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Maldito Amor

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Ya no constituye ninguna novedad el reconocimiento conjunto de la escena cinematográfica global sobre las películas que desde hace una década se vienen forjando en suelo nacional. Primero fue “Machuca” (2004) que, arrasando en distintas competiciones, labró el camino para que títulos venideros como “Tony Manero” (2008) o “Gloria” (2013) triunfaran en los festivales de La Habana y San Sebastián, respectivamente. O para que cintas como “La Nana” (2009) y “No” (2012) fuesen nominados en premios del calibre de los Globos de Oro y los Oscar. Tal escenario ha significado un envión para que distintos eventos chilenos se consoliden. A esta fecha, octubre de 2014, acaban de concluir las versiones más recientes del Festival de Cine de Valdivia y del Sanfic; entre sus generosas programaciones, las dos contaron con la presencia de un inusitado número de películas chilenas, pacientes de ser estrenadas dentro del corto período en las salas de cine a lo largo del país. Pues bien, es en este contexto, con las crecientes expectativas que despierta una segura aunque lenta sacudida audiovisual, y en un extremo diametralmente opuesto surge la figura de los hermanos realizadores Sebastián y Gonzalo Badilla, autores intelectuales de “Maldito Amor”.

MALDITO AMOR 01Arturo (Sebastián Badilla) es un joven que busca desesperadamente ser correspondido en lo que siente por María Elena (Trinidad De La Noi), su mejor amiga, que para el infortunio de él, ha comenzado a salir con Tatán (Nicolás Luisetti), un exitoso mago con pinta trasnochada y algo pasado en años. Arturo, en su ilusión de ser considerado por esta chica, ideará un plan para sacarle celos. Para esto conseguirá la ayuda de Beatriz (Raquel Calderón), la muchacha más popular de su colegio. Como telón de fondo en este cuadrado amoroso, la presencia de un asesino serial, responsable de la cancelación de la fiesta de graduación de estos adolescentes, causará el pánico en la comunidad entera, alertando tanto a padres como a autoridades. Lo que ellos no saben, es que este homicida enmascarado no se detendrá hasta que pueda develar su verdadera identidad.

Para ser claros de entrada: la película es un completo desastre. Indistintamente que todas (sí, todas) las producciones cinematográficas deban someterse a un mismo juicio para su categorización y posterior calificación, lo que hacen los hermanos Badilla debe ser objeto de filtros más específicos para tratar de explicar el porqué de sus descalabros. El único parangón posible en la estela de un título como “Maldito Amor”, nace desde los trabajos anteriores levantados por el mismo binomio; filmes que vistos en retrospectiva desprenden todavía más tragedia. Si con “El Babysitter” (2013) se sentaban las bases de lo que ubicados en tareas de dirección los jóvenes Badilla pensaron era lo correcto, con “Maldito Amor” pretenden cambiar de folio migrando hacia la mezcla de géneros, lugar que en teoría aportaría con posibilidades más abiertas para tratar con otros estilos narrativos que, a la vez, los desmarcaran del sinfín de críticas negativas recibidas por sus intervenciones pasadas. Los resultados de aquel ejercicio son para toda lectura infructuosos, básicamente porque es desmedido siquiera pensar que, desde la predecesora de “Maldito Amor”, “Mamá Ya Crecí” (2014), las cosas hubiesen podido cambiar, conteniendo esta última, en su forma y fondo, absolutamente todos los indeseables resabios de las películas en que la dupla anteriormente había trabajado, contando a “El Limpiapiscinas” (2012), que sólo los pone en labores de escritura y producción.

