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Cine

Qué hago con mi marido

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Llega una nueva comedia romántica a nuestras salas, esta vez pasando de las tramas de “chico conoce a chica” y sus primeras desventuras amorosas, para adentrarnos en los años no tan dorados de una pareja que con el tiempo ha caído victima de la rutina, perdiendo la chispa y el deseo, en una cinta que se sostiene en el gran trabajo de la dupla protagonista, cuya experiencia logra dotar de vida al quinto filme del director de “The Devil Wears Prada” (2006).

Kay (Meryl Streep) y Arnold (Tommy Lee Jones) son una longeva pareja de casados, cuya relación está en plena decadencia, situación que afecta principalmente a Kay, quien comienza a buscar formas para reavivar su matrimonio. Es así como Kay compra el libro de un tal Dr. Feld (Steve Carell), terapeuta especializado en las relaciones de pareja, a quien contacta para pasar una semana de terapia junto a su esposo esperando encontrar la solución a sus problemas.

“Qué hago con mi marido” (2012) va por la misma senda de películas como “Something’s Gotta Give” (2003), reivindicando los años dorados y jugando con los tópicos de la edad, para entregar una reflexión sobre los últimos años de la vida y cómo el amor puede seguir presente aunque las arrugas digan lo contrario. Con un tono liviano y amigable con el espectador, la película se basa exclusivamente en la relación que existe entre los dos personajes principales, poniendo énfasis en los diálogos y en los obstáculos que debe sortear la pareja durante su camino hacia el reencantamiento, situaciones que sólo se hacen interesantes gracias a los marcados caracteres de los personajes, que a estas alturas de sus vidas parecen mantenerse más rígidos que nunca.

Arnold es un viejo arisco y frío, incapaz de hablar sobre sus sentimientos y esquivo a la hora de enfrentar el drama de su mujer, una fiel y sensible Kay, que está al borde de un ataque de nervios y de tirar la esponja ante la distancia que impone su esposo y sus propios resquemores. Dando vida a la pareja, tenemos a unos impecables Meryl Streep y Tommy Lee Jones, ambos conscientes de su peso dramático dentro del filme, quienes se desenvuelven en pantalla como una verdadera pareja atormentada por sus problemas. La primera con el dolor a flor de piel y el segundo inmutable, pero de a poco desmoronándose ante su propia apatía.

El foco está puesto sobre Kay y Arnold, y el camino que realizan hacia un mejor porvenir como matrimonio. No hay muchas incógnitas a nivel de trama, por lo mismo, el trabajo actoral y la química que expele la pareja en pantalla, se transforman en el punto más destacable de la cinta. Para guiarlos durante su odisea, Steve Carell encarna al mentor del matrimonio, relegándose a un rol secundario y sin explotar sus dotes de comediante, que aunque se echan de menos, no son necesarios para dar vida a un personaje auxiliar a los verdaderos protagonistas de la función.

“Qué hago con mi marido” es una película pequeña y sin mayores pretensiones que las de entregar un entrañable retrato de una pareja que lucha por rencontrar el amor que los unió en un momento de sus vidas, y que al día de hoy, parece haberse esfumado entre la rutina y la monotonía. Con una buena dosis de momentos divertidos, algunos más efectivos que otros, y un guión que deja a una dupleta de capos de la interpretación hacer de las suyas frente a las cámaras, esta cinta dirigida por el norteamericano David Frankel, gana sus puntos en la sencillez, emoción y entretención de su propuesta.

Por Sebastián Zumelzu

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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