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Power Rangers

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De un tiempo a esta parte, hemos visto cómo ejercicios de innovación han hecho grandes aportes al cine, mirando hacia el futuro. En ese sentido, también existe una contraparte que intenta mantener vivos éxitos de tiempos pasados y que lograron funcionar gracias a un contexto en particular. Esto ha demostrado que, más allá de homenajear o dejar notar las influencias, se quiere revivir una época en una práctica de pura nostalgia, así, reinicios, remakes y adaptaciones en live action de producciones animadas aparecen de manera obligatoria en cartelera. La lista es larga, y se podría mencionar a “Ghostbusters” y “The Jungle Book” como títulos del año pasado que generaron revuelo antes y después de ser estrenados.

Ahora es el turno de revivir y reiniciar al grupo conocido como los Power Rangers, pertenecientes a la serie que logró alcanzar éxito en los 90, que estableció una franquicia alrededor de varias versiones en televisión y un par de películas sin mayor éxito. Entonces, cabe preguntarse si es necesario revivir una serie que funcionó en un contexto en particular y traerla a una era donde se le exige mucho más a películas del género.

Cinco adolescentes con personalidades muy diferentes se encuentran una noche con unos misteriosos objetos que los dotarán de súper poderes. Al darse cuenta de esta cualidad, descubrirán que con ella deberán cumplir con una gran responsabilidad y la tarea no será fácil. Unidos como los Power Rangers, lucharán en contra de la malvada Rita Repulsa (Elizabeth Banks), quién amenaza con destruir el mundo.

Si bien los motivos para traer una producción exitosa del pasado y adaptarla en la era contemporánea descasan en la nostalgia, resulta casi imposible sostener una historia solamente en aquella premisa. Y afortunadamente existe conciencia sobre este factor, el que es aplicado de manera correcta en uno de los aspectos de su construcción narrativa, pues sus personajes son tratados con mayor seriedad. Por lo tanto, se hace cargo de esta época y, de paso, del ya manoseado concepto de generación millenial al ahondar en los problemas que tienen los cinco jóvenes protagonistas, con ellos representando a los apartados socialmente y a quienes son tratados como raros, en un lugar donde algunos no logran encajar y otros han cometido errores que, para esta época y su grupo etario, se consideran imperdonables. Un grupo que a ratos pretende recordar similitudes con el conjunto de protagonistas de “The Breakfast Club” (1985), pues le habla directamente a una audiencia juvenil; a un público objetivo que podría ver ajena la adaptación de una serie atemporal.

Este podría ser el único avance positivo que se encuentra en esta nueva versión, pues, a medida que avanza, toda esta atmósfera inocente y bien intencionada se pierde en la confusión narrativa que se va construyendo. Cada paso que da, va dejando cabos sueltos que en ningún momento pretende arreglar vía un guión expositivo, donde los personajes explican sus motivaciones constantemente por medio de sus diálogos, no dejando espacio para interpretaciones. Así, de manera tediosa, todos los hechos son (sobre) explicados más de una vez, e incluso de esta forma existen piezas que no logran encajar. Esto genera que las coincidencias logren solucionar nudos descuidados, resultando en hechos inverosímiles y fuera de lugar.

Generalmente, muchos blockbusters son criticados por el hecho de potenciar sus secuencias de acción y efectos digitales, dejando de lado la construcción de personajes. En esta producción ocurre lo contrario, y el problema es que el desbalance le pasa la cuenta, sobre todo cuando las escenas más esperadas -que hablan de la esencia de la serie y su acción- llega recién en el último tercio de la cinta. Es esta última esperada parte de la película la más decepcionante, pues resulta débil y descuidada, sugiriendo que se trabajan dos películas en una, y lamentablemente la que más falla es la que al final importa. Por otra parte, no se puede olvidar el material original, el cual funcionaba en una época de dificultades tecnológicas, pero que es casi imperdonable durante esta década.

“Power Rangers” se hace cargo de lo que significó en una época en particular, por lo tanto, la nostalgia justifica su construcción. En ese sentido, quienes son seguidores de la serie, se encontrarán con guiños y podrán sentirse satisfechos. Por otra parte, reinventa a sus personajes, pero eso no logra ser suficiente para sostenerse al cometer errores que le restan peso y que la posicionan como una cinta débil e innecesaria.

