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Non-Stop: Sin Escalas

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Cuando un actor funciona íntegramente en un particular tipo de películas, es posible constatar la ascendente propuesta de filmes con un estilo parecido. La fórmula thriller-suspenso-acción junto a Liam Neeson es una jugada relativamente ganadora, especialmente luego del éxito que tuvo con “Taken” (2008), aunque no así con su sucesora. En 2011 ya fue reclutado por el director Jaume Collet-Serra en “Unknown”, donde la conspiración es la fuente principal de la historia. Y ahora, con una propuesta con cimientos parecidos aunque de fondo bastante particular, nos ofrece una nueva extensión del thriller sobre altura, transportando el relato dentro de un avión.

NON-STOP 01Bill Marks (Liam Neeson) es un agente federal que debe viajar de incógnito en vuelos comerciales para mantener la seguridad de los pasajeros. Todo parece normal en un viaje rutinario hacia Londres, hasta que comienza a recibir mensajes de texto anónimos en su celular, donde se le especifica que cada 20 minutos morirá un pasajero del avión, a no ser que $150 millones de dólares sean depositados en una cuenta bancaria. Lo que en un principio parece una broma, pronto se convertirá en realidad, por lo que junto a su compañera de asiento, Jen Summers (Julianne Moore), y la azafata Nancy (Michelle Dockery), deberá descubrir qué es lo que sucede a kilómetros de altura, en un vuelo donde todos los pasajeros parecen ser sospechosos.

Sin un cambio radical de escenarios, la película parte muy en lo alto en cuanto a expectativas, presentando un personaje trastornado y bastante desequilibrado, cuyo propósito es sobrellevar y manejar todo el peso del relato y del resto de las figuras. El extrañamente sorpresivo curso de los hechos se desdibuja imposiblemente, transformándose en un fiel libro de misterio, siempre y cuando se le dé el tiempo para jugar con nosotros y con lo que creemos a simple vista. Porque parte de la estrategia es sustentarse en la primera impresión, para luego dar una serie de vuelcos casi absurdos.

NON-STOP 02Jaume Collet-Serra es conocido por trabajar con personajes principales perturbados –o perturbadores- y sumamente paranoicos, adelantando una forma de tratar el suspenso per se, que si bien es reiterativo, por de pronto pasa a ser una inquietante narración, confusa y llena de giros, pero no imposible ni mucho menos aburrida. Aunque, sin duda, el guión es muchas veces dejado de lado para dar paso a las acciones, las que verdaderamente cuentan la historia y nos aproximan al camino que tomará.

Muy pocos son los personajes que resaltan indistintamente a lo largo del relato. Aparte de ver a Neeson comprometido con su papel serio, reflexivo y autosuficiente, Julianne Moore destaca por transmitir parte de la cuota necesaria de humor. Pero la paridad con que se trata a los actores secundarios es una táctica funcional en este caso, porque pretende reservar la duda respecto de quiénes son los “buenos” y quiénes, los “malos”. Puede sonar efectista, y lo es, pero no de una forma negativa, sino que atractiva e incluso graciosa. Sin embargo lo anterior, y lamentablemente, vemos a una Lupita Nyong’o desperdiciada. Se le anuncia como un personaje detonante que ciertamente no es, por lo que la advertimos intentando sacarle provecho a un papel muy inferior al apreciable caracterizado en “12 Años De Esclavitud“.

NON-STOP 03En general, jugar con el recurso de la pantalla es desaprovechado en los filmes, pero en este caso en particular es algo que brilla sutilmente porque mantiene un nivel de tensión especial, dado que es el medio principal con el que se busca encontrar al sospechoso con la ayuda involuntaria del espectador. Sin embargo, se podría creer que cada detalle es crucial en la revelación de pistas, pero la gracia está en que el director interviene para dar giros insospechados, no obstante redundantes, tomando un rumbo más fantástico y menos probable.

A pesar de todo, “Non Stop: Sin Escalas” es una película que conoce y entiende sus limitaciones, pero que aun así nos entrega, por lo pronto, un relato lleno de suspenso premeditado que avanza suspicaz frente a nosotros, pero que fiel a su categoría, regala altas dosis de paranoia sobre los personajes y gran énfasis en la tensión.

Por Daniela Pérez

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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