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Romance Salvaje

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El cine de acción siempre ha sido menospreciado. A diferencia del terror gore o el exploitation, cuenta con la venia de la taquilla multimillonaria, pero eso no evita que sea denostado por críticos y expertos desde los albores del séptimo arte. Las razones para esta discriminación son variadas, muy similares a lo que sucede con los dibujos animados: poca profundidad en las historias, un afán netamente comercial o la estandarización de sus propuestas narrativas y estéticas. Sin embargo, no es para nada sencillo crear una buena cinta de acción, y ejemplos hay muchos de joyas que obligan a quedarse pegados al asiento hasta el final, cuando se encuentran en la TV un domingo en la tarde, a pesar de haberlas visto una y mil veces. En ese sentido, quizás uno de los autores más destacados fue Tony Scott, del que se dice era “uno de los pocos directores de acción hollywoodense que realmente podían contar una historia”.

Hace menos de una semana que Tony Scott se quitó la vida. El menor de la familia compartía profesión con su hermano Ridley, reconocido por la crítica y el público por títulos imprescindibles de ciencia ficción como “Alien” (1979), “Blade Runner” (1982) y la reciente “Prometheus” (2012). Incluso ganó un premio Oscar con “Gladiator” (2000), estatuilla que aumenta la sombra sobre el legado fílmico de su hermano. Para ser justos, Tony posee un trabajo que ha destacado por su coherencia, la capacidad para crear historias entretenidas, bien narradas, utilizando recursos expresivos y técnicos de vanguardia, siempre rodeado por actores de calidad indudable. Pasando por las taquilleras “Top Gun” (1986), “Crimson Tides” (1995), “Enemy Of The State” (1998), o las más recientes “Man On Fire” (2004) o “Unstoppable” (2010), su trabajo plantea diversos tópicos que quedan perfectamente reflejados en “True Romance” (1993, “Romance Salvaje” en Chile), su título más valorado por la crítica y menos destacado en cuanto a taquilla.

La historia es de un debutante que luego saltaría a la fama por su propia labor detrás de cámaras: Quentin Tarantino, quien vendió el guión para financiar “Reservoir Dogs” (1992). Según sus propias palabras, esta sería su obra más autobiográfica. Para los conocedores de la vida del cineasta de Tennessee, suena bastante lógico. Conocemos a Clarence (Christian Slater), un solitario dependiente de una tienda de comics, fanático de Elvis y las películas de kung fu, que pasa su cumpleaños en un cine viendo la trilogía “The Street Fighter” (1974) protagonizada por Sonny Chiba. Ahí conoce a Alabama (Patricia Arquette), con quien tiene un romance de una noche. Al día siguiente, ella le confiesa que es una prostituta pagada por sus amigos como regalo, y que ahora está enamorada. Luego de un furtivo matrimonio, Clarence decidirá borrar el pasado de Alabama, enfrentando a su proxeneta y narcotraficante Drexl (Gary Oldman) e iniciando la fuga de Detroit a California, donde será perseguido por unos mafiosos italianos.

Estamos ante un relato clásico de amor a primera vista, con un tono irónico y refrescante. El chico conoce a la chica, y la rapidez de su enamoramiento es sólo comparable a su pasión y compromiso. Incluso él enfrentará al Mal y la sacará de su cautiverio, para llevarla al paraíso terrenal donde serán felices “hasta que la muerte los separe”. La trama no ofrece sorpresas en su capa más evidente, claro está, pero el acento está puesto en otros elementos subyacentes, que al conjugarse convierten a este film en una joya de los noventa, con más influencia en el cine actual del que se cree, y que permite apreciar el talento de Scott para el cine de acción.

Algo que pasa desapercibido, pero que es necesario poner en contexto, es la forma en que Scott filma, aplicando un contrapunto preciso entre el caos que generan las erráticas decisiones y acciones de Clarence y Alabama, con la serenidad de los planos, sin abusar jamás de una cámara en mano o un montaje vertiginoso. Acá se muestra lo necesario, los planos son limpios, no hay abuso de cámaras lentas o secuencias cortadas cada dos segundos. La tormenta en la que se convierte la vida de los tórtolos de Detroit, y que encuentra su clímax en California, basta y sobra para evidenciar el caos, el absurdo y la violencia alrededor. Scott presenta una película contenida en su factura porque, en el fondo, no quiere que olvidemos lo que la película realmente es: una historia de amor, un cuento de hadas urbano.