Por Ángelo Illanes

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Star Wars: Los Últimos Jedi

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Star Wars: Los Últimos Jedi

Enfrentarse al desafío de continuar el legado de la magnánima franquicia de Star Wars, es un reto que no sólo debe tomarse con precaución, sino también con valentía. “Star Wars: Los Últimos Jedi” se posiciona en la cartelera con el camino bien pavimentado. Tras la sorpresiva aparición de “The Force Awakens” (2015) y el arrollador éxito de “Rogue One” (2016), el episodio ocho tiene por desafío mantener (y elevar) la barra de calidad que sus dos antecesoras han cimentado. Así como sus protagonistas tienen la responsabilidad de hacerse cargo del lado luminoso y oscuro de La Fuerza, esta película tiene como meta no sólo entretener y dar taquilla, sino cambiar el paradigma con el cual la saga se ha abordado en sus cuarenta años de historia.

La película retoma donde nos dejó el episodio VII. La primera orden ha destruido a la nueva República y, a pesar de haber perdido la base Starkiller, su superioridad militar respecto a la resistencia deja a los rebeldes al borde de la desaparición. Por otro lado, la chatarrera sensible a La Fuerza, Rey (Daisy Ridley), intenta traer de vuelta a la resistencia al legendario y deprimido Jedi, Luke Skywalker (Mark Hamill). La paz en la galaxia pende de un hilo y las fuerzas de ambos bandos se jugarán todas sus cartas en un choque inevitable, del cual uno de los dos no saldrá bien parado.

La trama de “Los Últimos Jedi” no deja espacios para respirar. Juega a tres bandas argumentales que consiguen conjugarse con la armoniosa astucia que sólo Disney parece conocer: la tensa acción, la sensible introspección y la rápida comedia. Porque sí, “Los Últimos Jedi” encaja perfectamente en la efectiva fórmula de las películas de Marvel; un equilibrio eficaz entre el vértigo, la intimidad y el cómodo drama, todo condimentado con amplias dosis de risas fáciles. Gracias a esto, la trama planteada por el director y guionista, Rian Johnson, consigue avanzar rápidamente y no deja muchos momentos para la discusión (aunque después del análisis ciertas cosas no cuadran mucho). Aun así, la historia se hilvana perfectamente con la línea editorial planteada en “The Force Awakens”, o más bien consigue madurar esas directrices y las empuja hacia los límites que su cinética narrativa permite. El guion avanza en tres líneas narrativas que progresan con una lógica aceptable y que consigue sumergirnos en el suspenso, la intriga y, sobre todo, la sobretonal emoción que la película pretende ostentar.

Los personajes se dividen en dos grupos claramente definidos: la nueva generación y las antiguas leyendas. Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), rostros habituales, encabezan cada uno un arco argumental cargado de tensión y contratiempos. Finn juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama entre la resistencia/primera orden y, aunque sus acciones se delimiten más por el azar que por mérito propio, consigue desarrollar una historia funcional y sin vueltas muy complejas. Dameron, por otro lado, finalmente protagoniza la trama que se le debía desde el episodio pasado y, como comandante de la resistencia, se enfrenta a decisiones morales que conllevan a enfrentar un tópico recurrente en el universo Star Wars: la impetuosa juventud versus la sabiduría que da la experiencia ¿Qué es más necesario, mártires o líderes? Una reflexión que la franquicia había obviado y que, por fin, se materializa con orgánica eficacia en la trama del piloto más hábil de la resistencia.

