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París Puede Esperar

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Tan dormidas como presentes, las ciudades y países protagonistas en sus propios largometrajes suelen representar un cúmulo de sensaciones, recuerdos y melancolía para quienes buscan encontrar una respuesta entre sus calles, ya sean otros personajes de su realidad ficticia o la audiencia viendo el filme. El poder que irradian a través de la pantalla, especialmente las urbes más icónicas, trascienden incluso a quienes jamás han pisado sus tierras, especialmente cuando las cintas que las presentan son moldeadas de tal manera, que los 120 minutos son un recorrido estremecedor y envolvente. En sus más diversos géneros, “La Grande Belleza” (2013), “Midnight In Paris” (2011) o incluso “La La Land” (2016) confieren ejemplos recientes entre un sinfín de producciones que cumplen este rol.

Ahora bien, cuando la fusión ciudad y sentimiento no logra dar con una premisa que invite a reflexionar, expresamente, o que transmita más que sólo imágenes ordenadas cronológicamente, es muy poco probable que la localidad, zona o país en cuestión evoque con cercanía o unión legítima la riqueza de sus cimientos ni la representación de temáticas valorables. Es decir, la experiencia de estar y vivir un lugar, versus el artículo de la revista de viajes de un avión de ese mismo lugar. Claramente, no hay comparación, y “París Puede Esperar” cae en el segundo modelo.

Luego de estar en Cannes, el siguiente rumbo para Anne (Diane Lane) y su esposo Michael (Alec Baldwin), un productor de cine, es París. Un contratiempo cambia el rumbo de la pareja, por lo que el socio de Michael, Jacques (Arnaud Viard), se ofrece llevar a Anne en auto a la capital francesa. Pero lo que sería un viaje corto se transforma en una aventura turística por desvíos históricos y gastronómicos de Francia.

Que a sus 80 años (hoy 81) Eleanor Coppola debutara como directora de ficción es una tremenda hazaña, pero no algo impensado al provenir desde una de las familias más prolíferas del cine. Según indica la realizadora, la historia que relata está basada en una experiencia que tuvo hace ocho años, en los mismos lugares expuestos. Con más o menos paralelos reales –respondiendo ciertamente a los recursos ficcionales–, dentro de la tenue hora y media de duración poco y nada se puede sentir de los motivos verdaderos detrás de este relato. Entre los macros de fotografías de los que la protagonista es adepta a sacar, que se entrelazan entre las imágenes en movimiento, hay pocos desafíos y caminos que se tomen hacia una obra con vigor y segura de su potencial. Así, el fútil estilo visual y argumental combina con la insustancial permanencia de personajes sosos, planos y sin convicción ni entereza, tal como una pasta de crème brûlée a la que olvidaron derretir el azúcar. Un guion desinflado, que no se casa con ningún lado, menosprecia el escaso sentido que se le puede encontrar a este viaje visual, inclusive perdiendo el interés por las abundantes atracciones que destila Francia.

Al avanzar los minutos, el relato se transforma en un roadtrip falsamente seductor; un círculo vicioso en el que el ciclo auto-descanso-comida deliciosa-auto se repite tantas veces como fue viable introducir. Y las cavilaciones esperadas entre los personajes recién se desarrollan entrado el final, cuando el interés fue perdido hace más de una hora. La tranquilidad transmitida en una producción superficial puede ser un respiro, pero indudablemente encontrará en su público de mediana edad –o mucho mayor– los únicos aplausos a favor, producto de que esta cinta funciona como un ilusorio recuento de una vida acomodada; una existencia sin mayores preocupaciones que la clase de vino o queso que se consumirá, o el siguiente país a visitar en la lista. Pues la belleza de las tomas y lugares mostrados no evitan que el vacío y liviandad pasen a segundo plano.

Otro punto en contra es el hecho de que los actores no funcionan, incluso aunque su vida dependiera de ello. Diane Lane se “adapta” (¿o es?) a su personaje, pero en ningún momento logra realmente convencer seguridad en su papel, mientras que a Arnaud Viard, como un coqueto francés, le falta cultivar la gracia de su personaje en términos de funcionalidad con sus contrapartes. Resulta un poco incómodo de ver, irónicamente, considerando que los protagonistas van fundiendo una fuerte relación de amistad cada vez que pasan por un diferente lugar. Pero, nuevamente, esto no se llega a sentir.

Con la aleatoria –pero usual– entrada de la banda Phoenix en la radio del vehículo, entre tanto desvío y paisaje, comida y bebida, conversación y desvío nuevamente, esta retrospectiva superflua no contiene los elementos necesarios para embelesar ni visualmente, ni en contenido. En suma, “París Puede Esperar” es una película tan entretenida como lo es relejarse con el paisaje del protector de pantalla, y ambos terminan entregando al espectador exactamente lo mismo: nada.

Por Daniela Pérez

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Artículos Cine

Robert de Niro formará parte del reparto de lo nuevo de Scorsese: “Killers of the Flower Moon”

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El actor norteamericano Robert de Niro es uno de los más aclamados en la historia del cine. Aunque de raíces italianas e irlandesas, De Niro nació en la ciudad de Nueva York el 17 de agosto de 1943. En sus inicios cinematográficos trabajó en diversas ocasiones con el director Brian de Palma, aunque sería con Francis Ford Coppola con quien conseguiría su espaldarazo definitivo en la gran pantalla. Interpretando el papel del joven Corleone en “El Padrino II”, en 1974 comenzó a saborear definitivamente las mieles del éxito. No obstante, de la mano de Martin Scorsese a través del largometraje “Calles Peligrosas” (Mean Streets) en el año 1973, obtuvo su primer gran éxito como actor cinematográfico.

El idilio en el cine entre Robert de Niro y Martin Scorsese ha dado como resultado un gran número de largometrajes con el actor neoyorquino como principal protagonista. Un total de nueve películas y un cortometraje desde que iniciaron su andadura en el año 1973. Títulos relacionados con el juego y el crimen, como los que detallamos a continuación, son sus principales obras; muchas de ellas galardonadas y consideradas como auténticas joyas del séptimo arte:

  • Mean Streets (1973)
  • Taxi Driver (1976)
  • New York, New York (1977)
  • Raging Bull (1980)
  • The King of Comedy (1982)
  • Goodfellas (1990)
  • Cape Fear (1991)
  • Casino (1995)
  • The Audition (2015)
  • The Irishman (2019)

De igual modo, este director ha mostrado siempre su predilección por las salas de juego, hecho reflejado principalmente en la película “Casino” (1995) con Robert de Niro a la cabeza. Este género cinematográfico es uno de los preferidos del público norteamericano. En tal contexto, cabe destacar los millones de adeptos a los casinos con los que cuenta el país de las oportunidades. Asimismo, la irrupción de los juegos de azar en línea, como en JackpotCity Casino, ha hecho aumentar aún más el número de jugadores. Y es que la cultura norteamericana se ve representada de algún modo con el mundo de los casinos y el póquer.

En la actualidad, y tras “The Irishman”, Martin Scorsese y Robert de Niro seguirán con su idilio cinematográfico. La película, Killers of the Flower Moon será el punto de encuentro entre estos dos gigantes del séptimo arte. Es una adaptación de la novela de género de crimen con el mismo título del escritor David Grann. Un largometraje en cuyo elenco de actores ya se encuentra Leonardo DiCaprio. Este actor y director estadounidense también suele estar presente entre los actores preferidos de Martin Scorsese.

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