Lo que sobra le hace daño a las historias en el celuloide. Si algo no se justifica, no es necesario, y este punto queda en evidencia magistralmente con la cantidad de personajes secundarios notables que tocan, directa o indirectamente, la vida de Clarence y Alabama. Es un reto para cualquier cinéfilo citar otra película donde los actores de reparto participen tan poco, sostengan líneas memorables, y sean tan esenciales que sin ellos la cinta se desmorona. La lista incluye al siempre camaleónico Gary Oldman como el proxeneta Drexl (no pasa del minuto 30 de metraje, sin más que tres escenas); a Dennis Hopper como Clifford, el padre de Clarence; Christopher Walken interpretando a Vicenzo Coccotti, jefe mafioso que le sigue el rastro a la pareja junto a James Gandolfini como el matón Virgil; Brad Pitt haciendo del drogadicto amigo de Clarence; y para el final Val Kilmer, siendo una especie de Mentor/Pepe Grillo/Elvis que le habla a Clarence en momentos de introspección. Para muestra, Walken y Hopper sostienen una escena que se repetirá luego, en variadas formas, en la filmografía de Tarantino: un extenso “duólogo” que a primera vista parece insignificante en su temática, pero que leyendo, mirando y escuchando entre líneas, desnuda un manejo notable del tiempo cinematográfico, la ironía, el humor negro y la capacidad de los dos actores participantes para manejar la tensión subterránea, acentuada por el juego de cámaras y el montaje, responsabilidad exclusiva de Scott.

El visionado tardío de esta película implica una trampa, porque ahora podemos comparar todas las obsesiones del cine de Tarantino, dándole importancia al guión frente a la capacidad del director para quedarse con lo importante y desechar aquellos elementos que harían naufragar el resultado final de la obra. El texto es notable, no hay dudas, y se evidencia en los diálogos extensos y –al parecer- sin importancia, en las citas a la cultura popular, al cine, comic, música y otros que son ya el sello de agua del director de “Pulp Fiction” (1994). Sin embargo, y ese es el trabajo del director, los cambios al original hacen apreciar el criterio final de Scott para no arruinar una trama cargada a la ultraviolencia, algo que siempre ha incomodado a Hollywood, aplicando pequeñas correcciones que no hacen sino mejorar y dar un sello personal al film. Entre las actualizaciones están el carácter lineal de la trama, que acentúa la proyección dramática, la escena de la montaña rusa y el desenlace, puntos que los dos directores reconocieron como discordantes entre el original y el guión final.

Por último, el descubrimiento o la revisión de este título es una excelente oportunidad de revalorar el legado fílmico de Tony Scott, injustamente dejado en segundo plano por un más famoso y exitoso hermano mayor. Incluso, al observar más detenidamente, el trabajo del menor de los Scott parece mucho más coherente en su conjunto, con tópicos recurrentes que se ven en “True Romance” y cruzan toda la obra, como la marcada figura masculina en el sentido clásico del término (aquel que debe asumir responsabilidades, debe proteger, debe hacerse cargo de proveer); la ética torcida de sus personajes, que dejan atrás una moral más tradicional y se vuelven fieles a sus principios o intereses; o el uso dosificado de la violencia, a veces entregada con cuenta gotas, a veces desatada, según la necesidad de la historia. Por esta y más razones, “True Romance” es una muestra representativa del talento de Tony Scott, quizás uno de los últimos artesanos del cine de acción hecho en Hollywood.

Por Juan Pablo Bravo

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Sonic: La Película

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Sonic: La Película

Las películas basadas en videojuegos siempre han tenido grandes dificultades en adaptar su material de origen. A menudo, los videojuegos presentan mundos imposibles de traspasar a la pantalla de forma verosímil, otras veces simplemente no tienen una historia y personajes suficientemente desarrollados. “Sonic: La Película” se ve obligada a enfrentarse a estos dos problemas, con la dificultad agregada de ser lo suficientemente simple y fácil de entender para una audiencia infantil, fracasando estruendosamente en todos estos aspectos.

