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Cine

Promesa de Vida

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Cuando, más allá del efectismo, poco y nada se puede extraer de una película, la necesidad de una perspectiva de director se hace clave. No tiene que ver con el concepto de cine de autor, sino simplemente la exigencia de que el responsable tras el lente tenga transparentado lo que quiere decir y el modo en que lo quiere decir, para que esto se haga visible a través de su trabajo. Si no se puede dilucidar nada por debajo de un dibujo lindo, entonces no queda más que pensar que no se tiene claro para qué se está contando la historia en cuestión, y que, de hecho, la obra es el resultado de unas ganas de hacer dinero camufladas de buenas intenciones.

THE WATER DIVINER 01Joshua Connor (Russell Crowe) es un granjero que vive en Australia junto a su esposa, ambos atormentados por la desaparición de sus tres hijos en batalla durante la reciente terminada Primera Guerra Mundial. Cuando la angustia lleva a la mujer a suicidarse, Joshua emprende un viaje a Turquía en busca del paradero de los chicos.

Como dato no menor, este es el debut tras las cámaras de Russell Crowe, taquillero actor que obtuviese fama de proporciones intergalácticas con su trágicamente entrañable rol de Maximus en “Gladiator” (2000). No es antojadizo el recordatorio, por una razón muy simple: el film no es sólo la conjugación de las fórmulas de todos los clásicos épicos posibles, sino también se agarra sin pudor de esa visión heroica del australiano, que ha estado impresa a fuego en nuestras cabezas desde hace ya quince años. Crowe, para el imaginario público, será el bueno de Maximus por siempre y como realizador saca provecho de aquello, reavivando aquí las cenizas de un recuerdo que no muere.

El listado de referencias que saltan a la mente es demasiado extenso como para entrar en ese terreno, pero al menos sí se puede detallar el manojo de estrategias recicladas. Partiendo por la propia trama: bien intencionado sujeto pierde a su familia y no descansará hasta obtener respuestas. La premisa es antiquísima y puede ser abordada con un tono oscuro y visceral, optando en esta ocasión por el THE WATER DIVINER 02sentimentalismo más prístino, ese que recoge al espectador de teleserie de la tres de la tarde. El interés amoroso tan inesperado como imposible es el elemento infaltable, interpretado por Olga Kurylenko, cuya solidez dramática es muy somera como para no ser ensombrecida por su cara bonita. La tensión entre ambos es presentada de forma tan inmaculada que parece extraída de una novela rosa de antaño, cuando el mero roce de manos era el gran evento erótico que sacaba suspiros.

No alcanzan a pasar dos escenas sin que la música asome como decoro, y siendo una especie de decoro empalagoso, de apelación emotiva majadera. Debemos conmovernos y llorar, es el mensaje subliminal que aparece en pantalla si se rebobina y ralentiza la cinta. Como complemento, un tratamiento de cámara recargado de acercamientos mal ejecutados, que no debiesen ser permitidos en una producción de semejante envergadura. El lente insiste en hacer repentinos zoom in en el personaje para enfatizar la intención, en una decisión fotográfica de gusto dudoso y pasada de moda.

El afán lacrimógeno es explícito, sin embargo la falta de una postura cinematográfica clara de parte de su director lo deja todo más bien vainilla. Es que el material en bruto es potente, pero la THE WATER DIVINER 03construcción no le hace justicia. Si bien hay que darle el crédito a Crowe por un desempeño actoral aceptable, lo bastante para sostener la película en su espalda, todo el resto sabe desabrido, en especial lo más importante, que es la resolución del conflicto y el destino de la pareja romántica. Aquellas instancias nos interesan por obligación en vez de manera orgánica.

Por lo menos no se transforma en un viaje fatigoso, a pesar de sus casi dos horas de duración y de que contiene menos acción física de lo que parece prometer a primeras, dado su rasgo bélico. El hecho de que no inspire bostezos es un mérito, pero está a años luz de equivaler a un “Braveheart” (1995) contemporáneo o algo por el estilo, dado su arsenal de lugares comunes e instigaciones de llanto que harían pensar que aspiraba a aquello. No es el peor debut en la dirección de la historia, por cierto, proclamar algo semejante constituiría una injusticia. No obstante, eso no la salva de caer en la categoría de olvidable.

