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Resucitados

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Una película puede tener distintas intenciones. Puede querer plantear una pregunta sobre la cual reflexionar, discursear respecto a un asunto importante o filosófico, simplemente entretener y lograr que el público tenga una buena experiencia viéndola, o un sinnúmero de otros propósitos. Todas las razones mencionadas pueden estar presentes en una película de terror y, enfrentándonos a una premisa como la de “Resucitados”, que también incluye ciencia ficción para hablar sobre la muerte y la posibilidad de volver de ella, se podría creer a primera vista que este es uno de aquellos casos.

Frank (Mark Duplass) y Zoe (Olivia Wilde) son una pareja de científicos, que priorizan su trabajo y el progreso de su investigación por sobre una relación que tienen algo desatendida. El proyecto en el THE LAZARUS EFFECT 01que están trabajando es un suero que permitiría revivir a los muertos, pero al probarlo en un animal, este presenta un comportamiento violento una vez que es regresado. En un experimento, un accidente eléctrico resulta en la inesperada muerte de Zoe, y Frank no lo piensa dos veces antes de utilizar el suero en ella. Zoe revive, pero, como era de esperarse, no es la misma que era antes.

La idea de la muerte, su significado y lo que hay después de ella, pudo haber sido el gancho más atractivo que le inyectara algo de novedad a esta historia de terror, por lo demás, convencional. La inclusión de la ciencia ficción que permite traer de vuelta a los muertos, serviría, en teoría, para explorar asuntos más grandes y decir algo al respecto, pero esta es sólo una de las oportunidades que esta película desaprovecha. Hay un par de discusiones superficiales al respecto, pero la trascendencia que buscan alcanzar aquellos argumentos es tan nula, que ni siquiera se puede deducir que la cinta esté intentando hacer algún punto al respecto, en absoluto.

Podemos pasar a pensar entonces que lo que la película busca es simplemente asustar, y es sólo para esto que utiliza esa premisa. Trata con tanta liviandad los temas de vida o muerte, que termina siendo chistoso notar que se toma tan en serio en todos los otros ámbitos, recurriendo a los tipos de sustos más básicos e imaginables, con golpes de sonido que pueden predecirse segundos antes de que aparezcan e imágenes impactantes que salen de la nada en momentos de tensión pobremente THE LAZARUS EFFECT 02creados. En ese sentido, “Resucitados” es poco ambiciosa, cliché y no es fácil entender lo que quiere ser. La resurrección de Zoe ocurre hacia la mitad de la película, que antes de esto tenía una trama distinta y contaba con otro tipo de recursos para crear miedo y tensión. Es sólo hacia el final que se transforma en un tipo de película de terror más clásica, con un grupo de personajes encerrados que van muriendo uno a uno (donde, por supuesto, el personaje de raza negra es el primero).

También es cuestionable el hecho de que se logre generar esta situación en primer lugar. Porque sí, puede ser inverosímil que Olivia Wilde interprete a una científica, puede ser inverosímil que un líquido tenga la capacidad de revivir a alguien y que además lo traiga de vuelta con una capacidad cerebral mayor (como “Lucy”, pero con otro tipo de lógica interna fallida), pero para poder involucrarnos en la historia y lo que ocurre –y recién ahí entrar en la atmósfera necesaria para que el terror se genere–, tenemos que poder entender cómo llegamos a la situación final, que en este caso no tiene mayor sentido. No hay razón para que la capacidad cerebral aumentada de Zoe le otorgue tales poderes, y el personaje no tiene ninguna motivación para que ella suponga una amenaza para sus compañeros y empiece a atacarlos. La premisa falla en niveles demasiado imperdonables como para que nos pueda importar lo que sustenta.

THE LAZARUS EFFECT 03Porque además nos es imposible empatizar con los personajes y así, por último, preocuparnos por su supervivencia, ya que a estos sólo se les otorga una que otra característica. Por ejemplo, entre los integrantes del grupo está Niko (Donald Glover), quien siente una atracción por Zoe, y Clay (Evan Peters), un payaso que es usado exclusivamente con fines cómicos, estos siendo los únicos atributos que definen su personalidad. Estos errores comunes dentro del género de terror reducen a los personajes, desaprovechan una oportunidad de que a la audiencia le importe lo que ve y desperdician un elenco mucho más capaz de lo que aquí demuestra.

Son demasiadas falencias desde demasiados ángulos distintos como para poder involucrarnos en lo que se cuenta, ser capaces de dejar la historia de lado y ser capaces de sentir miedo o al menos entender qué era lo que la película buscaba generar. Un poco más de humor o de autorreferencia hubieran sido bienvenidos (como los que, irónicamente, hacen funcionar medianamente a la mencionada “Lucy”), pero todo se toma demasiado en serio. Al tener un bajo presupuesto y un reparto que ha indagado en el mundo mumblecore, se podría esperar más innovación o ingenio a la hora de desarrollar la historia, las caracterizaciones y los mismos sustos, pero “Resucitados” termina siguiendo el camino muchas veces transitado por otras olvidables y mediocres cintas de terror, dejándonos con la pregunta de por qué estos actores decidieron involucrarse en esta, e incluso la de por qué se decidió hacer en primer lugar.

Por Ignacio Goldaracena

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Minari

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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