Pero todo esto no es más que un acompañamiento para lo realmente interesante, Rey y Kylo Ren (Adam Driver), quienes se roban toda la atención del filme al ser, quizás, los personajes de la franquicia fílmica que mayor conexión tienen con La Fuerza. En este punto, Johnson consigue un sorprendente manejo del suspenso y la inmersión. Nos mantiene capturados durante toda la película en espera a ver cómo se resuelven las dudas planteadas en el episodio anterior y consigue cosechar un crecimiento, si bien no sobresaliente, al menos creíble de sus nuevos héroes. El manejo del misterio y la intriga en la trama de los dos sensibles a La Fuerza es el punto más destacado de esta historia, la cual no termina por sorprender, pero si consigue coherencia y solidez respecto a los personajes que construye. Rey evoluciona, con sentido y razón, pero sigue siendo un personaje plano y bidimensional, mientras que Kylo Ren no hace más que avanzar, a veces desde la puberta hipérbole, como el gran protagonista de la nueva franquicia.  Ambos son los indiscutibles líderes de esta nueva camada de películas, quienes, en distinta medida, mantienen con vida la ambigüedad que implica La Fuerza, la luz y el lado oscuro; lo correcto y lo necesario.

Por otra parte, es imposible obviar a las leyendas Luke Skywalker y Leia Organa (Carrie Fisher). La princesa cumple su rol como general y personaje de apoyo, mientras que Luke, en esta faceta decaída y cabizbaja, entrega una interesante interpretación como último y decadente maestro Jedi. En este punto vale la pena detenerse, pues Disney parece no tener escrúpulos en volver evidente su divorcio con el legado de George Lucas y continuar con su insípido manejo de los personajes clásicos. Los hermanos Skywalker tienen limitados momentos propios a lo largo del filme, pero, por cómo se les aborda, pareciera que cuarenta años de legado súbitamente han desaparecido en provecho de los nuevos protagonistas. Asimismo, los secundarios “de antaño” han desparecido casi por completo y sus participaciones son limitadas a la comedia y los gags. Una lástima.

En lo técnico la película es un acierto en todas sus áreas. Fotográficamente, la madurez de la saga salta a la vista. Diversos fotogramas nos entregas variadas metáforas visuales que nos hablan del mundo interno de los personajes, como la frustración que siente Luke o la soledad que rodea a Rey y Kylo. La música, a cargo del maestro John Williams, se empareja con el montaje y levantan escenas enteras, entregándonos un espectáculo de vértigo, suspenso y emociones.

Visualmente el filme es un éxito en justa regla. La brutal pericia de la post producción demostrada por LucasFilm en las dos entregas anteriores alcanza su peak en este momento, dando vida a mundos llenos de detalles (el caso de los planetas) y dotando de espectacularidad toda la marcialidad de la Nueva Orden. En terrenos espaciales, las batallas están logradas bastante bien y, aunque limitadas, divierten dentro de lo posible. En general los combates, espaciales y terrestres, no son el plato fuerte del filme (en comparación con la suprema “Rogue One”), no así las coreografías e intrépidas batallas de sables láser y similares, las cuales deslumbran gratamente. Esta es una película que visualmente envejecerá muy bien y cuyos méritos en ese apartado no pasan solamente por la solidez de sus efectos especiales, sino también por la clara sensibilidad detrás de su visión fotográfica y su armado de montaje.

“Los Últimos Jedi” finalmente se libera de la mochila que implica cargar con ocho películas en su espalda y, a la velocidad de la luz, emprende vuelo propio en pos de la nueva generación, tanto de héroes como de espectadores. Los tiempos han cambiado y así mismo lo han hecho las audiencias y los realizadores, por lo que es obvio que la narrativa de Star Wars mute hacia la sintonía de Disney y sus otras patentes: comedia fácil, villanos planos y héroes bidimensionales que coexisten en una trama de manual escrita por talentosos guionistas. Si “The Force Awakens” fue un evidente tributo a la trilogía original, “Los Últimos Jedi” toma limitados y puntuales elementos de la saga, les da identidad propia y consigue entregarnos algo jamás visto, nuevo y propio. Quienes esperen revisionar “The Empire Strikes Back” (1980), acá no la van a encontrar. La saga ha tomado su propia ruta y, salvo puntuales momentos, delimita un nuevo camino por el que continuará la franquicia; no hay vuelta atrás. El filme es el heredero perfecto para la línea editorial planteada en el episodio VII, la hija prodigio de la space opera de J.J. Abrams. Sea esto bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.


Título Original: Star Wars: The Last Jedi

Director: Rian Johnson

Duración: 152 minutos

Año: 2017

Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Óscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis


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