Conéctate a nuestras redes

Cine

Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar

Publicado

en

En julio, pero de hace catorce años, una de las franquicias más populares de fantasía en alta mar se abrió paso entre el viento y la marea de otros grandes estrenos de la ficción popular en 2003: “The Lord Of The Rings: The Return Of The King“, “Kill Bill: Vol. 1” o las dos continuaciones de “The Matrix” (1999). Basada en una atracción de los parques Disney, “Pirates Of The Caribbean: The Curse Of The Black Pearl” (2003) fue todo un éxito de taquilla y, hasta el día de hoy, es recordada con gran esplendor no sólo por ser la introducción a todo un nuevo universo fantástico de piratas y maldiciones, sino que también por presentarnos a uno de nuestros antihéroes favoritos: el capitán Jack Sparrow.

Pero, ya con cuatro películas a su haber y una historia lo suficientemente agotada por su propio bien, poco y nada nuevo es posible extraerle al otrora exquisito personaje, cuyo actor fue nominado a ilustres premios en su momento por su ocurrente representación del pirata alcohólico y busquilla, pero de honorables valores. Y es así que se pasó de deleitables luchas entre espadas coreografiadas con excepcional cuidado y de intrigantes, sobrenaturales y románticas historias -en su sentido amplio-, a un nuevo intento por levar anclas hacia un original horizonte prometedor, que finalmente, al ser un refrito inferior, se hunde por sí sola.

Mientras Jack Sparrow (Johnny Depp) regresa a sus andanzas con una tripulación al borde de la decadencia y un aviso de captura por actos criminales, el capitán Salazar (Javier Bardem) y su barco español escapan de la maldición eterna en el Triángulo del Diablo para ir en busca del insigne pirata que los condenó a la muerte en vida. El Tridente de Poseidón será la única alternativa para enfrentar a su enemigo, por lo que Sparrow unirá fuerzas con Henry Turner (Brenton Thwaites) y la astrónoma Carina (Kaya Scodelario) para encontrar el misterioso artefacto.

Dentro de la filmografía de la franquicia, esta cinta es sin lugar a dudas la que más retoma los aspectos que en su momento forjaron la grandeza de la primera película: una premisa relativamente interesante, humor oportuno -y negro en ciertos momentos- y grandes batallas orquestadas en detalle. No obstante, y pese al evidente presagio, el resultado final es material para pérdida. Tal como ya es tradición, todo el peso recae en los hombros y acciones de Sparrow, mientras que los nuevos personajes introducidos al universo -uno de ellos hijo de Will Turner, co-protagonista de las tres primeras producciones- no alcanzan a conformar historias realmente atrayentes, generar valor a sus acciones y deseos, o incluso formar una conexión sentimental entre espectador y personaje.

Ni los más largos intervalos para proveer características trascendentales a los nuevos personajes, que poco a poco se van juntando al compartir intereses y árboles genealógicos en común, son capaces de lograr alguna de las tres propiedades anteriores. Y es que más tiempo en pantalla no denota necesariamente un buen desarrollo, por lo que, cuando por fin vamos conociendo sus actitudes y filosofía, notamos que realmente son personajes construidos de manera posterior únicamente para servir al protagonista, siendo que todo apuntaba a una definición para una nueva generación en este universo de piratas. Su endeble determinación y el extenuante show and tell de sus ideales se mezclan con artificiosos argumentos que simplemente sirven como instrumentos para ocupar minutos de duración.

En este sentido, si hay algo que llama la atención, más que el uso casi completo de CGI que insólitamente se ve más arcaico que el de sus predecesoras, es el largo e innecesario tiempo de metraje. En promedio, el quinteto de filmes tiene una duración individual de dos horas y media, toda una travesía cinematográfica. Y si bien esta cinta es la más corta de la franquicia, las escenas incansablemente alargadas hacen parecer que el tiempo es mayor. Es cierto que las secuencias de acción, escapes y remates que envuelven a Jack Sparrow junto a todo su jocoso trasfondo son un placer infinitamente agradable, pero cuando se utilizan tres o más veces seguidas pierden en cierta medida su gracia.

Peor aún, cuando a lo anterior se le suman intermedios en los que el guion es pobrísimamente armado y forzadamente argumentado, la decepción se percibe a millas. Ni el cameo de sir Paul McCartney -siguiendo el ejemplo de Keith Richards en la tercera entrega-, ni los esfuerzos de Geoff Zanelli por realizar una composición comparable a las de Hans Zimmer o el esperado cierre de cabos sueltos de la trilogía original —es decir, exceptuando esa especie de spin-off que fue “Pirates Of The Caribbean: On Stranger Tides” (2011)- son suficientes para apaciguar el fracaso cinematográfico de una fórmula sobreexplotada. Y cuando menos se espera, una confusa escena post-créditos indica una nueva secuela al universo de los piratas de Disney. Pero (¡yo ho, yo ho!) tal vez ya sea hora de desistir de zarpar sin rumbo para dejar descansar al mar por un buen tiempo.

Por Daniela Pérez

Publicidad
Clic para comentar

Responder

Comentarios

Midsommar

Publicado

en

Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


Seguir Leyendo
Publicidad

Facebook

Discos

A Dawn To Fear A Dawn To Fear
DiscosHace 4 días

Cult Of Luna – “A Dawn To Fear”

Lo inequívoco, por más que pareciera mantenerse estático, puede ser radicalmente arrancado por un vendaval de circunstancias, y en lo...

Memory Memory
DiscosHace 4 días

Vivian Girls – “Memory”

No todos los retornos son buenos y no todas las segundas partes son de lo peor, o al menos así...

Birth Of Violence Birth Of Violence
DiscosHace 4 días

Chelsea Wolfe – “Birth Of Violence”

Diez años cargan con una simbología que acerca más a lo divino que a lo terrenal. No sólo hay un...

Beneath The Eyrie Beneath The Eyrie
DiscosHace 4 días

Pixies – “Beneath The Eyrie”

Luego de dos apuestas mal logradas, Pixies vuelve al estudio y lanza su mejor disco desde su retorno en 2004....

Chastity Belt Chastity Belt
DiscosHace 2 semanas

Chastity Belt – “Chastity Belt”

Saudade es un vocablo portugués cuyo significado se acerca a la definición de melancolía; un estado afectivo estimulado por la...

Shaped By Fire Shaped By Fire
DiscosHace 2 semanas

As I Lay Dying – “Shaped By Fire”

Durante la primera década del siglo XXI, hubo un estallido de agrupaciones que tomaron variaciones más melódicas para combinar el...

Jamie Jamie
DiscosHace 2 semanas

Brittany Howard – “Jaime”

Cuando Brittany Howard anunció su primer proyecto como solista, alejada de sus compañeros de Alabama Shakes, las reacciones de sorpresa...

RainViento RainViento
DiscosHace 2 semanas

Cevladé – “RainViento”

A estas alturas, no debiera ser sorpresivo que Cevladé saque un disco de alta relevancia, calidad y arrojo no sólo...

Free Free
DiscosHace 4 semanas

Iggy Pop – “Free”

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de...

DiscosHace 1 mes

Diego Lorenzini – “De Algo Hay Que Morir”

El ingenio de la cultura chilena es algo que se ha instaurado como característica generalizada, como también la capacidad de...

Publicidad
Publicidad

Más vistas