MALDITO AMOR 02Concentrándonos exclusivamente en el filme estelarizado por Raquel Calderón, no existe amago de querer plantear un relato coherente. Y es que, más allá de ejercer la opción válida sobre la mixtura de géneros, ¿qué es “Maldito Amor”? ¿Una comedia romántica de suspenso? ¿Una película de terror teen en plan clase B? ¿Una sátira mezclada con elementos de un drama sentimental serio? Lo único cierto es que ni por lejanas coincidencias es la adaptación de “Scream” (1996), película en la que probablemente se sujeta su inspiración. Acá el argumento, si es que existe, no se distingue; por momentos hay que seguir a una historia de corte amoroso, y luego, desde un vacío en sus motivaciones, se deben ir descartando a los posibles asesinos de un thriller que parece saberse inteligente, pero que de aquello nada tiene. Escenas que, grandilocuentes en su tratamiento, se deshacen en la majadería de tristes monólogos que intentan contribuir a partir de giros dispuestos en el método de una sorpresa que no llega, esencialmente por el poco interés que incita el desenlace del título.

Los diálogos, que son propuestos desde la perspectiva del amplio y diverso abanico del lenguaje adolescente, pero que en la práctica sólo identifican a las personas que se refieren a un pedazo de torta como “cupcake” –entre otros recursos que, basados en la idea sarcástica, irremediablemente desprenden un nauseabundo tufillo clasista–, no tienen gracia alguna. De igual manera, las torpes y, en ocasiones ordinarias situaciones cómicas de la película, recaen en personajes que se intentan mostrar graciosos, pero que terminan siendo incluso ofensivos. Todo aquello sumado al arrojo personal de figurillas que en sus papeles se encuentran devenidos en actores y actrices, dándose el gusto de devaluar una profesión que no les pertenece. Es que en “Maldito Amor” hasta los extras se ven en la orfandad. Las referencias a clásicos del terror, si bien una buena idea, no pueden ser incluidas cuando es probable que la mayor parte del público al que apunta la cinta –el target más juvenil, que los propios hermanos se jactan de conocer– todavía no ha visionado. Es paradójico también que, en la misma semana en que se estrena esta película, también lo haga el documental “La MALDITO AMOR 03Invención de la Patria” (2014), que ilustra la admirable carrera de Luis Alarcón, parte del elenco de “Maldito Amor”, donde tiene un paupérrimo desempeño. El único e inestable punto a favor de esta producción, su estética, que acaso novedosa, es seguro fruto de los réditos económicos que origina el placement (espacios publicitarios dentro de un filme) que, estando en sus formas visuales y auditivas más contenidas, todavía sigue siendo el infame caballo de batalla comercial de los Badilla.

El cine no tiene por qué ser excluyente si entendemos que el mismo es de propiedad colectiva, y que cada persona es libre de tratarlo con el respeto que considere pertinente. Sin embargo, cual juramento hipocrático para los médicos, debe existir la responsabilidad sobre el contenido que se muestra en una película, condición a la que necesariamente tiene que adherir un cineasta, y con mayor razón los directores del tipo Badilla, que teniendo una tribuna riquísima en términos de aparición mediática y difusión colaborativa, influirán positiva o negativamente en aquel espectador más susceptible. No se trata de ser aguafiestas, ni tampoco de vetar a esta clase de realizadores, pues lo que hacen no está mal si aceptamos que lamentablemente una de las grandes vertientes por las que se mueve la cinematografía es, precisamente, la comercial. Acá se trata de situar al dominio artístico en el sitio que le corresponde; para el caso particular chileno, en la convergencia de la entretención y la cultura determinada por el arraigo de costumbres propias, no de la basura hollywoodense reciclada, que funestamente es moldeada sobre las intenciones de “Maldito Amor”.

MALDITO AMOR 04Consumado lo anterior, la diatriba ya no recaerá sólo en el producto final y en quienes lo concreten, sino que en todos los implicados dentro del proceso audiovisual en la disponibilidad de sus distintos medios: desde los mercachifles que modelan e idealizan la realidad en la televisión, hasta los encargados de entregar fondos estatales para la realización de los tantos y muy buenos proyectos en espera de resolución. La educación de las audiencias nacerá a partir de la habilitación de instancias en que todas las películas compitan en igualdad de condiciones, por lo menos en materia de distribución. Sólo de esta manera se puede evitar el apartheid cinematográfico, pudiendo convivir con igual cantidad de proyecciones cintas tan disímiles en temática como las que ha estado entregando el cine chileno en los últimos años, entendiendo que existen distintos tipos de audiencias y contribuyendo a la diversidad artística verdadera.

