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Satanic: El Juego del Demonio

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Un género tan manoseado como el terror –y sus variantes– jamás podrá levantarse de su pésima fama mientras no surjan más directores, guionistas o incluso productores del género que sean capaces de arriesgar sus argumentos hacia tramas más complejas y bien armadas, que inviten al espectador a dejarse llevar más allá del evidente sentimiento del miedo curioso. Y es que, a pesar de que las herramientas efectistas propias del género como los saltos de cámara o la música repentina provoquen ciertas reacciones físicas del gusto de la audiencia, el público hoy está completamente preparado para digerir historias con tramas más profundas, con más peso, con más alma.

satanic-01Hay un par de ejemplos actuales en que esto se puede evidenciar. Producciones como “The Babadook” (2014), “It Follows” (2014) e “Ich Seh Ich Seh” (2014) combinan recursos genéricos con diferentes y audaces toques que le otorgan identidad propia a cada uno de los relatos, algunas incluso acercándose a lo experimental. Pese a lo anterior, todavía hay realizadores que insisten en ocupar el manual incorrecto y equivocarse precisamente en todo. Hoy, la nueva víctima es “Satanic: El Juego del Demonio”.

En el spring break norteamericano, la curiosidad por visitar escenarios famosos de macabros hechos atrae a cuatro amigos a la ciudad de Los Angeles, para hacer un recorrido del terror dos días antes de ir al festival Coachella. Obligados por la insistencia de su prima fanática del satanismo, la inocente Chloe (Sarah Hyland) junto a su pareja David (Steven Krueger) deciden unirse en la búsqueda de aventuras paranormales siguiendo a los dueños de una tienda de ocultismo hacia un extraño rito, donde conocerán a una inusual chica llamada Alice (Sophie Dalah).

satanic-02La incursión direccional en la pantalla grande de Jeffrey Hunt, quien ha sido director de algunos episodios de series como “The Originals“, “The Vampire Diaries” y “Gotham“, no pudo haber tenido un comienzo menos esperanzador. A través de una historia zonza, vacía e inconsistente, y guiado por cuatro personajes tan planos como detestables, se embarcó en una producción que prescinde de casi todos los elementos que podrían haberla ayudado a presentarse exitosamente dentro de la cartelera cinematográfica. En síntesis, “Satanic: El Juego del Demonio” es una mala mezcla de película adolescente con película de terror de bajo presupuesto –sin confundir con el cine B–, que toma lo peor de cada formato configurando una estancada composición de escenas alicaídas y fragmentadas, carentes de suspense y con fútiles resultados, que jamás logra estar en su propia sintonía.

Si los primeros 40 minutos son ocupados en presentar a los personajes con todas sus básicas trancas, en la mitad restante recién nos metemos de lleno en el argumento real de la cinta. Sin embargo, esta no tiene ni pies ni cabeza. La música incidental que tira a lo indie, junto a las repetitivas e interminables tomas aéreas de la ciudad, preparan una falsa atmósfera que nada tiene que ver con la trama, con el estilo ni el rumbo que tomarán los hechos. Lo peor: esto ni siquiera es premeditado.

satanic-03Nuevamente lo discordante de cada una de las partes macro de la cinta no hacen nada más que cavar la tumba de una producción que hace pésimo uso de sus recursos. Sarah Hyland, la chica de “Modern Family“, es la única del elenco que hace un esfuerzo visible por otorgarle vida a las escenas, intentando dar todo de sí a un guión para nada convincente, degradado además por pésimos personajes y actuaciones. Y si bien en algunos momentos se hace algo más llevadera, precisamente por este intento de darle un aire levemente reflexivo, poco y nada se puede inventar cuando son todos los componentes estructurales los que fallan.

Aunque “Satanic: El Juego del Demonio” ambicione con ser una cinta de suspenso y terror, con un ligero toque distintivo que se afirma en una visión burlesca del satanismo juvenil basado en las apariencias –ropa oscura, símbolos tipo 666, el pentagrama, la cruz volteada–, los consecutivos caminos que se fueron tomando indican que la historia estuvo mal planteada desde sus niveles embrionarios, consiguientemente enterrando esta tesis que incluso pudo ser mejor ejecutada. Porque, para que lo más positivo de una cinta sea su corta duración, realmente no hay nada que hacer. Entonces, ¿qué se podría esperar de un puñado de ilusos jóvenes que toman malas decisiones? Lamentablemente un: “Ya, mátenlos pronto”.

Por Daniela Pérez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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