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Cine

Punto de Quiebre

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El momento en que se estrena una película puede ser tan importante para comprender una cinta como la obra misma. Es cierto que puede relucir o hundirse por sí sola, pero algo falta si en el análisis se omite por completo la época en que apareció, el lugar que llegó a compartir con otros filmes o el recibimiento del que gozó. Finalmente, eso apunta a si la película conectó y la gente la hizo suya; si por lo dicho, explorado o descubierto, logró convertirse en una obra que el paso del tiempo no hace mella en el cariño que cierto grupo siente por ella, forme parte o no del conjunto de cintas más fundamentales de este arte.

POINT BREAK 01Kathryn Bigelow asestó un golpe cuando los 90 recién despertaban y nadie parecía hablarle muy directamente a la juventud en el cine estadounidense, y la acción aún tenía bastante de trabajo de artesanía. Con una película rebosante de actitud –y algo de insubordinación pasada por agua–, toda una generación se vio reflejada. “Point Break” (1991), ante todo, contenía frescura, algo ligeramente nuevo. Aunque su historia de surfistas criminales y onderos –que en vez de querer ganar dinero, cometen crímenes para ir en contra del sistema– posee inconsistencias grandes y, vista desde hoy, no parece muy inteligente, resulta atendible que haya conquistado con su relato de lazos fraternales y contundente acción. Algo inobjetablemente poderoso tenía el filme con Keanu Reeves y Patrick Swayze, que lo convierte hasta ahora en objeto de estudio: habla de una época y de un cine que ya no se hace; detrás había un esbozo de mirada autoral, puntos de conexión con la realidad, lo que posteriormente lo hizo influir en el origen de la saga “The Fast And The Furious”. Veinticinco años después, su remake hace lo mismo, pero al dar cátedra de la podredumbre de la industria, de su ineptitud y de su absoluta carencia de propuestas.

Segunda cinta de Ericson Core, director de fotografía de títulos como “Daredevil” (2003) o “The Fast And The Furious” (2001), la película sigue al agente del FBI Johnny Utah (Luke Bracey), una antigua estrella del motocross que acepta como primer caso uno que lo obliga a internarse en un grupo de deportistas extremos, encabezado por Bodhi (Édgar Ramírez). La sospecha es que son la banda responsable de efectuar tres atracos en tres continentes distintos, que por su intrincado modus operandi tiene sin explicación a las autoridades. Arriesgando ser descubierto, Utah se introducirá en el círculo íntimo y obtendrá detalles de las reales motivaciones del grupo.

POINT BREAK 02Entre todo lo descabellado que se puede apreciar en esta nueva versión, por lejos lo más plausible es que intenta desde un comienzo exponer con honestidad qué es lo mejor que tiene para suministrar: los deportes extremos vistos desde todos los ángulos, con todo el tiempo y detalle que se le permita. O, más bien, qué es lo único que tiene. Porque, aparte de eso, no hay nada más en este filme vacío, deslavado e inocuo. Nada más lejos de ser un acto de amor por el mundo con anterioridad creado, como “Mad Max: Fury Road” (2015), o como supuestamente lo es “Creed” (2015), la nueva pieza del universo Rocky.

Hoy todo debe ser gigante, explosivo y bullicioso, y hacia allá avanza esta cinta. Así, por ejemplo, el grupo que el protagonista investiga debe completar una serie de pruebas para alcanzar algo así como un estado de nirvana, y son perfectos criminales que salen indemnes de cada robo con implementos que los hace parecer sacados de “G.I. Joe”. Asimismo, se le concede a su protagonista una nueva cualidad, que en este caso sólo perjudica: Utah ahora es un deportista con tanta destreza como cualquiera de la pandilla que lidera Bodhi, por lo que no hay asombro en su compartir con ellos y las vacilaciones que pueda experimentar quedan restringidas al muy delgado vínculo que va creándose; por ende, ni por asomo se produce una evolución del personaje.

POINT BREAK 03Tampoco es que la película de Bigelow fuera una cátedra de delineamiento en ese aspecto, pero tenía con qué defenderse. Este remake desafina en cada una de sus líneas argumentales, con un guión de Kurt Wimmer –director de “Equilibrium” (2002) y “Ultraviolet” (2006)– que es resueltamente un calamidad. Sus conflictos se desanudan con una facilidad inadmisible y sus momentos de mayor poderío dramático están desnudos de incluso toda verosimilitud. Y así es con toda la cinta: no se puede creer nada de lo que se está viendo. Es imposible de comprar que Utah resuelva tan diestramente los pasos a seguir por los criminales, que Bodhi y sus compañeros se salgan siempre con la suya, que Utah dude en la encrucijada entre su trabajo y sus nuevos amigos. Aparte, de ningún modo existe la tensión de bromance que había entre Reeves y Swayze, uno de los rasgos más interesantes de la original. Ni el texto lo provee, ni el fiato actoral entre Bracey y Ramírez lo hace surgir, en gran medida porque el primero es un desastre de intérprete. En tanto, las motivaciones detrás de estos criminales también sufre un “agrande su combo” –en fondo y alcances planetarios–, pero aquí se hacen persistentes intentos por ridiculizarlos, partiendo por poner a un tarado como financista (ojo a la escena de la fiesta, un verdadero crimen, y a lo que la antecede y sucede), empeorando un aspecto que ya no cuajaba demasiado bien en el filme de 1991.

