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Cine

Proyecto 666

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Hay ocasiones en que las apariencias engañan y una película descrita como parte de un género en particular termina siendo otra cosa muy diferente, ya sea por una decisión notoria de la producción o del guión, o dependiendo del lugar desde el cual el espectador se ubique a mirarla y pensarla. Esto sigue pasando con la mayoría de las películas de terror, cuya fama es –porque así se ha querido– pésima. El horror cuenta con un sinfín de subgéneros, y existen híbridos que funcionan, como el found footage, fantasmas, gore, survival, las casas embrujadas, lo paranormal y sobrenatural, pero cuando se pretende hacer una cinta de terror humorística sin caer en lo de “Scary Movie” (2001), no queda mucho espacio. Lo triste, sin embargo, es cuando el fin no era la comedia, pero de todas formas se cae irremediablemente en ella. El ejemplo más reciente es “Proyecto 666”, que podría resumirse a “cuando los protagonistas de cualquier película de adolescentes fiesteros organizan una fiesta en un asilo mental abandonado, con resultados paranormales.

EXETER 01Años atrás, la escuela Exeter para Mentes Aquejadas se hizo conocida por las historias de abuso en contra de sus pacientes. Hoy, abandonada y en estado de deterioro, es mantenida por un grupo religioso compuesto por varios voluntarios, presididos por el Padre Conway (Stephen Lang), y entre los que se encuentra Patrick (Kelly Blatz). Cuando sus amigos se enteran que la escuela quedará vacía por el fin de semana, organizan una mega fiesta en la cual, al terminar, se quedan siete personas. Intrigados con las leyendas del asilo mental, deciden hacer una sesión de levitación que les traerá terribles consecuencias demoníacas, siendo testigos de la historia oculta del lugar.

El director Marcus Nispel ha construido con el pie izquierdo su fama: fue quien dirigió los remake de los clásicos de terror de 1974 y 1980, respectivamente: “The Texas Chainsaw Massacre” (2003) y “Friday The 13th” (2009), logrando poca aceptación por parte de fanáticos, entusiastas y conocedores del género. Si bien “Proyecto 666” es apenas su segunda producción original, dista mucho de lo esperado por un hombre que ya ha incursionado en la temática. Una y otra vez se cometen los mismos errores que le quitan más y más validez a un género que puede entregar mucho –como quedó demostrado en “It Follows” (2015)–, que simplemente terminan por ser un tira y afloja entre la risa y el aburrimiento fatal. Y es ahí donde nos quedamos pensando: “¿Es esto una comedia disfrazada, o realmente una pésima, pésima película?”

EXETER 03Los personajes no tienen sustento, gracia, identificación o parámetros; se mueven según sea lo más conveniente para el relato evidente, sin ocuparse de un trasfondo efectivo y dejan tras sí más dudas de las que deberían. Por otro lado, pese a que los efectos en general son aceptables e incluso algunos sobresalientes, hay una serie de fallas de continuidad evidentes tanto en la trama como en los cortes, que se acrecientan con un ritmo odiosamente irregular. Mucho close up sin razón, mucho corte esporádico y cambios de escena que más parecen estar hechos por un púber en el editor de su computador que por un profesional con experiencia en el asunto.

“Proyecto 666” parece ser una mala broma, una cinta pobrísima en argumento, personajes y desarrollo; no se ve un esfuerzo real por entregar una historia completa, sin agujeros argumentales, bien trabajada o, al menos, decentemente armada. Si bien se trabaja con poco –presupuesto e imaginación–, la nula capacidad de asombrar, asustar o siquiera enganchar de alguna forma queda al descubierto en los primeros minutos y se mantiene a lo largo del filme. A menos que al espectador le guste observar adolecentes ingenuos, necios y, por qué no, estúpidos, gritando y sufriendo de muchas maneras, sinceramente no hay más razones para darle una oportunidad. Pero, por otro lamentable lado, ¿qué más podemos pedir?

Por Daniela Pérez

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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