Chile, meca del “sueño latinoamericano”, sabio rincón de laureados escritores, lugar donde la pluriculturalidad es vista como una amenaza, territorio del capital por sobre la cultura. Chile, país generoso, testigo del paso añejado de eternas generaciones carentes de identidad en sus múltiples sentidos, recodo en el que actualmente el derrotero de la competencia laboral se erige a favor de terceros corporativos despojados de rostros. Chile, ¿puede hacer comedia de todo esto a través del cine? ¡Pero absolutamente! Si no tuviésemos la capacidad de soltar risas en tan inclemente panorama, la bandera con la estrella blanca habría desaparecido del atlas hace rato. El tema está en quererse un poco, comprometerse siempre con el sentido artístico antes del económico y mirarse el ombligo comedidamente de vez en cuando. A los jóvenes Badilla, se les exige que tomen nota de esto último.

Por Pablo Moya

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22 Comentarios

22 Comments

  1. David Alfredo Rojas Hernández

    30-Oct-2014 en 2:16 pm

    Es fácil criticar a Badilla. De hecho, no hay que ser muy inteligente para darse cuenta del bodrio que es.

  2. Javier

    30-Oct-2014 en 2:49 pm

    Igual me hubiese gustado que el Pablo contara más inner-detalles de la película. El detalle de los cupcakes se recibe, pero todo lo demás fueron generalidades.

    Ya, entiendo que deba ser spoiler-free pero por ejemplo qué escena es tan “oh may dawg han asesinado el cine chileno”?

    • Dale Colorsss

      30-Oct-2014 en 3:17 pm

      Pa esa weá vai a leer al infumable de hermes el sabio mejor, ese weón se dedica a contar todo y a analizar nada. Lo que es yo desde hace un tiewmpo que me vengo quedando con estas criticas, generalmente coinciden con lo que pienso después de ver una peli

      • Javier

        30-Oct-2014 en 3:42 pm

        Pero yo no la vi, y por lo que he leído de vaaaarios amigos es una pérdida de torrent descargarla [ni hablar ir al cine], entonces pa sabers digo yo.

        No es colorsss, es curiosidarsss

  3. corso

    30-Oct-2014 en 3:43 pm

    yo no hubiese perdido el tiempo en escribir tanto sobre otra película de mierda de los Badilla a menos que esté haciendo una tesis sobre la tontera…mejor me voy a leer a Hermes

  4. marcelo

    30-Oct-2014 en 5:32 pm

    intenté ver su película, pero sólo el trailer me dio malestar estomacal…..

  5. janito

    30-Oct-2014 en 7:49 pm

    Pero la Raquel calderon sale empelota?? eso podría salvar la pelicula. Aunque sea una facha, arribista, clasista e hija de un CTM de renovacion naciona y una bataclana que leía mentiras en los noticiarios de los 80, me calienta de sobremanera y le daría toda mi milk hasta desfallecer…

    • Camiloca

      31-Oct-2014 en 12:30 am

      Curiosamente, tu razonamiento abunda entre los “mandamases” del cine chileno, lo cual explica por qué se siguen filmando estos bodrios. Menos cabezas de pico y más contenido, minas/os ricas/os hay en todas partes y puta hueón, una buena historia cuesta encontrarla. Y para qué hablar de buenos directores y guionistas.

  6. Javiera Oyarzun (@pollalina)

    31-Oct-2014 en 12:08 am

    Si hay algo peor que una película penca, es leer un comentario TAN presuntuoso sobre una película penca… para qué usar un lenguaje tan florido/difícil? sobra, no por hablar más bonito se dice más, y si no me equivoco el público objetivo de esta página no es gente ilustrada y que tiene en acceso directo el diccionario de la RAE, entonces, para qué tanto adjetivo graaaande? en buena onda sí.

