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Ruby, La Chica de Mis Sueños

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Antes que todo, una aclaración: lo ideal sería que el siguiente texto se escribiera (y leyera) en primera persona. Lamentablemente, el estilo editorial de este medio impide el uso de ese recurso, por lo cual será el lector quien tendrá la responsabilidad de dotar de una personalidad única y definida al siguiente comentario. Porque hay veces que las películas, y otros productos de la industria cultural (series de televisión, canciones, libros, fotografías) tocan un nervio demasiado profundo para apartarlo completamente del análisis objetivo y racional de una “crítica” más tradicional. En algunos casos especiales y –paradójicamente- tantas veces repetidos, es el autor quien habla sobre nosotros, nuestras experiencias de vida, esos sencillos instantes donde un creador da con un instante tan personal que nos identifica a todos. Mucho de eso (para quien redacta, y espero para quien lea) se encuentra en “Ruby, La Chica de Mis Sueños”, comedia romántica y segundo largometraje de los directores de “Little Miss Sunshine” (2006).

Calvin (Paul Dano) es un escritor joven que cuenta a su haber con una exitosa novela y varios cuentos menores, quien está sumido en el siempre temido bloqueo creativo. Luego de tener sueños recurrentes con una mujer, decide escribir sobre ella, lo que le entrega un poco común e intenso momento de inspiración. La buena racha dura hasta que se da cuenta que realmente ha “creado” a Ruby Sparks (Zoe Kazan), que está enamorado de ella y que puede moldearla y controlarla con cada línea que agregue al texto acerca de la chica.

El juego de la película queda claro pasado el primer tercio. Aquí no es necesario ahondar en dilemas existenciales, surrealistas u oníricos, no hay cuestionamiento a la verosimilitud del milagro dentro del relato. Ruby es –y nunca deja de ser- real en la ficción, pese al sinsentido de su aparición. La disyuntiva no es de este tenor, nadie se pregunta sobre los límites de la realidad y la ficción, o sobre la siempre conflictiva cualidad (y maldición) creadora de un autor. Lo que va quedando, pasado la comprobación de la realidad de la chica, son preguntas puramente morales. Es aquí donde “Ruby, La Chica de Mis Sueños” toma vuelo y se separa de las comedias románticas que han rozado temas similares para instalar interrogantes tan simples y, a la vez, tan profundas, que es difícil dejar la sala de cine sin dudar sobre la esencia de las relaciones de pareja y el amor.

Porque el film, con su excesiva y a ratos atosigante hiperrealidad expresiva, impide pensar que lo que se ve es una fantasía. Más bien, con esa cámara casi documental, sin efectismos visuales ni siquiera en los pasajes oníricos, se realza el punto: la cinta es más real de lo que engaña la mágica premisa. A pesar de los pasajes del “pololeo” que puedan sonar repetitivos, pero inteligentemente calculados, con esos montajes para acentuar la felicidad en la etapa temprana del noviazgo, o las escenas más dolorosas de los conflictos o la ruptura, en “Ruby, La Chica de Mis Sueños” jamás pierde el rumbo. Hay detalles que se filtran a cada momento, pequeños gestos que complejizan a los personajes, que dotan de humanidad a la creación ficticia, para luego hacerlos colisionar, deconstruirlos y obligarnos a armar nuevamente el relato, aportando nuestras experiencias a todo aquello que sale de la pantalla.

“Ruby Sparks” (su nombre original) son todas esas pequeñas verdades que puede esconder la ficción, esa que coloca frente a nuestros ojos un producto engañoso, que suena repetido en su premisa, y que nos remece cuando no nos damos cuenta que aquello en pantalla es más real que la realidad misma. Porque la cinta plantea preguntas bastante incómodas sobre la vida, el amor y cómo nos relacionamos con esa persona que llamamos “novio/a”. Más allá de las expectativas, la ilusión y ese autoengaño maravilloso –y luego doloroso- del acto de enamorarse, ¿qué es el amor, sino idealizar sobre expectativas que, tarde o temprano. chocan con la realidad?

Aquí es donde el último juego retórico entra en escena. Tal como se explicó en un comienzo, toda lectura es personal, y obedece a un estado de ánimo y biográfico de quien interpreta y resignifica un producto cultural. Ya sea en la niñez, adolescencia, adultez o vejez, habrán canciones, novelas o películas que nos tocarán, y esa experiencia nos enriquecerá dependiendo la profundidad del efecto emocional. Para dejar claro el punto, hay un cierto desengaño sobre esas cintas que funcionan excelentes en un tiempo y se vuelven anodinas en otro. “Ruby Sparks” logra su objetivo, aquí y ahora. La clave será ver cómo sobrevive al paso de los años, esos que agregan madurez y apagan, más para mal que para bien, la inocente emoción del primer amor.

