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Cine

Prueba de Actitud

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Si hubiera que dimensionar el peso de ciertos títulos en base únicamente a la respuesta del público, se diría que este año ha sido uno de los más satisfactorios para la comedia nacional. Se diría, también, que un filme –“Sin Filtro” (2016)– sacó una tajada gigantesca y levanta a los restantes, y que, en verdad, mucho no ha pasado con el género a nivel local, quedando todo exclusivamente en manos de dos películas de célebres humoristas. Bastantes más novedades tiene para ofrecer “Prueba de Actitud”, que además de ser el debut en la dirección de largometrajes de Fabrizio Copano y Augusto Matte, desordena el esquema de comedia juvenil y pone en primera fila a un grupo de jóvenes actrices.

prueba-de-actitud-01Se acerca la PSU, anuncian los noticiarios, y un grupo de amigas se prepara para dar el examen sin muchas esperanzas de obtener grandes puntajes. Ellas son la Cony (Denise Rosenthal), la Jechu (Belén Soto) y la Sam (Constanza Piccoli), disímiles adolescentes que se encuentran ante la posibilidad de robar el examen, para lo cual idean un plan que integra a última hora a Planta (Fabiola Alarcón) y a un profesor deseoso de lucir grandes resultados (Rafael Gumucio). Restan algunos días para alcanzar a memorizar las respuestas, por lo que las cuatro parten a Reñaca a estudiar, pero lo que encuentran son distracciones por montón y escasa concentración.

Una situación con sus padres para Cony, una situación con su papá para Jechu y una situación con un amigo con ventaja para Sam. La cinta determina que eso es un complemento inmejorable para introducir a las protagonistas y ofrecer –mediante una escena de llamada de Skype que, con facilismos, resuelve quién ejecutará el robo– que tienen una posibilidad de quedarse con el facsímil y no titubean en concretar esa temeraria idea. Ninguna coartada fastuosa, ningún drama humano sobregirado; una grisácea razón es suficiente para mover a los personajes en una dirección y darle inicio a la aventura. Por mientras, que el montaje, la música y la dirección de arte hagan su trabajo. El guion es lo de menos y cualquier alcance con la realidad es sólo accesorio, no hace falta esforzarse, pues desde cómo logran acceder a la casa de la Ministra de Educación con completa facilidad y por qué ella tenía en su velador el documento, hasta cuál es la prueba que hurtan (Lenguaje, Matemática, Ciencias), todo está armado de un modo pastoso, por momentos indolente, ignorando que la cohesión se alcanza a partir del cuidado de esos detalles elementales.

prueba-de-actitud-02La película quiere avanzar ligera y ojalá pasar rápido a las situaciones más frescas y desvergonzadas, para que la cámara lenta y la narración en off adquieran un rol preponderante. En verdad existen facilidades para jugar en esa línea: sus actrices rinden con solvencia, el arte y el vestuario están trabajados, la fotografía es competente. Sin embargo, las penurias y las incoherencias detrás de las motivaciones y la defectuosa continuidad de la narración, determinan que el recorrido de la cinta sea mucho menos placentero que lo que los realizadores perseguían, y que todas las apuestas de tipo visual y sonoro queden como correctos adornos sin un mayor fin –ahí cabe la colaboración de MKRNI–.

Con la honrosa excepción de alguna salida graciosa muy específica, que se podría buscar entre los aportes inauditos de Planta Carnívora y la inocencia de Belén Soto, “Prueba de Actitud” no se mueve con habilidad por el género. Le añade una dosis de alboroto a la categoría de comedia juvenil y de ese modo se desata de las restricciones todo espectador –cargándose de referencias sexuales–, pero eso no encarna ingenio o desenfado, dos atributos que tal vez habrían florecido dentro de una estructura más apretada y un texto menos frágil.

prueba-de-actitud-03Lo contradictorio de aquello reside en que si la película genera algún grado menor de simpatía es por lo exagerado del perfil de las cuatro protagonistas –la choriza, la virgen, la dark– y la desmesura de la dinámica que se expone. Pero ese componente propio de la comedia de enredos sin medidas es explotado con eficacia en muy pocas oportunidades, mientras que la mayor parte del tiempo hay situaciones mal terminadas y el guion se pasea sin mucha suerte por carretes, malentendidos, resacas, tomadas de sol y una que otra vuelta de tuerca sin sabor.

Aplicando empeño, las cuatro actrices principales lo hacen lo mejor que pueden, y maquillan con irregular fortuna algunas de las carencias de la cinta, aunque no consiguen evitar que el saldo difiera mucho de las intenciones de la propuesta. Notoriamente, conforme se acerca el final, la película va en declive, desfigurándose personajes y el sentido de la historia. Se termina por añejar lo que en algún instante pudo ser remotamente atrevido y se congela toda opción de consumar un entretenimiento directo y audaz.

Por Gonzalo Valdivia

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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