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Proyecto Florida

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La infancia y el verano parecen ser la mezcla perfecta para retratar una etapa de la vida donde esta parece tener un color más cálido y las complejidades del mundo adulto parecen ajenas. Sean Baker toma lo marginal y abandonado para contar historias donde, lejos de dramatizar, le da voz a personajes que no suelen tenerla, elemento que ya estableció en “Starlet” (2012) y “Tangerine” (2015). En “Proyecto Florida”, su última producción, trabaja estas ideas sin hacer concesiones y establece un realismo que a veces puede parecer duro, pero a ratos sencillo y libre de dificultades.

Moonee (Brooklynn Prince) es una niña de seis años que vive junto a su madre (Bria Vinaite) en un motel a las afueras de Orlando, muy cerca de Disney World. La niña vive sus aventuras de verano junto a un grupo de niños con quienes sólo se dedica a pasear y tener una fantasía que la mantiene alejada de la dura realidad que debe enfrentar junto a su madre.

“El Proyecto Florida” fue uno de los nombres que se le asignó al complejo turístico Walt Disney World en su primera etapa de construcción, y es justamente el contraste entre el gran parque que vende la experiencia de vivir una fantasía y uno de los moteles cercanos, que, lejos de los lujos que el centro vacacional puede ofrecer, es el escenario para que un grupo de pequeños niños den rienda suelta a su imaginación y llenen los días de verano con aventuras desprovistas de tickets y filas.

Puede ser que uno de los sueños de la mayoría de los niños sea visitar aquel parque temático y, aunque Moonee es parte de ese grupo, tiene plena conciencia de la situación en la que vive junto a su madre, pues en pequeños gestos es capaz de identificar algunos de los problemas que su situación económica trae consigo, pero al carecer de una completa comprensión de aquello, no logra ver las dificultades reales y las consecuencias que las decisiones de su madre podrían traer para ambas. Por lo tanto, la única alternativa que tiene para poder sobrellevar esta situación es divertirse y sacar el máximo provecho a las travesuras de las que, junto a sus amigos, es parte.

Esta mezcla entre la inocencia y la aventura de la niñez es posible gracias a las actuaciones del grupo de niños que da vida a aquellos personajes, otorgándole una alta sensación de realidad y naturalidad, particularmente Brooklynn Prince, quien logra sostener el concepto detrás de esta película de una forma sobrecogedora. Además, Baker, quien ya ha trabajado con actores no profesionales en sus filmes anteriores, muestra en esta decisión la naturalidad de personajes que parecen reales, provocando un acercamiento mucho mayor a la trama y a la construcción de estos.

La fantasía que logra crear Moonee en la calurosa estación se va viendo enfrentada a la realidad, y son justamente los personajes adultos los encargados de transportar la crudeza en la que se tienen que ver enfrentados al estar insertos en un escalón social que los tiene al límite de vivir en la calle, donde las pandillas, drogas y prostitución también son parte de este falso castillo de color púrpura. Pero acá no se busca otorgar a la pobreza un dramatismo desmedido, sino que es sólo el viaje a hurtadillas a través de una comunidad con la que nos podemos identificar, pero en una realidad dura y en un sector que queda a la sombra del lugar que promete cumplir sueños de niñez.

Tal como los días de verano, la vida de Moonee transcurre sin tener una estructura narrativa que seguir, por lo que la acción se concentra en las viñetas que se crean cuando el grupo de niños se pasean y juegan libremente a través de una versión del parque temático que puede ser incluso más divertido que el original. Sean Baker rodó su anterior película con un iPhone 5 y la libertad que podría otorgar ese formato se traspasa a la forma en la que la cámara se mueve en esta cinta. Además, el juego de colores del motel y sus alrededores hacen de este lugar el escenario perfecto para simular esta versión alternativa de Disney World.

Si bien los conflictos se van acrecentando a medida que la cinta avanza, esta se desarrolla a través de una trama que parece sencilla, pero que de todas formas está inserta en situaciones complejas y cercanas a la realidad, lo que provoca que el drama tome mayor protagonismo hacia el final. Sin embargo, el humor que arrastran las situaciones que vive la protagonista permite un respiro, provocando que la experiencia sea conmovedora, invitando a entrar en la fantasía de la pequeña niña, particularmente en el agridulce desenlace.


Título Original: The Florida Project

Director: Sean Baker

Duración: 111 minutos

Año: 2017

Reparto: Brooklynn Prince, Willem Dafoe, Bria Vinaite, Caleb Landry Jones, Mela Murder, Valeria Cotto, Christopher Rivera, Macon Blair, Sandy Kane, Karren Karagulian, Lauren O’Quinn, Giovanni Rodriguez


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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