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Neruda

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El poeta huye, el policía lo persigue, ambos se nutren de las acciones del otro. Lo disfrutan, lo necesitan. Circundando esa dualidad, el director chileno con la filmografía de ficción más punzante, arriesgada y política de los últimos años, rubrica su sexta película. Para el gran público será, ante todo, una biografía fílmica (la segunda) en torno al Premio Nobel. Sus ambiciones, sin embargo, la llevan claramente a otra clase de dominios, más agudos y radiantes, que repelen una aproximación clásica a un personaje histórico.

NERUDA 2016 01La obra gruesa, de todas formas, se ciñe a ciertos acontecimientos. Mientras el Neruda (Luis Gnecco) más político pronuncia en 1948 un vehemente discurso en contra del Presidente Gabriel González Videla (Alfredo Castro), la versión más bohemia del poeta disfruta de las fiestas que monta en la casa que comparte con su esposa Delia del Carril (Mercedes Morán). Como acalorada caja de resonancia del contexto mundial de Guerra Fría, en el país se dicta la ley maldita, que proscribe al Partido Comunista y deja a Neruda primero desaforado, y luego siendo perseguido por el prefecto de Investigaciones, Óscar Peluchonneau (Gael García Bernal). Ni el uno ni el otro asumirán sus roles acorde a las pautas esperadas.

Para guiar un trabajo de reingeniería con la historia que consiste en una maniobra incluso más astuta que la de “NO” (2012), trae justamente la narración más ágil de esa película, que era una gran historia que fluía perfectamente y no dejaba de poner en cuestión al Chile reciente. En esa cinta se sumaron apuestas, como aquellas escenas en que la continuidad viene dada por los diálogos pese al cambio de espacio, recurso que luego funcionó más contenidamente en “El Club” (2015) y que aquí tiene mucho rodaje, sirviendo de fuente de humor, ambigüedad y desconcierto. Del mismo modo, se reitera e intensifica el uso de secundarios del filme sobre el plebiscito, que salen y entran dejando una huella. Lo más reciente viene asociado a una visualidad de gran belleza, digna heredera del noir, potenciada con el uso del croma en las escenas en auto, que no se entiende sin el soberbio desarrollo que ha tenido con los años el trabajo de Larraín con su director de fotografía, Sergio Armstrong.

NERUDA 2016 02Al comienzo, la cámara se desplaza libremente por los pasillos del Congreso. Entra al baño de varones, ingresa al hemiciclo. Empieza a rodar la maquinaria de una película que ataca todos los sentidos y libra muchas luchas al mismo tiempo. Larraín en estado puro, agregando a su batería de recursos estilísticos y discursivos nuevas apuestas. Desde que irrumpe por primera vez, la figura del poeta parece imponente y palpable, imposible de capturar en una pasada. Expuesto en múltiples facetas, sólo con la actuación de Gnecco –con un dejo de sarcasmo– se termina por constituir un retrato monumental y humano.

La cinta va penetrando en la figura de Neruda; se asoma a él, lo escudriña. Pero también lo hace con quien narra a través de poesía la historia, Peluchonneau, que va construyendo su camino, al relatar su origen y definir cómo maniobra para lograr su cometido. Hay muchos momentos que ayudan a configurar la estatura del artista y político chileno: los cuestionamientos de parte de militantes de base, las escapadas a mitad de la noche, el pueblo haciendo propia su poesía; pero todo eso, como si hubiera un espejo al medio, rebota hacia su perseguidor, en parte porque irrumpe en escena y en parte porque es el omnipresente narrador de la historia.

NERUDA 2016 03La dualidad se establece a sus anchas y tiene resonancias insondables, como cuando un travestí (gran Roberto Farías) le enrostra al investigador que jamás podrá saber lo que se siente haber vivido un momento de emoción con el poeta. Fuera de interpretaciones facilistas, es un instante de alta ebullición porque desestabiliza y complejiza la relación entre ambos personajes, entre el creador y su creación, entre dos figuras que, casi trágicamente, están conectadas y no pueden alcanzarse. La cinta pasa con brillantez el filtro de estudios de personajes, y también el audaz retrato de una época, pero rodea y profundiza de tal modo en el vínculo entre fugitivo y perseguidor, que es imposible que las preguntas y respuestas encuentren barreras en el filme mismo. Por ello, porque ninguna obra es soporte suficiente cuando se permean capas tan ambiguas y espesas, las miradas se van hacia otro lado.

