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Cine

Oldboy: Días de Venganza

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La producción de remakes en Hollywood se ha vuelto una práctica tan común desde la llegada del nuevo milenio, que hoy por hoy no nos preguntamos si se reversionará o no una cinta extranjera taquillera, nos preguntamos cuándo. Y es que poco tiene que ver con una curiosidad artística o un afán de homenaje, la industria estadounidense necesita generar millones. Para ese propósito carece de ideas frescas, por lo que compra los derechos de guiones probados y también guarda un afán casi infantil de ser parte de un éxito ajeno, sin importarle el choque cultural que implica posicionar su sociedad en un contexto creado originalmente por otros. Es ese último punto donde suelen radicar sus fallos. Hollywood es caprichoso y, cuando tiene el dinero en mente, puede pasar por alto factores claves a la hora de entregar una buena película, como la congruencia y la verosimilitud. La versión de Spike Lee de la surcoreana multipremiada “Oldeuboi” (2003) tropieza con la misma piedra.

OLDBOY 01Joe Doucett (Josh Brolin) es un ejecutivo mujeriego y borracho que, por culpa de sus hábitos, se ha divorciado de su esposa y despreocupado a su hija, Mia, de tres años. Su vida, no obstante, da un vuelco dramático cuando es secuestrado y apresado en una habitación de hotel sin explicación alguna. Es a través de la televisión –la única distracción que tiene- que Joe se entera que su ex mujer ha sido asesinada, siendo él acusado del homicidio, y que Mia ha sido entregada a padres adoptivos. Son casi veinte años de encierro, hasta que un día es liberado sin motivo aparente. A partir de entonces, Joe se propone encontrar al culpable de su secuestro para vengarse y reencontrarse con su hija, siendo ayudado por Marie Sebastian (Elizabeth Olsen) una joven enfermera que cree en su inocencia.

Se supone que la película es un drama de acción, donde supuestamente el espectador debe involucrarse con la causa del protagonista, cuyas escenas de violencia supuestamente deben impresionar y cuyo guión es tan intrincado, que el gran misterio detrás del encierro de Joe debe dejar con la boca abierta. En estricto rigor, todos estos supuestos efectivamente funcionan, pero en la cinta original. En esta versión, se nota un trabajo tan forzado por equiparar los factores de éxito de la surcoreana, que termina resultando un producto que a momentos llega a ser cómico.

OLDBOY 02Los errores se originan desde el mismo tono de la película, conjugándose una mezcla de drama, gore y comedia negra que no acaba de resolverse, porque pareciera que ilusamente Lee razonó que daría un resultado igual que en su primera versión. La trama central en términos generales se mantiene con respecto a la primera, pero sufre unas variaciones que no se justifican y sólo sabotean el relato. Brolin, generalmente sólido en sus roles, entrega una performance solamente correcta, incluso bordeando la sobreactuación en instantes de dramatismo claves. Olsen nunca se convierte en un verdadero aporte, porque su personaje no tiene un perfil del todo definido; sólo importa por un factor argumental en particular que entendemos al final. Sharlto Copley y Samuel L. Jackson, quienes interpretan a los enemigos del protagonista, mantienen una actitud casi caricaturesca en su esfuerzo por dar vida a villanos retorcidos. El montaje es ágil pero torpe, careciendo sobre todo de fluidez,  lo que afecta a la consistencia del metraje. Así, las peleas donde Joe se ve involucrado resultan un recurso contraproducente, puesto que la gran mayoría de esas secuencias se perciben casi superpuestas dentro de un contexto improbable con tal de satisfacer el ojo del espectador más sádico.

Pero, quizás, el más grave error radica en la vuelta de tuerca, esa chocante sorpresa tan aplaudida en la cinta de Chan-wook Park que nos es revelada hacia el clímax, porque literalmente nos cambia toda la perspectiva. Es una bofetada brutal, mas no es gratuita, pues el guión se las arregla para distraernos y confundirnos sin pistas de lo elemental, que es la pregunta que el protagonista nunca se hizo: “¿Por qué está libre?”. No obstante, en esta versión si pudieran enseñarnos un gráfico que meticulosamente nos explique cómo se fue orquestando cada detalle y que nos aclare cualquier duda que pudo haber quedado flotando, lo harían. Y con eso arruinan completamente la magia. No cabe duda que se propuso simplificar el guión y el montaje con el propósito de no ahuyentar al público estadounidense promedio, acostumbrado a estructuras convencionales y redundancias.

OLDBOY 03Si “Oldeuboi” funcionó, fue no sólo porque contaba una historia atractiva e innovadora, sino también porque su tratamiento se inspiraba en códigos propios del cine asiático, que hacen sentido en ese contexto cultural. De esa forma, sus imágenes perturbadoras y la inclusión de diversos recursos audiovisuales de alguna manera hacían sentido, cautivando al espectador, además de una problemática chocante que no se resolvía acorde a la moral y las buenas costumbres como lo hace su adaptación anglo. Es por eso que la versión de Spike Lee pretende, pero no lo logra. Por un lado le obstaculiza el dar vida a una trama inserta en una idiosincrasia radicalmente ajena y, por ende, creada por autores cuya visión del cine es muy distinta, y por otro lado le pesa el fantasma de una industria paternalista asidua a tradicionalismos y un público intolerante a atrevimientos incómodos, tanto a nivel de construcción y tópicos. Simplemente no se puede coger una historia sin tomar en cuenta su contexto, que algo que condiciona e influye. Una “Oldboy” contada desde y para estadounidenses, por tanto, sólo se queda como un intento entretenido, pero erróneo e ingenuo.

Por María José Álvarez

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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