

Año: 2019

Reparto: Saoirse Ronan, Timothée Chalamet, Emma Watson, Florence Pugh, Eliza Scanlen, Laura Dern, Meryl Streep, James Norton, Louis Garrel, Bob Odenkirk, Chris Cooper, Tracy Letts


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