    • Sebaladilla

      31-Oct-2014 en 12:22 am

      Probablemente lo hacen para subir el nivel y que la gente sepa aplicar palabras en un texto, como por ejemplo Presuntuoso. XD

      • Felipe

        31-Oct-2014 en 2:54 am

        Partir ninguneado una opinión y posterior, al público de todo un portak es tan “mainstream”. Creo que presumir que un público objetivo debe NO leer cierto tipo de vocabulario, es un clasicismo de tomo y lomo, si no pronueves que hasta en una esquina se respete la RAE o se use palabras, no te quejes de una sociedad inculta y sesgada, es como decir “la RAE para unos, el COA para el populasho”

    • Diego González

      31-Oct-2014 en 5:27 pm

      Toda la razón, de hecho escribí exactamente lo mismo que tú un poco más abajo. Llegó a ser ridículo leer la cagá de crítica. Sentía que estaba leyendo un ensayo de Dostoievski sobre la incomensurabilidad anal verborreica.

    • Cesar Onfire Huispe

      11-Nov-2014 en 1:30 am

      Peliculas QLS es un wen programa de criticas de Cine. Badilla QL

      • Samantha Black

        12-Mar-2016 en 10:32 pm

        Eres el Cesar de Criticas QLS? xD

  7. Sebastian Aciares

    31-Oct-2014 en 12:23 am

    Entiendo que la crítica sea tan extensa y tan profunda. Eso me hace pensar en lo mala que puede ser y que de verdad el crítico que escribió esto se esforzó mucho y se dio muchas vueltas para no solo terminar diciendo “Esta wea vale callampa”.
    Bien ahí al crítico, de pasada tocó varios temas importantes.

  8. Alejandro Godoy

    31-Oct-2014 en 10:51 am

    Todo bien con el comentario, pero al final se puso tanto o más presuntuoso que la película… bastaba decir que le pareció fome y punto y que en Chile aún no hay nadie que pueda hacer cine comedia sin caer en cursilerías abc1 como esta o en ordinarieces como abundan en nuestro cine… ese típico comentario anti USA de “basura Hollywodense” esconde que por lo menos las comedias estúpidas de allá cumplen el objetivo de hacer reír y en eso los gringos tienen escuela, pero insisto no hay comedia en Chilito y si creemos que por “cultura” se deben hacer sólo películas de izquierda… entonces estamos fritos…

  9. Diego González

    31-Oct-2014 en 5:24 pm

    Crítica culiá mal hecha. Si la desmenuzai bien sacai como 4 parrafos bien redactados pero el compadre quiso ser intelectual y se fue a la chucha escribiendo con palabras complicadas, innecesarias y que la mitad de los lectores no van a tener pico idea qué significan. Está bien que “maldito amor” sea un bodrio pero no es necesario subir 20 peldaños en la escalera de la intelectualidad para criticarlo; estamos en internet donde hay mucha gente que no tiene el conocimiento “literario” (por decirlo de alguna manera) para entender las hueás que quiso escribir el autor.

  10. Matías De Lefent

    31-Oct-2014 en 5:30 pm

    De una película tan mala se podía sacar una crítica bien buena (y divertida), pero leerla fue una paja que no paraba de subir. Sentí que aquel que escribía es de esos hipster que necesitan que los demás sepan cuantas palabras saben y cuan inteligentes son. En fin, resumiría la crítica como un espacio desaprovechado, igual que las películas de Badilla.

  11. Emilio Bravo (@Bravoasdf)

    03-Nov-2014 en 3:18 pm

    No me gusta menospreciar el cine Chileno pero esta es una excepción. Una película de payasos.

  12. Catalina

    10-Nov-2014 en 3:42 pm

    Debieron spoilearla no más. ¿Quién, con la mano en el cuore, va a gastar plata en ir a ver ESTO al cine?

    • Cesar Onfire Huispe

      11-Nov-2014 en 1:31 am

      YOP LO HICE…. Todo sea por el programa

      • Samantha Black

        12-Mar-2016 en 10:31 pm

        Eres el Cesar de Criticas QLS? xD

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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