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Polvo de Estrellas

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Cuna de un mito bizarro tras otro, escondite de dobles vidas, una selva de donde salvos salen muchos pero sanos pocos; Hollywood es un universo deslumbrante en términos románticos y narrativos. Tras bambalinas se deben entretejer historias de un calibre de extravagancia tal, que quizás ni siquiera queremos enterarnos del todo, pero el asunto es que sí tenemos un esbozo de idea, y aquel que no, simplemente vive bajo una roca. Es un secreto a voces que, cuando se apagan las luces, aparecen verdades incómodas, por lo que la temática, de novedosa, ha perdido bastante.

MAPS TO THE STARS 01Construido como relato coral, el argumento lo conforma Agatha (Mia Wasikowska), una misteriosa chica que arriba a Hollywood y en el proceso se involucra con Jerome Fontana (Robert Pattinson), un aspirante a actor, Havana Segrand (Julianne Moore), delirante actriz obsesionada con reversionar el papel que interpretó su famosa madre, y el matrimonio Weiss (John Cusack y Olivia Williams), padres de Benjie (Evan Bird), estrella infantil drogadicto.

Tratar con directores atípicos como David Cronenberg es complejo, ya que, como el sujeto inteligente que ha probado ser, el potencial que prometen sus atrevidas propuestas no es infundado. No adhiere a un estilo de cine intachable y querible, y su mérito, en efecto, radica en eso. Progenitor de obras difíciles y a ratos francamente descolocantes, el realizador ya nos tiene condicionados ante el endeble nivel de amabilidad que poseen sus cintas. Sin embargo, esto no garantiza que todo lo que se le ocurra valga la pena de tolerar sólo porque su apellido figura en los créditos. Es cosa de chequear su anterior entrega, “Cosmopolis” (2012).

MAPS TO THE STARS 03El principal dilema con “Polvo de Estrellas” es que, aunque se le agradece que satirice sin misericordia un mundo sumamente idealizado por la masa, emana un aroma a autoproclamada astucia que, para ser ciertos, no es tal. ¿El motivo? Su oferta, relevante para una minoría y distanciada. Se aguanta el carisma impersonal del film, ya que la inexistente empatía –por no decir rechazo- que generan los personajes es una vía válida; de hecho, es coherente con la intención autoral. Pero para que este pequeño gran detalle se sustente, al menos la materia dura y pura de la película debiese ser atractiva, lo que no sucede.

Es que las desventuras de sus caprichosos protagonistas nos resultan indiferentes. Los líos y crisis que alimentan las tramas en medio de lujos obscenos, interrelaciones turbias y, en general, una realidad tan inalcanzable que parece una dimensión paralela a la de los simples mortales, son fastidiosos y olvidables. Ya sabemos que allá en la meca del cine la gran mayoría oculta secretos y trancas que están a millas del glamour que brilla en las alfombras rojas, y sus creadores pecan al creer que nos están revelando el submundo más insospechado jamás.

MAPS TO THE STARS 04Como gran acierto están las actuaciones, cualidad infaltable en las producciones de Cronenberg, hay que decirlo. Encabezado por una brillante Julianne Moore (mencionarla y llamarla brillante es básicamente una redundancia a estas alturas de su carrera), el célebre elenco trabaja por dar en el tono de sus arquetípicos roles respectivos, y triunfan, dando vida a gente odiosa pero creíble. Tanto así, que incluso el perpetuo apático de Pattinson nos enseña un porcentaje de humanidad. Wasikowska queda al debe, pero no sólo en esta ocasión: es una actriz espontánea, pero su aura cándida y cara de niña buena que al parecer se trae algo entre manos, ya se han vuelto lugares comunes.

Estrictamente como meta-relato es un ejercicio sugerente; una producción hollywoodense recurriendo a súper estrellas hollywoodenses para darle cuerpo a una sátira sobre el detrás de la fama en Hollywood. Pero dentro de ese mismo paradigma segmenta su alcance, y da la impresión que se hizo con una arrogancia intelectual adrede: parece estar muy consciente de que está hecha por cinéfilos, para cinéfilos. Y arrogancia es, puesto que su tratamiento políticamente incorrecto, con sus situaciones extrañas y diálogos cargados de humor negro y bromas internas que aluden a la industria, gritan una camuflada sed de premios por tamaña osadía que tanto goza la crítica snob. Su autoconciencia no pasa desapercibida (aunque así lo crea), y por cierto que molesta.

Por María José Álvarez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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