Sin Norte

jueves, 20 de abril de 2017 | 1:42 am | No hay comentarios

Título original:

Sin Norte

Dirigida por:

Fernando Lavanderos

Duración:

107 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Koke Santa Ana, Geraldine Neary

Una de las frases despectivas que viene penando al cine chileno desde hace tiempo es que “no trata de nada”. La otra, es que las películas hablan “o de la dictadura o de sexo”, esta última ya está bastante superada. Pero la primera se ha negado a desvanecerse del todo. Por suerte, la obra estelar de visionarios como Pablo Larraín, Sebastián Lelio y Sebastián Silva, por mencionar sólo a algunos, ha situado al cine chileno en un lugar de privilegio sin antecedentes. Les llueven los premios en los festivales más prestigiosos del mundo y, aunque aún no termina por ceder del todo, la taquilla nacional está empezando a tomar nota. No obstante, son obras perdidas, melindrosas y poco consideradas con el espectador, como “Sin Norte” –pocas veces una cinta ha tenido un nombre tan penosamente adecuado–, las que amenazan con embarrar todos los logros de los buenos directores nacionales.

Cuando Esteban (Koke Santa Ana) se entera que Isabel (Geraldine Neary), una ex novia –o amiga con ventaja–, partió al norte del país sin dejar ninguna explicación o pista aparte de unos videos subidos a un iPad, decide salir a buscarla. En este viaje se encontrará con gente de lo más diversa, que lo irá guiando por lugares ocultos y bellos del desierto chileno.

A “Sin Norte” le falta exactamente eso: un norte.  Es una seguidilla de imágenes y momentos, algunos buenos, la mayoría no tanto, hilados por una narrativa casi inexistente. Este detalle es su gran punto en contra. Si hubiera optado por dejar de lado cualquier intención de plasmar una línea argumental, la cinta podría haber sido de frentón una obra experimental y sin estructura, pero este intento por darle un centro es lo que termina por indefinir tanto su género como su tono. A ratos recuerda a “Crystal Fairy & The Magical Cactus And 2012”: Ambas transcurren en el norte y son bastante sueltas en su construcción, sin embargo, lo que la segunda tenía de liviandad, humor y casualidad, puntos a favor que terminaban por volverla un pequeño goce, la primera desperdicia el tiempo en reflexiones a medio cocer sobre la mortalidad o el rol de cada persona en el mundo. El que esto se intente transmitir por medio de la sabiduría popular de una serie de personajes comunes y corrientes no es una mala idea, pero lo que termina por lograr es más bien la irrelevancia absoluta del protagonista. Quizás esta película habría funcionado mucho mejor como un documental dedicado a buscar estas respuestas en los lugares donde menos se supone que deberían estar.

Como protagonista, Koke Santa Ana no hace un mal trabajo. Su interpretación es creíble, aunque por momentos no pueda esconder sus credenciales de animador de televisión y personalidad de YouTube. Sus expresiones y actuar son las correctas con las emociones que debe representar, no así su elección de tono cuando habla con el resto de las personas: en ciertos pasajes pareciera que los está entrevistando para un programa de viajes para la televisión abierta.

A pesar de todo, sus acciones resultan conservadoras dentro de una película que se destaca por una histeria constante y extrema. Desde la decisión de la co-protagonista de irse de viaje sin avisarle a nadie, como la de Esteban de seguirla, no sólo arriesgando su trabajo, sino que también perjudicando a sus co-trabajadores, hasta la forma en la que está montada toda la película, revelando una falta de autoconsciencia enorme. En ningún aspecto esto está más claro que en la carencia absoluta de reparos hacia la compresión del espectador. Es cierto que esto es un arma de doble filo, pero el rol del director en este aspecto es el de traductor: desde su idea o sentimientos, hacia una serie de códigos que puedan transmitirlas de una manera efectiva en el público.

No todo está desperdiciado en “Sin Norte”. El uso de la cámara es quizás lo mejor de toda la película. Junto con esto, los realizadores supieron apreciar los entornos naturales en los que situaron su historia. Los paisajes del norte de Chile están bellamente encuadrados, destacando especialmente un plano largo que parte desde el hombro del protagonista y lo sigue mientras desciende hacia un salar. Desgraciadamente, acá se acaba lo destacable.

A fin de cuentas, lo que esconde la desgraciada frase “el cine chileno no trata de nada”, es que una película carece de razón de ser. No todas las ideas nacen para ser llevadas a cabo en un medio artístico, y las que sí, suelen pasar por arduos procesos para ser perfeccionadas, cambiadas y pulidas, hasta que toman una forma definitiva. Frente a esto, “Sin Norte” parece más el capricho de gente con tiempo y dinero de sobra a quienes les pareció atractivo mover un par de cámaras hacia el norte del país y ver qué ocurría.

Por Lucas Rodríguez

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