Esta película, que no se esmera por poner nada en relieve, ni darle algo de trabajo a ningún aspecto que escape de la técnica, avanza desesperada por la siguiente escena de acción. Atropellada y estúpidamente, recorre veloz los sucesos que no puede eludir hasta alcanzar otra secuencia en que debiese haber emoción y un vértigo exquisito, pero a lo mucho hay atención y cierto interés, echando mano casi siempre al manual. Más allá de que duran una eternidad y están conducidas muchas veces POINT BREAK 04con impericia, la cinta falla porque desatiende que, si el argumento y los personajes apenas importan, es imposible que el espectáculo genere catarsis y tenga en vilo. Si Bigelow conseguía imágenes que bordeaban la belleza y que forman parte del imaginario del cine de acción de antaño, Ericson Core monta un show que deja prácticamente en total frialdad, y sólo saca de ese estado con sus puntuales y risibles guiños al filme original.

Del mismo modo que un producto tan perdido como “Need For Speed” (2014) de seguro contentó de todos modos a los fanáticos del mundo tuerca, una producción como esta puede que satisfaga a los amantes de los deportes extremos. Para el resto de los mortales no hay nada interesante, incluidos los nostálgicos de los 90 curiosos por ver qué ha hecho Hollywood con una de sus películas favoritas. La respuesta aquí esta: (casi) todos los males del cine palomitero contenidos en dos horas.

Por BlackSmoke

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El Llamado Salvaje

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El Llamado Salvaje

El CGI (Computer Generated Imagery) en el cine es a menudo un tema controversial al ser a veces mal utilizado, o ser técnicamente deficiente. A veces el efecto que genera es simplemente espantoso, como en el caso de “Cats” (2019), en otras busca ser casi lo único valioso en una película, más que historia o personajes, como en el caso de “Avatar” (2009). Esto se debe en gran medida a que es un recurso relativamente nuevo en la historia del cine, y las capacidades técnicas de los efectos especiales siempre están evolucionando. Algo notable de “El Llamado Salvaje” desde un principio es el uso de CGI para generar personajes casi en su totalidad, lo que es definitivamente una apuesta arriesgada. Sin embargo, el resultado, a pesar de no ser perfecto, es un buen camino a seguir para la industria en el futuro.

La historia sigue a Buck, un perro grande y afable, criado por una acaudalada familia en California, que es secuestrado y vendido durante la Fiebre del Oro, y enviado a Yukon, al norte de Canadá. Ahí vivirá diversas aventuras y conocerá a diferentes perros y personas que lo acercarán a su lado más salvaje, lo que finalmente lo llevará a su destino.

“El Llamado Salvaje” es una sólida película de aventuras, en gran medida porque el personaje principal es profundamente querible. Pese a que puede ser sumamente difícil generar empatía con un protagonista que no habla, por lo que se vuelve difícil entrar en su mundo interior, el film toma las decisiones adecuadas de utilizar una voz en off que a menudo nos dice lo que piensa, y hacer uso del CGI para darle al animal un gran rango de emociones y personalidad. Inmediatamente somos capaces de conectarnos con Buck, y además de entender su relación con los otros animales que conoce, los que también son sumamente expresivos.

Y ese es uno de los grandes aciertos de la película. El uso que le da al CGI tiene más que ver con construir personajes expresivos y queribles que con buscar un fotorrealismo que sea técnicamente sorprendente, o con generar un mundo de fantasía que sea el gancho de la cinta. A diferencia de “The Lion King” (2019), acá los personajes caninos están llenos de expresividad y personalidad, incluso a pesar de no tener voz, y esto es casi en su totalidad a lo efectivo del CGI.

Aunque, claro, la falta de prolijidad técnica en la animación de los personajes se siente, y en algunas escenas casi llega a distraer de la historia. Hay momentos en que estos no alcanzan a mezclarse bien con su ambiente y se sienten como personajes de videojuego, moviéndose por un ambiente de manera desconectada. Sin embargo, el film completo genera una sensación de fantasía y plasticidad que se complementa bien con este aspecto.

Básicamente, todo es un poco plástico, pero al menos de manera coherente. Se siente como un film animado, tanto por su textura visual como por su puesta en escena, lo que tiene sentido, considerando que es la primera película live action del director Chris Sanders, famoso por “Lilo & Stitch” (2002) y “How To Train Your Dragon” (2010) y “The Croods” (2013). Esto lleva a que los momentos en que el CGI falla se vuelvan menos choqueantes y nunca lleguen a ser más llamativos que la historia en sí.

“El Llamado Salvaje” no es una película perfecta, tiene algunas falencias de guion, algunos de sus personajes (particularmente los villanos) son algo caricaturescos y el final se vuelve sobre explicativo, alargándose y siendo innecesariamente cursi. Sin embargo, al igual que el viaje de Buck, es una película con altos y bajos: una vez terminada, es un viaje que valió la pena tomar. Y no sólo eso, es también un buen ejemplo de las posibilidades narrativas que puede tener el uso de CGI en el cine, si dejamos de centrarnos en el aspecto técnico y volvemos a concentrarnos en la historia y los personajes.


Título Original: The Call Of The Wild

Director: Chris Sanders

Duración: 105 minutos

Año: 2020

Reparto: Harrison Ford, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan, Omar Sy, Jean Louisa Kelly, Terry Notary, Cara Gee, Colin Woodell, Wes Brown, Anthony Molinari, Brad Greenquist


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