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Cine

Max Steel

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Las tendencias de los tiempos dan paso a seguidillas de productos similares. En los ochenta, por ejemplo, prevalecería el afán por el horror, siendo cintas como “The Thing” (1982) las que sentarían los estándares de calidad. Con el arribo del último milenio, en tanto, arrancaría una ola de adaptaciones cinematográficas de superhéroes. Y ante buques imbatibles como las sagas adaptadas de la imaginería de DC Comics y Marvel, para el resto es inevitable aspirar a ese nivel, imitando las atmósferas épicas e integrando piezas musicales que suenan sospechosamente similares al sello de Hans Zimmer.

Max McGrath (Ben Winchell) es un adolescente capaz de irradiar una energía paranormal con sus manos. Un alienígena (voz de Josh Brener) aparecerá en su vida para protegerlo, volviéndose amigos y fusionando fuerzas para convertirse en Max Steel, y así enfrentar a unos malhechores que amenazan la Tierra.

Para desgracia del espectador, hay que quedarse pegado un buen rato frente a la pantalla con tal de identificar el gran problema de la película: y es que, una vez ya se ha avanzado bastante, es posible concluir que más parece una larguísima introducción que una narración acabada. Y de haber sido esto una decisión deliberada, entonces no habría estado mal, pero el asunto es que el film se asume a sí mismo ante el mundo como un todo integrado donde cada acontecimiento está bien repartido, cuando en realidad recién en el último tercio empezamos a familiarizarnos con el conflicto.

Mientras se descubre que la información fundamental no fue debidamente condensada en el primer tercio de la línea de tiempo, una serie de falencias adornan el camino y entonces la experiencia se torna un fastidio. A través del personaje alienígena hay un intento de humor tan válido como malogrado, humanizándolo con textos ligeros que de lúdicos no tienen nada y no se puede evitar sentir un poco de pena, más que irritación o bostezo, porque se presiente un esfuerzo en vano.

En términos de casting, contar con una buena actriz como María Bello no es más que un antecedente en el currículum y Andy García es un adulto jugando a la casita con legos. Sobre el protagonista: deficiente. Numerosos famosos actores son peores, pero a él le falta el factor extra. No goza ni del carisma de Tobey Maguire en las primeras dos “Spider-Man” (olvidemos que la tercera existió), ni de esa atrayente oscuridad del Batman de Christian Bale, ni la humanidad del Capitán América de Chris Evans. Y el interés romántico acá es una mosca en el oído.

A “Max Steel” no solo le juega en chueco su propia paupérrima calidad creativa (porque en términos de efectos cumple), sino también la insoslayable comparación con sus pares que le preceden. Difícil conformarse con la ficción histórica de un canal local cuando ya has visto “Game Of Thrones”, o gozar de un docureality sobre un chef despiadado después de ver a Gordon Ramsay. Simplemente es el rezagado que no tiene lo necesario para ingresar en las grandes ligas.

Así, tal cual está presentada la historia, independiente de la calidad de la franquicia que le inspira, ni siquiera resulta interesante. En vez parece la dramatización forzada de un universo ficcional que no tenía argumentos para transformarse en película ya sea porque el formato le queda grande o porque simplemente no le viene. Como fuera, la única forma de arreglarla es hacerla toda de nuevo.

Por María José Álvarez

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Sonic: La Película

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Sonic: La Película

Las películas basadas en videojuegos siempre han tenido grandes dificultades en adaptar su material de origen. A menudo, los videojuegos presentan mundos imposibles de traspasar a la pantalla de forma verosímil, otras veces simplemente no tienen una historia y personajes suficientemente desarrollados. “Sonic: La Película” se ve obligada a enfrentarse a estos dos problemas, con la dificultad agregada de ser lo suficientemente simple y fácil de entender para una audiencia infantil, fracasando estruendosamente en todos estos aspectos.

