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Cine

Metegol

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Pocos giros tan llamativos en el cine reciente como la decisión que tomó Juan José Campanella tras ganar el Oscar en 2010 por “El Secreto De Sus Ojos”: sumergirse en terrenos inexplorados para él. Luego de quedarse con semejante reconocimiento, podría haber hecho lo que se le hubiera dado la gana y de seguro habría contado con el apoyo necesario. Pero optó por una apuesta nada de fácil, basarse en el cuento “Memorias de un Wing Derecho” de Roberto Fontanarrosa para realizar una METEGOL 01película animada. Cuando en general las apuestas de este tipo de cine que salen de Latinoamérica o España no escapan de ser discretos productos, como “Tadeo: El Explorador Perdido” o “El Delfín”, el presente estreno es una encantadora sorpresa.

“Metegol” es protagonizada por Amadeo, un tímido chico que habita un pequeño y tranquilo pueblo. Trabaja en un bar, es un experto jugador de taca-taca y está enamorado de Laura, su mejor amiga. Pero su vida y la de todos los habitantes se ve interrumpida cuando El Crack, jugador de fútbol consagrado como el mejor del mundo, regresa decidido a tomar revancha de la única derrota de su vida. Amadeo no tiene nada a su favor, hasta que descubre que los jugadores de su taca-taca tienen vida. Con la ayuda de ellos intentará salvar al pueblo de la ambición del recién llegado.

No vamos a decir que la cinta se arma a partir de bases muy robustas. Un chico, una chica, un malo, todo bastante común y ya visto. Además, tampoco es llegar y tragarse que una derrota tan mínima de la infancia tenga consecuencias tan grandes años después, más allá de que esa escena por sí sola sea notable. Pero pasados los primeros minutos, todo toma un camino bastante más firme. Lo que la va METEGOL 02haciendo una mejor película, en efecto, es un resto de metraje enérgico y de envolvente diversión, donde evita el cúmulo de explicaciones innecesarias y las subtramas tediosas, en pos de una progresión limpia.

Es de esta forma que se va constituyendo una entretención sencilla, pero para nada vacía ni ligera. Y acá entra en juego la otra causa de una mejora sustantiva tras ese comienzo vacilante: la inducción de interesantes piezas que le van dando respetable grosor. Está al avance de un capitalismo que no tiene límites y el fútbol como una actividad prostituida, con estrellas que se convierten en cualquier cosa y managers o dirigentes despreciables. No es poca cosa. Y es que no hay que olvidar a quién firma la cinta. Campanella es un director habilidoso y, por sobre todo, un estupendo narrador, que rara vez se entrampa a la hora de plasmar sus ideas. Esta vez tampoco falla, pues traslada sus inquietudes a personajes y temática central de su nuevo trabajo, sin que eso aminore el corazón que tiene el filme. Naturalmente, el asunto tiene sus limitaciones, dado que la hondura que aplica es sólo la que el formato le permite.

METEGOL 03Así, estamos ante una película que deja atrás el hecho de alzarse sobre cimientos endebles, con un desarrollo que tiene emoción a raudales, personajes divertidos y un componente de acción que va creciendo hasta llegar a un gran clímax, porción del relato que la pone de igual o igual con cualquier estudio de animación del mundo. Lo que tiene su justificación en que significa la coronación de una obra animada con un gran nivel de detalles, paleta cromática y escenarios.

“Metegol” no es una cinta exclusiva para futboleros, tampoco sólo para niños, es una película para ser disfrutada por gente de distintas latitudes, con las edades y gustos que sean. Sus temas son universales, su entretención está muy lejos de ser boba y su pericia técnica es capaz de impresionar a cualquiera. Por eso, afirmar que junto a “Monsters University” debe ser de lo más fuerte del cine animado de este año, no es ningún sinsentido.

Por Gonzalo Valdivia

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Benja Rojas

    18-Dic-2013 en 11:08 am

    Cuando se estrena!!??

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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