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Los Niños

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A la hora de introducir el trabajo de Maite Alberdi, es poco lo que se puede decir sin caer en los lugares comunes en los que se enmarca su cinematografía. Desde sus comienzos con “Los Trapecistas” (2005) ya daba atisbos de una profunda mirada a la hora de retratar la realidad documental a través de acercamientos sensibles a sus personajes, sus vidas y sus problemas. Sin embargo, no sería hasta “La Once” (2014) donde la directora conquista audiencias y corazones de manera indiscutible con su propuesta intimista y profundamente reflexiva. Imposible negar una pulcritud en la mirada siempre atenta a los detalles que lleva al espectador a adentrarse, aunque sea por unos minutos, en el mundo documentado. “Los Niños” viene a ser una puesta en escena de todo aquello que Alberdi ya había demostrado, dejando en claro que el trabajo del pasado ha sido bien aprendido, y que el cine nacional posee exponentes de calidad innegables en el género documental.

Con sus 82 minutos llenos de colores que llenan la sala de cine de una mezcla de ternura y desconcierto, “Los Niños” cuenta la historia de un colegio para adultos con Síndrome de Down. En este centro conoceremos los sueños de Ana, Ricardo, Andrés y Rita, adultos que deben luchar día a día con el prejuicio que produce su condición y con las dificultades de la vida en el centro para poder llegar a concretar sus sueños de independencia.

El género documental no sólo se ha dedicado a mostrar una realidad sin más, sino que también ha marcado las distintas opiniones de sus directores a través de su historia; y esta película no es la excepción. La forma en que la directora ha retratado el mundo de sus personajes no sólo lleva a una tensión con la realidad que vivimos como espectadores, sino que también visibiliza que -a pesar de las diferencias- sus sueños, metas y ambiciones no son muy distintas a las nuestras. Este juego de superponer los planos del mundo adulto y el del mundo mal llamado infantil (puesto que son adultos de más de 40 años) se realiza no solamente a nivel narrativo, sino que involucra toda la propuesta de la película en sus múltiples recursos.

Desde el punto de vista del uso de cámara y planos, el film apuesta por una mirada cercana a sus protagonistas. Abundan los acercamientos y planos detalle; mientras que las panorámicas son más bien escasas y la presencia de los adultos no-Down es completamente borrosa debido al desenfoque. Desde este planteamiento es que el espectador acompaña a los protagonistas como si fuese uno más de ellos, para sentir como ellos, para ver como ellos y finalmente ser rechazado o forzado por un mundo externo al igual que ellos.

En lo narrativo, el tono es más bien natural y relajado. No se logra apreciar un diálogo intervenido, sino que se muestra en toda su maravilla la cotidianidad de sus personajes a través de la historia amorosa de Ana y Andrés, que nos transporta desde la risa a la ternura, desde el rubor a la desazón de la tristeza. El trabajo de enlace y cruce entre las distintas líneas de historia de cada una de las personas filmadas es preciso, y no deja espacio a sentir el aburrimiento de lo sobre explicado ni el hambre de lo poco mostrado.

Sin embargo, si se mira estos dos puntos, pareciese que es una película en exceso cargada de un mensaje moralista e igualador. Dicho pensamiento es rebatido por el uso de la música, en un ejercicio que levanta todo juicio moral y encasilla la película no como un llamado de atención, sino como un lugar de reflexión en el cuál somos participes de la vida de otros seres humanos que no son tan distintos a nosotros mismos, pero que no son tratados como tal.

Como bien se dijo en un comienzo, el trabajo de Maite Alberdi puede que carezca de los grandes efectos del cine extranjero, de la complejidad morbosa de los documentales conspirativos o la mirada técnica del documental histórico o zoológico, pero es un cine que sabe diferenciarse a sí mismo, que sabe cómo mostrarse natural y trabajar desde los pequeños detalles para construir espacios de reflexión en torno a cosas que se han tornado invisibles en el día a día. “Los Niños” es un gran exponente de ese trabajo, de esa forma de entender el cine documental y de cómo mostrar una vida haciendo partícipe al espectador que esté dispuesto a seguir a estos niños-adultos durante un viaje que poca o ninguna falla tiene para su género.

