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Los Ilusionistas: Nada Es Lo Que Parece

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En las grandes producciones de Hollywood, resulta muy difícil para un director dejar su huella en la película tal como lo visionó desde un principio, cuando se está rodeado de personajes de mayor poder en la industria que constantemente le están ordenando qué hacer, cómo hacerlo y por cuánto hacerlo. La carrera de Louis Leterrier ha estado marcada por episodios de este tipo, siendo los más recientes una rumoreada pelea con su estrella principal Edward Norton en “El Increíble Hulk” (2008) por ciertas escenas, y una desacertada post-conversión al 3D de “Furia de Titanes” (2010), y de cuyos resultados ha tendido a desmarcarse producto de esas decisiones que habrían alterado su “visión”. Ahora, con “Los Ilusionistas: Nada Es Lo Que Parece”, Leterrier nos presenta una increíble historia de grandes ilusionistas y atracos llevados a cabo con humo y espejos, en una película en la que el propio director ha declarado haber gozado de mayor libertad.

Un grupo de extraordinarios magos (Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Isla Fisher, Dave Franco), patrocinados por un acaudalado empresario (Michael Caine), montan un espectáculo en Las Vegas, en el que el gran truco final es el robo de un banco en Francia, repartiendo el botín entre los asistentes. Ello conlleva la persecución por parte de un equipo del FBI liderados por Dylan Rhodes (Mark Ruffalo), acompañado de una bella agente de Interpol (Mélanie Laurent) y el interés de Thaddeus Bradley (Morgan Freeman), quien se dedica a revelar los secretos detrás de los trucos de magia y que ahora se ha propuesto desenmascarar a los nuevos magos forajidos.

A diferencia de los últimos blockbusters que abordaron el tema de la magia en el año 2006, como “El Ilusionista” de Neil Burger y protagonizada por Edward Norton,  y “El Gran Truco” de Christopher Nolan, con Christian Bale y Hugh Jackman, las cuales tenían una mirada más oscura y centrada en las desgracias de sus personajes, “Los Ilusionistas: Nada Es Lo Que Parece” busca el camino de las más pura entretención. Inspirada en los grandes shows de magia que se presentan en los casinos de Estados Unidos, que han dado renombre a tipos como Copperfield o Chris Angel, y que han dado lugar a especiales y series con un espacio habitual en la programación del cable, la película busca sorprender al espectador a través de trucos clásicos y otros más modernos y rimbombantes, prácticamente imposibles, de no ser por la valiosa ayuda de la ya omnipresente tecnología digital.

Claro que, en su afán por entretener, el guión comete errores que no se pueden pasar por alto. El personaje de Thaddeus Bradley, interpretado por Morgan Freeman, tiene por objetivo mostrar al mundo la farsa detrás de las nuevas estrellas de la magia, por lo que constantemente está explicando como hicieron cada uno de los trucos. Es una sensación muy similar a mirar por televisión un especial de magia para luego ver uno de “Los Secretos del Mago”. Avanzada la película, a uno ya no le interesa saber el “cómo” tanto como el “por qué” de sus actos.

Y es que ese es quizás el gran error de esta película, que en ese frenético afán por entretener y sorprender, el guión deja de lado a los personajes, con los cuales uno nunca puede llegar a identificarse debida a la nula construcción de los mismos, o incluso su casi imperceptible presencia. Y cuando se tiene a actores de la talla de Freeman o Caine, o una dupla comprobadamente entretenida como Eisenberg y Harrelson, queda la sensación de haber desaprovechado un llamativo y eficiente elenco.

Como siempre ocurre con este tipo de propuestas, el espectador puede llegar con expectativas demasiado altas, alimentadas por los avances y afiches que prometen un espectáculo sin igual. Aunque un tanto predecible, por más que contenga constantes giros y supuestas distracciones, la película resulta ser entretenida, pero también desechable al fallar en transmitir adecuadamente las emociones de los personajes y, por ello, mantener el interés en la historia más allá de las casi dos horas de duración, el efecto propio de aquello que algunos llaman la “magia del cine”.

Por Rodrigo Garcés

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2 Comentarios

2 Comments

  1. MelkorCL

    30-May-2013 en 5:02 pm

    3D o normal?, como hay q verla? xP, aunque casi ningun 3D es bueno.

  2. Beatriz Marcela Peña

    02-Jun-2013 en 10:52 pm

    La pura verdad.
    La película deja tanto tiempo de lado a los personajes (los cuatro magos), que hizo predecible el final.
    Y con respecto a la participación de Freeman, Me impresiona que lo desaprovechen tanto, igual que en Oblivion.

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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