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Searching For Sugar Man

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El documental, pese a su origen, es un formato paradójico. Porque en su estructura y motivación no es más que la intención de capturar un pedazo de la realidad y representarlo en un formato audiovisual. Esta premisa simple en su enunciado, encierra complejidades que han hecho evolucionar al género a niveles insospechados, si tomamos en cuenta que la primera exhibición de los Lumière (el famoso tren llegando a la estación) es, a todas luces, el origen de todo lo demás. Lo interesante es constatar que, aunque la diferencia con la ficción cinematográfica es la misma que entre un libro de historia y una novela de época, a veces ambos pecan de los mismos vicios y cortapisas, ya sea en el plano narrativo o expresivo. Cuesta entonces encontrar documentales que escapen de la dependencia de la palabra para narrar una historia; o del uso indiscriminado de las imágenes de archivo para construir un relato que parece más un reportaje periodístico que una obra cinematográfica; o que se centren en un personaje y se olviden del contexto histórico, social y cultural que lo posibilitó. Pero, más allá de eso, estamos hablando de cine, donde la comunión entre narración e imagen debe ser el fin último, no la copia exacta de una realidad que nadie puede asegurar que está allá afuera.

Por eso, “Searching For Sugar Man” se sale del molde de la presente edición de In-Edit Nescafé, haciendo que su propuesta trascienda el formato de “documental musical”, para hablar de tantas cosas a través de una simple historia de descubrimiento. El ejercicio de presentar la premisa del film implica la dificultad de no adelantar nada esencial, para así no arruinar el sorprendente visionado. Sixto Rodríguez, cantautor estadounidense con nulo éxito en su país, simplemente desaparece de la faz de la Tierra tras editar su segundo disco, en 1971. Sin embargo, en la Sudáfrica ultraconservadora del apartheid, sus canciones se vuelven bandera de lucha contra las restricciones y el oscurantismo cultural, lo que eleva su imagen a la altura de Elvis, The Beatles o Rolling Stones. Tras la apertura de los noventa, dos sudafricanos deciden investigar el destino de Rodríguez, y encuentran una verdad que, literalmente, les cambia la vida.

Quizás una de las tareas más difíciles de los documentalistas sea la de encontrar personajes. Más que historias dignas de contar, el dar con rostros en la realidad que llenen la pantalla, es una empresa que muchas veces hace naufragar un proyecto. Lo que en la ficción requiere la pericia del casting de actores, en este formato va mucho en la suerte y el buen ojo del realizador. Porque la silueta y el misterio alrededor del cantautor de ascendencia mexicana cautiva inmediatamente, pero los secundarios, que finalmente cuentan la historia, tienen una participación esencial. Desde aquellos que descubren y creen en el cantante durante los sesenta, arriesgando todo para concretar los dos álbumes, a los fans sudafricanos, pasando por la gente común que Rodríguez pasa a tocar con su vida y su música. Todos ellos se hacen parte del juego para aportar a un relato que se estructura como una investigación y revelación, ya no sólo del destino del “Sugar Man”, sino como reflexiones acerca de la existencia, la creación artística y el sentido de lo que hacemos como personas.

Porque “Searching For Sugarman” habla de demasiadas cosas, asuntos que son imposibles puntualizar uno por uno en este texto, ya no sólo por la extensión, también para evitar arruinar el descubrimiento. Hay amor por el arte propio, aunque sea anónimo y no reciba reconocimiento; crítica a la industria musical, llena de mercenarios y de malas decisiones comerciales; junto a otros temas, como la búsqueda de sueños imposibles, que finalmente se hacen realidad. Todo esto, y más, sin jamás abusar del simple relato oral o exposición narrativa de conceptos. Las imágenes se integran a la historia y, más que eso, crean una simbiosis que hace imposible pensar en el descubrimiento del devenir de Sixto Rodríguez, sin la impecable elección de secuencias de archivo, testimonios, recreaciones y hasta segmentos de animación. Como a toda obra de arte que se precie de tal, a esta película no le sobra nada, y termina por ser mucho más que la simple suma de sus partes.

Lo más interesante, a modo de conclusión, es la extraña sensación que deja el documental. A pesar de la globalización de la industria musical, abriendo la posibilidad de promocionar artistas con apenas una descarga, sigue existiendo la posibilidad de descubrir joyas olvidadas de músicos totalmente desconocidos. Porque la historia de Sixto Rodríguez es una serie de eventos desafortunados, algo casi imposible en la hiperconectada escena musical de principios de milenio. Como nota al pie, y para acentuar la sensación ante el desenlace, la cinta no es, ante todo, una obra que presente “toda la verdad” de la biografía de Rodríguez. Pero no haga tal de buscar esa información antes de verla, porque si quiere datos exactos, para eso existe Wikipedia.

Por Juan Pablo Bravo

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Sebastián Alfaro Flores

    14-Dic-2012 en 1:07 am

    Yo diría que el mejor que he visto en el in-edit hasta el momento. Me mantuvo totalmente inmerso en la trama, uno se llega a emocionar y todo. Absolutamente recomendado!

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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