Por Ricardo Tapia

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Soledad Rodríguez

    08-Jun-2017 en 2:21 pm

    Su nombre es Andrés, no Luis

    • Ricardo Tapia

      09-Jun-2017 en 10:22 pm

      Muchas gracias por la corrección. La verdad es que se me pasó totalmente el nombre a la hora de escribir la reseña (de hecho tengo anotado Andrés en mi croquera pero por razones que aún no me explico lo anoté mal en el documento). Se agradece el detalle

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Maléfica: Dueña del Mal

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Maléfica

El estreno de producciones animadas Disney en versiones live action ha traído discusiones frente a la real relevancia que dichas cintas tienen en el panorama actual. Y lo cierto es que la curiosidad de la audiencia asegura el éxito comercial. Sin embargo, el duplicado de estas producciones, dejando a un lado la originalidad de sus primeras versiones, obliga a recurrir a una expansión un poco más libre sobre la interpretación de los cuentos clásicos que inspiraron las obras del estudio. En este caso, el estreno de “Maleficent” en 2014 insinuó ciertos elementos que pretendían otorgar frescura a la reinvención de la malvada antagonista de “Sleeping Beauty” (1959).

Luego de varios años de los hechos ocurridos en la primera cinta, “Maléfica: Dueña del Mal” se centra en la relación que la oscura hada (Angelina Jolie) tiene con Aurora (Elle Fanning), luego de que esta anunciara su matrimonio con el príncipe Phillip (Harris Dickinson). La unión entre el reino y el páramo traerá rencillas entre humanos y hadas, poniendo a Maléfica y Aurora en lados opuestos para, a la vez, enfrentarse a un enemigo en común.

La primera cinta, con énfasis en la oscura hada, centraba su atención en cómo la traición forjaba las motivaciones de Maléfica, llevándola a actuar en venganza, siendo este su principal motor. La villana, que aparecía en la cinta original de 1959, se despojaba de un velo superficial, permitiendo escarbar entre sus profundas heridas y dejando entrever las razones para seguir con un plan trazado desde el momento en que se vio decepcionada con la raza humana.

Esta segunda parte deja a un lado la exploración de Maléfica hacia su pasado, concentrándose principalmente en su relación con Aurora y cómo juntas han mantenido la paz entre las criaturas del páramo y el reino de los humanos. Entre ellas se ha forjado un lazo cercano al de madre e hija, y los momentos retratados a solas dan cuenta de cómo su relación ha evolucionado y, al mismo tiempo, sitúa la urgencia cuando la paz que han construido se ve amenazada por el miedo y el poder de una fuerza externa que aparece temprano en el desarrollo del relato.

Una vez separadas, la cinta se toma el tiempo para explorar un lado más vulnerable de Maléfica, el que tiene relación con el origen de su raza y la forma en que la nueva conexión con los de su especie servirá como llama para encender una lucha interna que se veía apagada. Sin embargo, la exploración de aquel lado es trabajado de tal manera, que sólo la superficie es visible, pero no deja espacio para profundizar en cómo este descubrimiento realmente afecta a la protagonista, otorgando a la audiencia llenar ciertos espacios sólo gracias a las reacciones que el personaje tiene frente a ciertos estímulos.

La construcción visual del mundo ficticio donde habitan los personajes está basada principalmente en CGI, recurso que apoya la exploración de un mundo que sobreexplota colores y el diseño de algunas de las criaturas que habitan el lugar. El uso de imágenes creadas digitalmente está justificado frente al mundo de fantasía que se está presentando, pero, al mismo tiempo, su uso afecta visualmente la interacción entre humanos y criaturas, por lo tanto, es necesario entrar en este universo con ojos crédulos frente a lo que ocurre en pantalla.

Dirigida claramente para un público infantil, “Maléfica: Dueña del Mal” no reúne el mínimo compendio de características para sostenerse como una secuela necesaria, olvidando los elementos que le otorgaron frescura a su antecesora y fallando principalmente en la exploración de su protagonista, quien con sus apariciones no justifica la existencia de esta producción.


Título Original: Maleficent: Mistress of Evil

Director: Joachim Rønning

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Angelina Jolie, Michelle Pfeiffer, Elle Fanning, Ed Skrein, Chiwetel Ejiofor, Juno Temple, Sam Riley, David Gyasi, Lesley Manville, Imelda Staunton, Harris Dickinson, Jenn Murray


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