Primero, trata de solucionar el problema del mundo que el videojuego presenta simplemente alejándose de él. Sonic empieza su historia viviendo en el paisaje tropical que tradicionalmente se relaciona con su personaje, lleno de junglas misteriosas y formaciones rocosas imposibles, pero rápidamente se ve obligado a transportarse a la Tierra, donde transcurre un noventa por ciento de la historia. Aquí, Sonic vive escondido a las afueras de un pequeño pueblo llamado Green Hills, pero cuando accidentalmente causa un gran apagón, debe pedirle ayuda al policía local Tom Wachowski (James Marsden) para que lo ayude a escapar del Dr. Robotnik (Jim Carrey), quien es enviado por el gobierno para investigar el origen del apagón.

El segundo desafío de la adaptación es darle una personalidad a Sonic. De todos los problemas que tiene la película, probablemente el más importante está en él y en los otros dos personajes principales. Muchas películas infantiles caen en el vicio de hacer que sus protagonistas, en un esfuerzo por ser lo más empatizables posible, terminan transformándose en un personaje soso y sin mucha personalidad. Sonic se apoya demasiado en bromear y hacer referencias de cultura pop, y no hay crecimiento ni evolución en él. Se siente constantemente como si fuera un youtuber intentando ser gracioso todo el tiempo, diciendo chistes cada tres palabras, esperando que al menos uno funcione. Por otro lado, su contraparte, Tom, tiene incluso menos personalidad. Es aburrido, predecible, y su viaje es simple y superficial.

El personaje que más profundidad tiene –que tampoco es mucha– es el Dr. Robotnik, sin embargo, su personalidad nunca es explorada con mayor detención, fuera de un par de diálogos. Queda enterrada bajo la anfetamínica interpretación de Jim Carrey, que vuelve a canalizar sus actuaciones en “The Mask” (1994) y “Ace Ventura: Pet Detective” (1995). Ninguno de los personajes resulta interesante, por lo que poco importa el viaje que tienen durante la historia, al punto de que, una vez terminada, uno termina preguntándose exactamente qué ocurrió durante esa hora y media.

La película es plana, se apoya demasiado en secuencias de acción que tampoco son particularmente emocionantes, y en un humor burdo y básico que ya se ha visto en innumerables cintas de aventura. A veces intenta jugar visualmente con la supervelocidad de Sonic e integrarla en las escenas de acción, cosa que a veces funciona, pero rápidamente se vuelve repetitivo y poco original, ya que utiliza los mismos recursos que antes han usado todas las películas que incluyen a un personaje con esta habilidad.

El humor es también un punto débil, mostrándose repetitivo y simplista, en parte porque los personajes no tienen gracia, pero también porque simplemente las bromas que los personajes dicen y los gags no son graciosos. Es como si constantemente los guionistas estuvieran yendo por la primera idea que se les ocurre, siempre la opción más fácil, sin esforzarse por llegar a nada original ni creativo, lo que hace que la película más que terrible, ofensiva o decepcionante, sea simplemente aburrida.

Adaptar un videojuego al cine tiene una dificultad mayor a la de otros medios, es verdad, pero cintas como “Pokémon: Detective Pikachu” (2019) demuestran que sí es posible tomar buenas decisiones, construir mundos visualmente atractivos y personajes interesantes. E incluso, más allá de los videojuegos, es posible hacer cine efectivo para niños sin caer en el lado más burdo de lo infantil, con bromas fáciles y tontas, e historias superficiales y predecibles. Sabiendo esto, sólo queda preguntarse exactamente hacia quién está dirigida esta película y por qué siquiera existe.


Título Original: Sonic The Hedgehog

Director: Jeff Fowler

Duración: 100 minutos

Año: 2020

Reparto: James Marsden, Jim Carrey, Ben Schwartz, Neal McDonough, Adam Pally, Leanne Lapp, Shannon Chan-Kent, Debs Howard, Bailey Skodje, Frank C. Turner, Dean Petriw, Tika Sumpter


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