Con esta película, su largo más grande y ambicioso, Pablo Larraín busca saldar cuentas con su propia obra. En específico, con el paso en falso que fue “Fuga” (2006), su ópera prima. Y lo hace directamente, con la confianza adquirida que da acumular filmes sobresalientes y exploraciones muy definidas, con la categoría que sólo se alcanza cuando se tiene un cuerpo de cintas que pueden dialogar entre sí. “Neruda” es sobre la fascinante relación entre el creador y su obra –tal vez también entre la fuerza divina y los humanos–, pero las proyecciones internas de la película se expanden hacia la filmografía de su director, ensanchando y engrandeciendo todos los atributos que tiene por sí sola.

Por Gonzalo Valdivia

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El Llamado Salvaje

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El Llamado Salvaje

El CGI (Computer Generated Imagery) en el cine es a menudo un tema controversial al ser a veces mal utilizado, o ser técnicamente deficiente. A veces el efecto que genera es simplemente espantoso, como en el caso de “Cats” (2019), en otras busca ser casi lo único valioso en una película, más que historia o personajes, como en el caso de “Avatar” (2009). Esto se debe en gran medida a que es un recurso relativamente nuevo en la historia del cine, y las capacidades técnicas de los efectos especiales siempre están evolucionando. Algo notable de “El Llamado Salvaje” desde un principio es el uso de CGI para generar personajes casi en su totalidad, lo que es definitivamente una apuesta arriesgada. Sin embargo, el resultado, a pesar de no ser perfecto, es un buen camino a seguir para la industria en el futuro.

La historia sigue a Buck, un perro grande y afable, criado por una acaudalada familia en California, que es secuestrado y vendido durante la Fiebre del Oro, y enviado a Yukon, al norte de Canadá. Ahí vivirá diversas aventuras y conocerá a diferentes perros y personas que lo acercarán a su lado más salvaje, lo que finalmente lo llevará a su destino.

“El Llamado Salvaje” es una sólida película de aventuras, en gran medida porque el personaje principal es profundamente querible. Pese a que puede ser sumamente difícil generar empatía con un protagonista que no habla, por lo que se vuelve difícil entrar en su mundo interior, el film toma las decisiones adecuadas de utilizar una voz en off que a menudo nos dice lo que piensa, y hacer uso del CGI para darle al animal un gran rango de emociones y personalidad. Inmediatamente somos capaces de conectarnos con Buck, y además de entender su relación con los otros animales que conoce, los que también son sumamente expresivos.

Y ese es uno de los grandes aciertos de la película. El uso que le da al CGI tiene más que ver con construir personajes expresivos y queribles que con buscar un fotorrealismo que sea técnicamente sorprendente, o con generar un mundo de fantasía que sea el gancho de la cinta. A diferencia de “The Lion King” (2019), acá los personajes caninos están llenos de expresividad y personalidad, incluso a pesar de no tener voz, y esto es casi en su totalidad a lo efectivo del CGI.

Aunque, claro, la falta de prolijidad técnica en la animación de los personajes se siente, y en algunas escenas casi llega a distraer de la historia. Hay momentos en que estos no alcanzan a mezclarse bien con su ambiente y se sienten como personajes de videojuego, moviéndose por un ambiente de manera desconectada. Sin embargo, el film completo genera una sensación de fantasía y plasticidad que se complementa bien con este aspecto.

Básicamente, todo es un poco plástico, pero al menos de manera coherente. Se siente como un film animado, tanto por su textura visual como por su puesta en escena, lo que tiene sentido, considerando que es la primera película live action del director Chris Sanders, famoso por “Lilo & Stitch” (2002) y “How To Train Your Dragon” (2010) y “The Croods” (2013). Esto lleva a que los momentos en que el CGI falla se vuelvan menos choqueantes y nunca lleguen a ser más llamativos que la historia en sí.

“El Llamado Salvaje” no es una película perfecta, tiene algunas falencias de guion, algunos de sus personajes (particularmente los villanos) son algo caricaturescos y el final se vuelve sobre explicativo, alargándose y siendo innecesariamente cursi. Sin embargo, al igual que el viaje de Buck, es una película con altos y bajos: una vez terminada, es un viaje que valió la pena tomar. Y no sólo eso, es también un buen ejemplo de las posibilidades narrativas que puede tener el uso de CGI en el cine, si dejamos de centrarnos en el aspecto técnico y volvemos a concentrarnos en la historia y los personajes.


Título Original: The Call Of The Wild

Director: Chris Sanders

Duración: 105 minutos

Año: 2020

Reparto: Harrison Ford, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan, Omar Sy, Jean Louisa Kelly, Terry Notary, Cara Gee, Colin Woodell, Wes Brown, Anthony Molinari, Brad Greenquist


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