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Cine

Perfectos Desconocidos

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Unas de las grandes características asociadas al cine hollywoodense son sus grandes presupuestos, estrambóticos efectos visuales y propuestas narrativas cargadas de pomposidad. Este tipo de películas son las que, como espectadores, tendemos a encontrar en los cines y, salvo una que otra excepción, son la línea a través de la cuál reconocemos y juzgamos lo que es una buena o una mala película. Sin embargo, a veces ocurre la llegada de otro cine, de una pieza fílmica venida de otra tierra, que tiene una propuesta distinta de cómo hacer y entender una película.

Son estas otras miradas las que nos desafían, nos cautivan, nos desequilibran y ponen en tela de juicio la forma en que nos acercamos al cine. “Perfectos Desconocidos” es precisamente ese momento de cruce con otra tradición fílmica: una película italiana que parte desde una premisa sencilla y limpia, sin grandes pretensiones, pero que construye un mundo tan rico en matices, que encanta y atrapa al espectador.

Dirigida por Paolo Genovese, director y escritor de sobrada trayectoria en su tierra natal, la película nos cuenta la historia de siete amigos que se han reunido a cenar durante una noche de eclipse. A modo de juego, el grupo acuerda compartir lo que suceda en sus celulares -llamadas, fotografías y todo lo que reciban durante la cena- en una sinfonía de secretos que se develan, mostrando todos aquellos oscuros rincones que cada personaje mantiene oculto de sus amigos y parejas.

Una de las grandes dificultades que se podrían esperar de una idea como esta, es lo estático que podría ser su escenario y lo difícil de mantener la atención del público ante una película que se basa en algo tan común como una conversación entre amigos comiendo. Sin embargo, Genovese hace gala de su experiencia al usar encuadres dinámicos que compensan lo estático de la escena. Una cámara siempre en movimiento, que busca ángulos interesantes y que se rehúsa a la panorámica estática de la mesa de los amigos, hasta sacar el máximo provecho a cada uno de los sucesos cotidianos que rodean la cena. Este juego constante de planos tejidos uno tras otro, va generando una rítmica visual refrescante y progresiva, que nos comienza a envolver a medida que los minutos se suceden.

Muy en contra de las primeras impresiones, la idea de una cena cotidiana entre conocidos da espacio a una historia cargada de grandes discursos. Temáticas interesantes y contingentes se mezclan con un humor que sabe cuándo manifestarse efectivamente; haciendo de cada nueva llamada y mensaje un punto de entrada a una nueva historia, a un nuevo relato lleno de una propuesta personal que evidencian un riesgo, una intención de hacer de esta película algo más que una máquina vendedora de entradas. La familiaridad de las parejas que asisten a la cena pronto se ve desplazada por el entramado de traiciones y secretos, por las desconfianzas e inseguridades de los mundos íntimos de los personajes, representada a través de detalles y diálogos inteligentes y sensibles.

A nivel de los personajes, es notable el profundo trabajo actoral y de guion que “Perfectos Desconocidos” pone al servicio de las escenas. Cada uno de los amigos es perfectamente reconocible y representa un acercamiento a un mundo nuevo, a una intimidad personal construida de manera particular por un quehacer impecable del elenco. De igual forma, cada intervención pertenece a cada una de estas voces sin parecer forzada, sino que respetando cada uno de los detalles que ha ido construyendo a medida que el clímax se hace patente de manera sutil pero innegable.

En síntesis, “Perfectos Desconocidos” es un viento refrescante entre los estrenos que abundan en nuestras salas de cine. Una película sólida que, aunque empieza cargada con nuestras miradas de duda, sabe ganarse su lugar gracias a un trabajo sólido y bien planteado, hasta convertirse en un placer de mirar. Sin embargo, si se le puede hacer un alcance menor a esta pieza fílmica, el idioma puede llegar a representar un problema a algunos espectadores desprevenidos o acostumbrados a vivir el cine exclusivamente en español, puesto que el italiano natal de la película es la única opción, dando lugar a subtítulos que -si bien cumplen su cometido- no son lo común para muchos interesados en el cine. Obviando ese detalle, es un film con muy pocas pérdidas y, sin duda alguna, un buen exponente de un cine que sabe sacar el máximo provecho a herramientas simples.

Por Ricardo Tapia

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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