Primero, trata de solucionar el problema del mundo que el videojuego presenta simplemente alejándose de él. Sonic empieza su historia viviendo en el paisaje tropical que tradicionalmente se relaciona con su personaje, lleno de junglas misteriosas y formaciones rocosas imposibles, pero rápidamente se ve obligado a transportarse a la Tierra, donde transcurre un noventa por ciento de la historia. Aquí, Sonic vive escondido a las afueras de un pequeño pueblo llamado Green Hills, pero cuando accidentalmente causa un gran apagón, debe pedirle ayuda al policía local Tom Wachowski (James Marsden) para que lo ayude a escapar del Dr. Robotnik (Jim Carrey), quien es enviado por el gobierno para investigar el origen del apagón.

El segundo desafío de la adaptación es darle una personalidad a Sonic. De todos los problemas que tiene la película, probablemente el más importante está en él y en los otros dos personajes principales. Muchas películas infantiles caen en el vicio de hacer que sus protagonistas, en un esfuerzo por ser lo más empatizables posible, terminan transformándose en un personaje soso y sin mucha personalidad. Sonic se apoya demasiado en bromear y hacer referencias de cultura pop, y no hay crecimiento ni evolución en él. Se siente constantemente como si fuera un youtuber intentando ser gracioso todo el tiempo, diciendo chistes cada tres palabras, esperando que al menos uno funcione. Por otro lado, su contraparte, Tom, tiene incluso menos personalidad. Es aburrido, predecible, y su viaje es simple y superficial.

El personaje que más profundidad tiene –que tampoco es mucha– es el Dr. Robotnik, sin embargo, su personalidad nunca es explorada con mayor detención, fuera de un par de diálogos. Queda enterrada bajo la anfetamínica interpretación de Jim Carrey, que vuelve a canalizar sus actuaciones en “The Mask” (1994) y “Ace Ventura: Pet Detective” (1995). Ninguno de los personajes resulta interesante, por lo que poco importa el viaje que tienen durante la historia, al punto de que, una vez terminada, uno termina preguntándose exactamente qué ocurrió durante esa hora y media.

La película es plana, se apoya demasiado en secuencias de acción que tampoco son particularmente emocionantes, y en un humor burdo y básico que ya se ha visto en innumerables cintas de aventura. A veces intenta jugar visualmente con la supervelocidad de Sonic e integrarla en las escenas de acción, cosa que a veces funciona, pero rápidamente se vuelve repetitivo y poco original, ya que utiliza los mismos recursos que antes han usado todas las películas que incluyen a un personaje con esta habilidad.

El humor es también un punto débil, mostrándose repetitivo y simplista, en parte porque los personajes no tienen gracia, pero también porque simplemente las bromas que los personajes dicen y los gags no son graciosos. Es como si constantemente los guionistas estuvieran yendo por la primera idea que se les ocurre, siempre la opción más fácil, sin esforzarse por llegar a nada original ni creativo, lo que hace que la película más que terrible, ofensiva o decepcionante, sea simplemente aburrida.

Adaptar un videojuego al cine tiene una dificultad mayor a la de otros medios, es verdad, pero cintas como “Pokémon: Detective Pikachu” (2019) demuestran que sí es posible tomar buenas decisiones, construir mundos visualmente atractivos y personajes interesantes. E incluso, más allá de los videojuegos, es posible hacer cine efectivo para niños sin caer en el lado más burdo de lo infantil, con bromas fáciles y tontas, e historias superficiales y predecibles. Sabiendo esto, sólo queda preguntarse exactamente hacia quién está dirigida esta película y por qué siquiera existe.


Título Original: Sonic The Hedgehog

Director: Jeff Fowler

Duración: 100 minutos

Año: 2020

Reparto: James Marsden, Jim Carrey, Ben Schwartz, Neal McDonough, Adam Pally, Leanne Lapp, Shannon Chan-Kent, Debs Howard, Bailey Skodje, Frank C. Turner, Dean Petriw, Tika Sumpter


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