Por Juan Pablo Bravo

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Camila

    07-Nov-2012 en 2:57 pm

    Ojalá que “el estilo editorial” de este medio se vuelva menos riguroso con el tiempo. Muchas veces, el contenido importa más que la forma.

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Comentarios

El Llamado Salvaje

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El Llamado Salvaje

El CGI (Computer Generated Imagery) en el cine es a menudo un tema controversial al ser a veces mal utilizado, o ser técnicamente deficiente. A veces el efecto que genera es simplemente espantoso, como en el caso de “Cats” (2019), en otras busca ser casi lo único valioso en una película, más que historia o personajes, como en el caso de “Avatar” (2009). Esto se debe en gran medida a que es un recurso relativamente nuevo en la historia del cine, y las capacidades técnicas de los efectos especiales siempre están evolucionando. Algo notable de “El Llamado Salvaje” desde un principio es el uso de CGI para generar personajes casi en su totalidad, lo que es definitivamente una apuesta arriesgada. Sin embargo, el resultado, a pesar de no ser perfecto, es un buen camino a seguir para la industria en el futuro.

La historia sigue a Buck, un perro grande y afable, criado por una acaudalada familia en California, que es secuestrado y vendido durante la Fiebre del Oro, y enviado a Yukon, al norte de Canadá. Ahí vivirá diversas aventuras y conocerá a diferentes perros y personas que lo acercarán a su lado más salvaje, lo que finalmente lo llevará a su destino.

“El Llamado Salvaje” es una sólida película de aventuras, en gran medida porque el personaje principal es profundamente querible. Pese a que puede ser sumamente difícil generar empatía con un protagonista que no habla, por lo que se vuelve difícil entrar en su mundo interior, el film toma las decisiones adecuadas de utilizar una voz en off que a menudo nos dice lo que piensa, y hacer uso del CGI para darle al animal un gran rango de emociones y personalidad. Inmediatamente somos capaces de conectarnos con Buck, y además de entender su relación con los otros animales que conoce, los que también son sumamente expresivos.

Y ese es uno de los grandes aciertos de la película. El uso que le da al CGI tiene más que ver con construir personajes expresivos y queribles que con buscar un fotorrealismo que sea técnicamente sorprendente, o con generar un mundo de fantasía que sea el gancho de la cinta. A diferencia de “The Lion King” (2019), acá los personajes caninos están llenos de expresividad y personalidad, incluso a pesar de no tener voz, y esto es casi en su totalidad a lo efectivo del CGI.

Aunque, claro, la falta de prolijidad técnica en la animación de los personajes se siente, y en algunas escenas casi llega a distraer de la historia. Hay momentos en que estos no alcanzan a mezclarse bien con su ambiente y se sienten como personajes de videojuego, moviéndose por un ambiente de manera desconectada. Sin embargo, el film completo genera una sensación de fantasía y plasticidad que se complementa bien con este aspecto.

Básicamente, todo es un poco plástico, pero al menos de manera coherente. Se siente como un film animado, tanto por su textura visual como por su puesta en escena, lo que tiene sentido, considerando que es la primera película live action del director Chris Sanders, famoso por “Lilo & Stitch” (2002) y “How To Train Your Dragon” (2010) y “The Croods” (2013). Esto lleva a que los momentos en que el CGI falla se vuelvan menos choqueantes y nunca lleguen a ser más llamativos que la historia en sí.

“El Llamado Salvaje” no es una película perfecta, tiene algunas falencias de guion, algunos de sus personajes (particularmente los villanos) son algo caricaturescos y el final se vuelve sobre explicativo, alargándose y siendo innecesariamente cursi. Sin embargo, al igual que el viaje de Buck, es una película con altos y bajos: una vez terminada, es un viaje que valió la pena tomar. Y no sólo eso, es también un buen ejemplo de las posibilidades narrativas que puede tener el uso de CGI en el cine, si dejamos de centrarnos en el aspecto técnico y volvemos a concentrarnos en la historia y los personajes.


Título Original: The Call Of The Wild

Director: Chris Sanders

Duración: 105 minutos

Año: 2020

Reparto: Harrison Ford, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan, Omar Sy, Jean Louisa Kelly, Terry Notary, Cara Gee, Colin Woodell, Wes Brown, Anthony Molinari, Brad Greenquist


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