Por María José Álvarez

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Contra Lo Imposible

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Contra Lo Imposible

Plasmar cinematográficamente acontecimientos relacionados con el deporte implica trazar una línea, aludiendo al proceso detrás de la preparación antes de enfrentarse a un gran evento, con los conflictos situados entre medio configurando la trayectoria de quienes protagonizan grandes hazañas deportivas. Una de las carreras de automovilismo más prestigiosas sirve como el escenario perfecto para situar fuerzas opuestas en medio de un conflicto de intereses donde las destrezas, el compañerismo y la determinación serán fundamentales para alcanzar el éxito. Dos años después de su exitosa “Logan”, James Mangold dirige una historia inspirada en hechos reales y que tiene al centro a dos de las grandes compañías de automóviles del mundo: Ford y Ferrari.

“Contra Lo Imposible” se centra en el visionario diseñador de autos Carroll Shelby (Matt Damon) y el corredor Ken Miles (Christian Bale). Ambos estarán encargados de diseñar y construir un auto de carreras para la compañía Ford, el que debe ser capaz de vencer a su oponente más poderoso en manos de Enzo Ferrari (Remo Girone). Juntos deberán luchar contra los intereses corporativos para, al mismo tiempo, alcanzar sus victorias personales.

La cinta aprovecha desde su inicio el concepto en el que se encuentra inmersa, pues las carreras de autos son su principal motor, y estas son representadas con una mirada intuitiva, capaz de exhibir con agilidad cada momento y componente de una carrera automovilística. Y considerando su extensión, alcanzando las dos horas y treinta minutos, el ritmo agitado se vuelve esencial para conducir un relato que realmente profundiza en su principal temática.

Las decisiones de encuadres y montaje ayudan a edificar una historia que arranca tal como lo hace un auto de carrera y debe avanzar poniendo especial atención a las curvas con las que se encuentra. Y es ahí donde las pausas son necesarias para así poder evidenciar el entramado que se teje al interior de la compañía Ford y, a la vez, aprovechando de adentrarse en la vida personal del corredor que estará a cargo de conducir el moderno automóvil.

Para poder construir una historia que intenta alcanzar un nivel épico dentro de su contexto, esta es divida en dos trayectos que avanzan a la vez y que juntan su camino en la carrera de Las 24 Horas de Le Mans. Por una parte, la compañía Ford y su lucha por competir con las grandes entidades del mundo automotriz, es el centro y detonador que empujará a sus protagonistas a enfrentarse a grandes obstáculos para alcanzar el principal objetivo. La compañía es a la vez representada como quienes instalan los inconvenientes corporativos, donde los intereses monetarios preponderan frente a la pasión que significa para los protagonistas el poder diseñar el revolucionario nuevo modelo.

Por otra parte, el encargado de conducir el nuevo automóvil es el obstinado Ken Miles, el que simboliza un espíritu agitador y con el objetivo de alterar la firmeza de la compañía. Junto a su carácter testarudo y poco apacible, Ken es el personaje que más cambios sufre a través del relato, siendo capaz de transformar su razonamiento, pero gracias a quienes lo rodean, su esposa e hijo. Sin embargo, su camino no podría completarse sin el apoyo de su amigo y socio en este negocio, Caroll Shelby. La relación de ambos es la manifestación del compañerismo y el cariño fraternal; en ellos está puesta la cuota necesaria de idealismo, la que los ayudará a continuar adelante, pese a las adversidades.

James Mangold logra crear un drama deportivo complejo y con las características de un cine algo más clásico, rememorando a producciones hollywoodenses de antaño, pero con la apariencia física de una obra moderna que cuida su tratamiento. “Contra Lo Imposible” alcanza un nivel satisfactorio, donde el mundo que retrata queda plasmado con total firmeza y es coherente con sí misma hasta el final.


Título Original: Ford v Ferrari

Director: James Mangold

Duración: 152 minutos

Año: 2019

Reparto: Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas, Tracy Letts, JJ Feild, Ray McKinnon, Rudolf Martin, Ward Horton, Bridie Latona, Lachlan Buchanan


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