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Cine

Polina, Danser Sa Vie

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El arte, y específicamente la danza, ha sido un tema muy fuertemente tratado por el cine desde sus inicios. La búsqueda por plasmar la pasión, la disciplina y la entrega de la vida de los artistas y cómo ellos han llegado de ser simples mortales a grandes maestros y visionarios de su tiempo, es uno de los grandes viajes que las películas han intentado capturar en múltiples ocasiones.

“Polina, Danser Sa Vie” es un nuevo intento por retratar aquel mundo en todo su dramatismo, usando una mirada natural y cotidiana, llena de hermosos juegos de cámara, sonido y narración que encantan y transportan al espectador, a través de un viaje de 108 minutos, provocando un hambre por ver un poco más de su historia, por haber sido un poco más parte de esta película y sus tránsitos que reescriben el popular cómic francés en el cual se basa.

Dirigida y adaptada por la directora francesa Valérie Müller en conjunto con el coreógrafo Angelin Preljocaj, la historia cuenta la vida de Polina (Anastasia Shevtsova), una joven rusa decidida a convertirse en bailarina clásica, a pesar de los escasos recursos económicos de su familia. Para lograrlo, ella irá conquistando y adaptándose a nuevas formas de danza a través de la mano de varios maestros, que la llevarán finalmente a encontrarse consigo misma y a convertirse en su propia maestra.

Al tratarse de una película que gira en torno a la danza, es lógico pensar que el trabajo de sonido será uno de los puntos más fuertes e interesantes de su propuesta. Sin embargo, el film toma una decisión completamente distinta y prefiere arriesgarse a trabajar desde el silencio para mostrar la vida de Polina: sonido de pasos, autos y voces repletan mayormente el mundo sonoro del largometraje, relegando a las canciones -tanto clásicas como modernas- a un segundo plano. De esta forma, la película se nos muestra como un secreto, una invitación al mundo íntimo de la bailarina que se nos abre desde su simplicidad y naturalidad, transitando por la sonoridad de su vida, en donde los violines y pianos propios del ballet sólo representan una pequeña parte de su proceso artístico y humano.

Igualmente, el uso de la cámara se aleja mucho de lo que películas como “La La Land” (2016) o “Billy Elliot” (2000) nos han acostumbrado a esperar de una película que trata sobre música y baile: cámaras estáticas o de grandes panorámicas, cuyo único centro es la protagonista. Por otra parte, los directores vuelven a apostar a una mirada simple y dinámica propia del cine francés, entregándonos planos que transitan entre cámaras en mano enfocadas a paisajes, o estructuras y tomas coreografiadas que apuntan a capturar la magia del baile más allá de los cuerpos, haciendo parecer que somos testigos que pasan por los escenarios del film y no perseguidores consumados de la protagonista y sus andanzas.

Sin embargo, la estética tan cuidada y llena de matices que nos ofrece, se ve opacada a medida que van pasando los minutos por su narrativa. La historia comienza desde un punto sumamente interesante y genera tensión dentro de los primeros 40 minutos, en los que vemos a Polina luchar por sus sueños, pero luego esa misma tensión avanza forzadamente con falsos peaks dramáticos, generados a través del juego estético entre cámara y sonido que no son resueltos en la historia, dejando al espectador en una confusión y desencanto que amenaza con caer en el tedio durante la media hora central del film. No obstante, aquellos 30 desastrosos minutos son totalmente perdonables cuando nos encontramos en su parte final, donde cada momento se presenta como una nueva sorpresa, y la historia toma un ritmo rico y fluido que marca el cierre de un largometraje que deja con gusto a poco, debido a su profunda reflexión y cuidado de los detalles.

En conclusión, “Polina, Danser Sa Vie” es esa clase de películas que los amantes de la estética o del arte del cine amará. Llena de matices, detalles cuidados y pulidos con una propuesta fílmica clara, pero novedosa a un tema que ya ha se perfila como un género en sí mismo. Una verdadera delicia fílmica que exige paciencia a medida que se desenvuelve, hasta convertirse en un verdadero goce de ver en sus minutos finales. Sin embargo, es necesario mencionar que es una película que requiere tiempo para adentrase en su mundo y ser disfrutada, por lo que puede parecer lenta y predecible en una primera instancia, tanto por su falta de acción real como por su escasa tensión e inconsistencia argumental, la que sólo es subsanada por los detalles técnicos con los que juega.

Por Ricardo Tapia

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Contra Lo Imposible

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Contra Lo Imposible

Plasmar cinematográficamente acontecimientos relacionados con el deporte implica trazar una línea, aludiendo al proceso detrás de la preparación antes de enfrentarse a un gran evento, con los conflictos situados entre medio configurando la trayectoria de quienes protagonizan grandes hazañas deportivas. Una de las carreras de automovilismo más prestigiosas sirve como el escenario perfecto para situar fuerzas opuestas en medio de un conflicto de intereses donde las destrezas, el compañerismo y la determinación serán fundamentales para alcanzar el éxito. Dos años después de su exitosa “Logan”, James Mangold dirige una historia inspirada en hechos reales y que tiene al centro a dos de las grandes compañías de automóviles del mundo: Ford y Ferrari.

“Contra Lo Imposible” se centra en el visionario diseñador de autos Carroll Shelby (Matt Damon) y el corredor Ken Miles (Christian Bale). Ambos estarán encargados de diseñar y construir un auto de carreras para la compañía Ford, el que debe ser capaz de vencer a su oponente más poderoso en manos de Enzo Ferrari (Remo Girone). Juntos deberán luchar contra los intereses corporativos para, al mismo tiempo, alcanzar sus victorias personales.

La cinta aprovecha desde su inicio el concepto en el que se encuentra inmersa, pues las carreras de autos son su principal motor, y estas son representadas con una mirada intuitiva, capaz de exhibir con agilidad cada momento y componente de una carrera automovilística. Y considerando su extensión, alcanzando las dos horas y treinta minutos, el ritmo agitado se vuelve esencial para conducir un relato que realmente profundiza en su principal temática.

Las decisiones de encuadres y montaje ayudan a edificar una historia que arranca tal como lo hace un auto de carrera y debe avanzar poniendo especial atención a las curvas con las que se encuentra. Y es ahí donde las pausas son necesarias para así poder evidenciar el entramado que se teje al interior de la compañía Ford y, a la vez, aprovechando de adentrarse en la vida personal del corredor que estará a cargo de conducir el moderno automóvil.

Para poder construir una historia que intenta alcanzar un nivel épico dentro de su contexto, esta es divida en dos trayectos que avanzan a la vez y que juntan su camino en la carrera de Las 24 Horas de Le Mans. Por una parte, la compañía Ford y su lucha por competir con las grandes entidades del mundo automotriz, es el centro y detonador que empujará a sus protagonistas a enfrentarse a grandes obstáculos para alcanzar el principal objetivo. La compañía es a la vez representada como quienes instalan los inconvenientes corporativos, donde los intereses monetarios preponderan frente a la pasión que significa para los protagonistas el poder diseñar el revolucionario nuevo modelo.

Por otra parte, el encargado de conducir el nuevo automóvil es el obstinado Ken Miles, el que simboliza un espíritu agitador y con el objetivo de alterar la firmeza de la compañía. Junto a su carácter testarudo y poco apacible, Ken es el personaje que más cambios sufre a través del relato, siendo capaz de transformar su razonamiento, pero gracias a quienes lo rodean, su esposa e hijo. Sin embargo, su camino no podría completarse sin el apoyo de su amigo y socio en este negocio, Caroll Shelby. La relación de ambos es la manifestación del compañerismo y el cariño fraternal; en ellos está puesta la cuota necesaria de idealismo, la que los ayudará a continuar adelante, pese a las adversidades.

James Mangold logra crear un drama deportivo complejo y con las características de un cine algo más clásico, rememorando a producciones hollywoodenses de antaño, pero con la apariencia física de una obra moderna que cuida su tratamiento. “Contra Lo Imposible” alcanza un nivel satisfactorio, donde el mundo que retrata queda plasmado con total firmeza y es coherente con sí misma hasta el final.


Título Original: Ford v Ferrari

Director: James Mangold

Duración: 152 minutos

Año: 2019

Reparto: Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas, Tracy Letts, JJ Feild, Ray McKinnon, Rudolf Martin, Ward Horton, Bridie Latona, Lachlan Buchanan


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